La amante judía de Mussolini

Acaba de aparecer el libro de Daniel Gutman El amor judío de Mussolini, del fascismo al exilio, editado en Buenos Aires por Lumière. Ese “amor judío” fue Margherita Sarfatti, una mujer fascinante que pasó del socialismo al fascismo y se convirtió en principal portavoz internacional del movimiento mussoliniano.
Margueritta Sarfatti, judía socialista primero y fascista después. La Sarfatti (de soltera Grassini), felizmente casada con un rico industrial admirador de Mussolini, se dedicó a la tarea de civilizar a don Benito: le enseñó modales, refinó su lenguaje y su espíritu. Juntos huían a los Alpes y allí Mussolini tocaba el violín para ella. Y ella escribirá un libro sobre él: Dux, que será traducido a dieciocho idiomas. Su relación propiamente sentimental durará hasta 1919, fecha en que Mussolini abandona el Partido Socialista y crea el Partido fascista. Después continuará como amistad, pero ésta, a su vez, se irá enfriando hasta llegar a la más absoluta distancia. La Sarfatti, sin embargo, no desaparece de la escena pública: no sólo escribe el libro sobre Mussolini, sino que se convierte en la voz oficial del Estado en materia de arte.Pero eso ya no tiene nada que ver con el plano afectivo, sentimental o sexual. En 1939 Margarita acude, sin previo aviso, a visitar a Mussolini a la sede presidencial. El dictador no la recibió. Tras dos horas de espera, el ujier de Mussolini hace saber a Margarita que no la recibirá. Así salió Margarita Sarfatti de la vida de Mussolini.

La historia posterior ha interpretado esta “despedida” de la Sarfatti como una consecuencia de las leyes raciales antijudías que Italia introdujo a imitación de la Alemania nazi. Es altamente improbable. De hecho, el distanciamiento entre el dictador y la intelectual fue muy anterior a aquellas leyes. Por otro lado, la crónica sentimental del Duce sostiene que detrás de esta abrupta salida había otra mujer. Y no, por supuesto, la esposa, Raquel, sino otra amante: Claretta Petacci(hija del medico de Pio XI y intermediaria junto a su hermano entre Mussolini y Winston Churchill), que era ya entonces la concubina titular del dictador. Pero la de Claretta fue una victoria a medias. Pocos meses después, en un momento de malhumor, Mussolini le espeta a Clara: “No querrás hacer de presidenta tú también, ¿verdad? Ya ha habido otra mujer que me ha hecho toda clase de cojonadas y no estoy dispuesto a soportar otra.”

El fascismo no fue judeofobo. Mussolini tenía muchas amistades íntimas judías, su manifiesto fascista fue firmado por 5 altos dirigente judíos que se contaban entre los primeros fascistas y ante la aparición de la leyes de Hitler que impedían el acceso a cargos clave del estado a la población judía, Mussolini protestó publica y enérgicamente.

Para fundar Il Fasci Italiani Di Combattimento, que dos años más tarde se convertiría en Il Partito Nazionale Fascista, la sala había sido arrendada por Cesare Goldman, uno de los cinco judíos presentes en esa reunión. Así nacía el fascismo, con apoyo de judíos y libre de antisemitismo.

El fascismo es feminista:

En 1919, el primer manifiesto fascista “Il manifestó de fasci di combatimento” (publicado en Il Popolo Italiano, diario de Mussolini, financiado por el Commendatore Elio Jona, judío) ya promete el voto femenino. Las feministas se sumaron rápidamente a las fuerzas fascistas.

Mussolini cortejó a las feministas italianas entre ellas como no, varias judías como Margherita Sarfatti, (anteriormente el futuro Duce ya había tenido otra amante judía, Angelina Balabanoff) y Silvia Bemporad Servi que seria la directora de la revista femenina mas importante del Periodo Fascista, L’Almanacco della Donna Italiana Más tarde la sustituirá otra judía, Gabriella Aruch.

MAS JUDIADAS MUSSOLINIANAS

Entre los primeros mártires fascistas también hubo judíos: Gino Bolaffi, el legionario Duillo Sinigaglia y Bruno Mondolfo.

En 1922, durante la marcha hacia Roma de las camisas negras, ya
Para entonces 746 judíos eran miembros del Partido. Muchos más lo seguirían. Doscientos recibirán un estatus de honor por haber participado en la Marcha.

“In Italia no se fa assolutamente nessuna differenza fra ebrei e non ebrei. ” Termina con esta frase “La Nueva Sión, los judíos italianos la tienen aquí, en esta nuestra adorable tierra”. Ya nombrado Primer Ministro, en 1923, y tras una entrevista con Angelo Sacerdoti, Gran Rabino de Roma, Il Duce anuncia formalmente que ni su gobierno ni el Partido Fascista han tenido o tendrán a intención de seguir políticas antisemitas.
El 10% de la población judía de italia tenía carnet del partido fascista en 1933.

Antes de Hitler asumir el puesto de Canciller de Alemania, en 1932, Il Duce tiene varias entrevistas con el escritor judío alemán Emil Ludwig, quien las publicará en forma de un libro titulado Coloquios con Mussolini. En esas entrevistas Mussolini hace comentarios despectivos sobre el Nazismo y enfatiza” aquí en Italia no existe ni existirá el antisemitismo. … Nada me hará creer que una raza biológicamente pura exista hoy día… El orgullo patrio no necesita de delirios racistas”.
En 1934, un año después que Freud lo llama “El héroe de la cultura”, El Duce hace este discurso en la Feria Levantina respecto de las políticas racistas instituidas en Alemania: “Treinta siglos de historia nos permiten mirar con supremo desprecio ciertas doctrinas predicadas más allá de los Alpes por los descendentes de quienes eran analfabetos cuando Roma tenía a Virgilio, a Cesar y a Augusto”
El Duce no se queda en palabras y abre las fronteras a los refugiados de la Alemania Nazi. Tantos entran que en un artículo para The New Republic, en 1938, el novelista y antifascista Ignazio Silone dice que con el flujo extranjero la comunidad judía italiana ha alcanzado la cifra de 65,000 individuos.

Para invadir Egipto il Duce apela al Gran Rabino de Alejandría, un livornés llamado Davide Prato, que más tarde será Gran Rabino de Roma. Interesante es esa petición porque demuestra que las comunidades árabes y judías en el Levante estaban bastante unidas en esa época. Esa armonía tenía sus días contados. Ya los países adyacentes la Palestina Británica, y por supuesto, los que viven en ese Mandato, cobraban conciencia del sionismo y el peligro que representa para ellos.

Inicialmente El Duce ve en el sionismo una excelente arma para combatir al colonialismo inglés y su influencia en el mundo islámico. En los años 20’s y 30’s, Mussolini tiene varias entrevistas con importantes figuras del sionismo como el Dr. Chaim Weizmann, y con Nahum Goldman, presidente de la Organización Judía Mundial. En su autobiografía, Goldman cita a Mussolini diciéndole: «Ustedes son mucho más fuertes que Herr Hitler. Cuando no quede rastro de Hitler, los judíos serán todavía un gran pueblo. Ustedes y nosotros. […] Yo soy sionista, tal como le dije al Dr. Weizmann. Ustedes deben tener un país verdadero, no ese ridículo Hogar Nacional que les han ofrecido los británicos. Yo los ayudaré a crear un Estado judío”.
Durante la campaña de Etiopía, el judío y fascista Guido Jung renuncia a su puesto de Ministro de Finanzas para vestir el uniforme militar.

A medida que el conflicto mundial se veía inevitable, Mussolini empezó a percibir que sus enemigos exteriores eran judíos. Acosado por Inglaterra y Francia (sus sueños coloniales les habían puesto en posición de combate) , no le quedó otra solución que aproximarse a Alemania

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