GUERRA IMPERIALISTA CONTRA LA CIENCIA SOVIETICA

Seguimos con la ciencia con este magnífico artículo sobre como el imperialismo judeo-yankie y sus esbirros ridiculizaron a la ciencia sovietica,sobre todo en la época de Stalin. El asunto llego a calificarse de “complot judío” por el periódico Pravda en 1953, orientado a corromper desde dentro la biología soviética.

El linchamiento de Lysenko
Por: Juan Manuel Olarieta Alberdi

Introducción

Hace 60 años, en agosto de 1948, el presidente de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de la URSS, T.D.Lysenko
(1898-1976), leía un informe ante más de 700 científicos soviéticos de todas las especialidades que desencadenó una
de las más formidables campañas de linchamiento propagandístico de la guerra fría, lo cual no dejaba de resultar extraño, tratándose de un acto científico y de que nadie conocía a Lysenko fuera de su país.

Sucedió que Lysenko fue extraído de un contexto científico en el que había surgido de manera polémica para sentarlo
junto al Plan Marshall, Bretton Woods, la OTAN y la bomba atómica. Después de la obra de Frances S.Sauders (1) hoy
tenemos la certeza de lo que siempre habíamos sospechado: hasta qué punto la cultura fue manipulada en la
posguerra por los servicios militares de inteligencia de Estados Unidos. Pero no sólo la cultura. Si se podía reconducir la evolución de un arte milenario, como la pintura, una ciencia reciente como la genética se prestaba más fácilmente para acoger los mensajes subliminales de la Casa Blanca.

Lysenko no era conocido fuera de la URSS hasta que la
guerra sicológica desató una leyenda fantástica que aún no ha terminado y que se alimenta a sí misma, reproduciendo sus mismos términos de un autor a otro, porque no hay nada nuevo que decir: “historia terminada” concluye Althusser (2). Es el ansiado fin de la historia y, por supuesto, es una vía muerta para la ciencia porque la ciencia y Lysenko se dan la espalda. No hay nada más que decir sobre el asunto.

O quizá sí; quizá haya que recordar periódicamente las malas influencias que ejerce “la política” sobre la ciencia, y el
mejor ejemplo de eso es Lysenko. Pero ya estaremos hablando de “política”, que a unos efectos nada tiene que ver
con la ciencia y a otros interesa confundir de plano; depende del asunto y, en consecuencia, la dicotomía se presta a
la manipulación oportunista. Así sigue la cuestión, como si se tratara de un asunto “político”, y sólo puede ser
polémico si es político porque sobre ciencia no se discute.

Un participante en el debate de entonces, el biólogo francés
Jean Rostand, escribió al respecto: “Expresiones apasionadas no se habían dado nunca hasta entonces en las
discusiones intelectuales” (3). Uno no puede dejar de mostrar su estupor ante tamañas afirmaciones, sobre todo en
un científico que ignora los datos más elementales de la historia de la ciencia desde Tales de Mileto hasta el día de
hoy. Ese recorrido en el tiempo mostraría que el pasado -y el presente- de la ciencia está preñado de acerbas polémicas, muchas de las cuales acabaron en sangre. No es ninguna paradoja: los estrategas de guerra sicológica que en 1948 trasladaron el decorado del escenario desde la ciencia a la política fueron los mismos que protestan en contra de la politización de la ciencia, entre los que destaca Rostand.

Tampoco es ninguna paradoja: Lysenko aparece como el linchador cuando es el único linchado. La manipulación del
“asunto Lysenko” se utilizó entonces como un ejemplo del atraso de las ciencias en la URSS, contundentemente
desmentido –por si hacía falta- al año siguiente con el lanzamiento de la primera bomba atómica, lo cual dio una
vuelta de tuerca al significado último de la propaganda: a partir de entonces había que hablar de cómo los comunistas
imponen un modo de pensar incluso a los mismos científicos con teorías supuestamente aberrantes. Como los jueces,
los científicos también aspiran a que nadie se meta en sus asuntos, que son materia reservada contra los intrusos,
máxime si éstos son ajenos a la disciplina de que se trata.

Más de medio siglo después lo que concierne a Lysenko es un paradigma de pensamiento único y unificador. No
admite controversia posible, de modo que sólo cabe reproducir, generación tras generación, las mismas instrucciones de la guerra fría. Así, lo que empezó como polémica ha acabado como consigna monocorde (4). Aún hoy en toda buena campaña anticomunista nunca puede faltar una alusión tópica al agrónomo soviético.

En todo lo que concierne a la URSS hoy se siguen presentando las cosas de una manera uniforme, fruto de un
supuesto “monolitismo” que allá habría imperado. Sin embargo, el informe de Lysenko a la Academia resumía más de
20 años de áspera lucha ideológica acerca de la biología, lucha que no se circunscribía al campo científico sino
también al ideológico, económico y político y que se entabló también en el interior del Partido bolchevique.

El radio de acción de aquella polémica tampoco se limitaba al interior de las fronteras soviéticas. Aunque Rostand –y
otros como él- quisieran olvidarse de ellas, la biología es una especialidad científica que en todo el mundo conoce
posiciones encontradas desde las publicaciones de Darwin a mediados del siglo XIX. Además tiene poderosas
resistencias y enfrentamientos provenientes del cristianismo.

En 1893 la encíclica “Providentissimus Deus” prohibió la
teoría de la evolución a los católicos. Un siglo después, en 2000, Francis Collins y los demás descifradores del genoma
humano se hicieron la foto con Bill Clinton, presidente de Estados Unidos a la sazón, para celebrar el que ha sido
calificado como el mayor descubrimiento científico de toda la historia de la humanidad. Las imágenes recorrieron el
mundo entero en la portada de todos los medios de comunicación. En su libro “El lenguaje de Dios” Collins, confiesa que el genoma humano no es más que eso: el lenguaje de dios que ahora, por fin, somos capaces de comprender por
vez primera. Pero, según parece, todo esto no tiene nada que ver con “la política”, o al menos los genetistas no han
alzado la voz para protestar por tamaña instrumentalización de la ciencia. Tampoco para protestar por la privatización
del genoma (y de la naturaleza viva) por las multinacionales de los genes, lo que les autoriza a patentar la vida y
llevarla a un registro mercantil, es decir, robarla en provecho propio.

En 1948 el enfrentamiento entre diversas posiciones ideológicas soviéticas también tuvo su reflejo en Francia, dentro de la ofensiva del imperialismo propio de la guerra fría y muy poco tiempo después de que los comunistas fueran
expulsados del gobierno de coalición de la posguerra.

El linchamiento desencadenado por el imperialismo contra Lysenko trató de derribar el único baluarte impuesto por la
ciencia y la dialéctica materialista contra el racismo, que había empezado como corriente teórica dentro de la biología
y había acabado en la práctica: en los campos de concentración, la eugenesia, el apartheid, la segregación racial, las esterilizaciones forzosas y la limpieza étnica. Ciertamente no existe relación de causa a efecto sino que esa ciencia y sus aberrantes prácticas fermentan en la ideología burguesa decadente de 1900, muy diferente de que había dado
lugar al surgimiento de la biología cien años antes de la mano de Lamarck.

La entrada del capitalismo en su fase imperialista aceleró el progreso de dos ciencias de manera vertiginosa. Una de
ellas fue la mecánica cuántica por la necesidad de obtener un arma mortífera capaz de imponer en todo el mundo la
hegemonía de su poseedor; la otra fue la genética, que debía justificar esa hegemonía por la superioridad “natural” de
una nación sobre las demás. Ambas están en consonancia mutua y tienen el mismo vínculo íntimo con el imperialismo.

Determinados posicionamientos en el terreno de la biología no son exclusivamente teóricos sino prácticos
(económicos) y políticos; por tanto, no se explican con el cómodo recurso de una ciencia “neutral”, ajena por
completo al “uso” que luego terceras personas hacen de ella. Cuando se ensayó la bomba atómica en Los Álamos,
Enrico Fermi estaba presente en el lugar y en los campos de concentración unos portaban bata blanca y otros
uniforme de campaña. El capitalismo busca fundamentar su sistema de explotación sobre bases “naturales”, es decir,
supuestamente enraizadas en la misma naturaleza y, en consecuencia, inamovibles. Cuando la biología demostró que
no había nada inamovible, que todo evolucionaba, hubo quienes no se resignaron y buscaron en otra parte algo que
no evolucionara nunca para asentar sobre ello las bases de la inmortalidad terrenal.

La maldición lamarckista

Creada en 1800 por el francés J.B.Lamarck, la biología es una ciencia de muy reciente aparición. A diferencia de otras
y por la propia complejidad de los fenómenos que estudia, está lejos de haber consolidado un cuerpo doctrinal bien
fundado. No obstante, la teoría de la evolución, que es eminentemente dialéctica, está en el núcleo de sus
concepciones desde el primer momento de su aparición.

La biología nace como una ciencia descriptiva y comparativa que trataba de clasificar las especies, consideradas como
estables. La teoría de la evolución la transformó en una “historia natural” y, por tanto, obligada a explicar una
contradicción: el origen de la biodiversidad a partir de organismos muy simples. ¿Cómo aparecen nuevas especies,
diferentes de las anteriores y sin embargo procedentes de ellas? Normalmente cuando a partir de mediados del siglo
XIX se empieza a utilizar la expresión “herencia” en su nuevo sentido biológico es para remarcar la continuidad, es
decir, el parecido de una generación a la anterior. Pero además de eso la herencia tiene que explicar su contrario, la
discontinuidad, el surgimiento de nuevas especies.

Finalmente, a partir de la discontinuidad la biología tiene que volver a explicar la continuidad. No basta aludir a la variedad de especies sino que es necesario que esa variedad sea permanente, esto es, heredable, de manera que se transmita de generación en generación.

Por supuesto, la evolución no concierne únicamente a las especies (filogenia) sino a los individuos de cada especie
(ontogenia), que también tienen su propio ciclo vital, es decir, que también tienen su propia historia. El título de la
obra cumbre de Darwin era precisamente “El origen de las especies”, es decir, su comienzo, que debe completarse con
el final de las especies, es decir, los registros fósiles. Finalmente, como tercer concepto básico, la biología tiene que
tener en cuenta la transformación de las especies, la manera en que unos seres vivos desaparecen para dar lugar a
otros diferentes.

Uno de los recursos más corrientes en biología para explicar la diversificación ha sido la hibridación o mezcla entre
especies diferentes o dentro de la misma especie, una práctica tradicional que ha consumido muchas horas de
experimentación. De manera dubitativa, Linneo lo había intentado con la vieja concepción griega de la “metempsicosis
corpurum”, es decir, la transformación, si bien limitada al interior de una misma especie. Por eso, comentando una
obra del biólogo frances Pierre Trémaux, Marx escribió que, contrariamente a una opinión generalizada, los híbridos
no son lo que produce las diferencias, sino al revés, la unidad de tipo de las especies: “Lo que Darwin presenta como
las dificultades de la hibridación son aquí [en Trémaux], al contrario, pilares del sistema, puesto que [Trémaux]
demuestra que una ‘espèce’ solo está constituida cuando el ‘croisement’ con otras deja de ser fecundo o posible” (5).

Lamarck siguió una pista muy diferente de la hibridación, sobre la base de los conceptos de generación y
transformación de manera que en el siglo XIX sus tesis evolucionistas fueron calificadas de “transformismo”. Su obra
dividió radicalmente a los biólogos en dos campos enfrentados. Por un lado, los defensores de las viejas teorías de la estabilidad de las especies, que comenzaron a llamarse “fijistas”, defensores de la creación divina del universo, y por el otro, a los evolucionistas, que entonces se llamaron lamarckistas o transformistas. Estos últimos ponían el acento en la incidencia de los factores ambientales sobre los organismos, una teoría que replicaba la vieja noción aristotélica y empirista de la “tabla rasa”. El medio exterior dejaba su huella en los seres vivos, que la transmitían de generación en generación de una manera acumulativa. Esta teoría fue denominada “herencia de los caracteres adquiridos”.

Aunque erróneamente se asocia al nombre de Lamarck, esa teoría fue un recurso generalizado entre todos los
biólogos desde Buffon en el siglo XVIII hasta finales del siglo XIX. Por el contrario, Lamarck no habló nunca de
“herencia de los caracteres adquiridos”, aunque la noción subyace en sus escritos. La expresión “herencia” utilizada en
el sentido biológico sólo aparece en la segunda mitad del siglo XIX y como muchas otras expresiones (adaptación,
selección, gen, mutación, medio ambiente y otras) sigue estando necesitada de una definición precisa, sin que se
pueda eludir sustituyéndola por neologismos (genotipo, fenotipo) que arrastran la misma imprecisión. Por influencia
de una tradición taxonómica, los biólogos están acostumbrados a poner nombres a las cosas y, en muchas ocasiones,
a hacer pasar como descubrimientos lo que son deslumbrantes vocablos rescatados del latín.

Lo mismo cabe decir de la expresión “carácter”, una especie de saco sin fondo en el que se incluía todo lo que hoy se
califica como “fenotipo”, desde los rasgos morfológicos, hasta los fisiológicos y anatómicos. Pero normalmente por
carácter se entendía todo aquello capaz de diferenciar a un organismo de otro de la misma especie, es decir, aquellos
rasgos aparentes y exteriores que lo individualizaban. Se caracterizaban por su superficialidad: no definían a la
especie como colectivo sio que se añadían a las características propias de ella. No menos confusa era la diferencia entre caracteres adquiridos e innatos (o congénitos). Se llamaban adquiridos aquellos rasgos que los ancestros no poseían aparentemente. Era innato todo aquello que estaba previamente en el gameto (óvulo o espermatozoide). En ocasones esto daba lugar a un círculo vicioso: lo innato es hereditario y lo hereditario es innato. En expresión de
Lysenko, “no existe un carácter que sea únicamente ‘hereditario’ o ‘adquirido’. Todo carácter es resultado del desarrollo individual concreto de un principio hereditario genérico (patrimonio hereditario)” (6).

Sin embargo, a lo largo de todo el siglo XIX la biología planteó que también lo adquirido era heredable, de donde se
dedujo –Darwin entre otros- que cualquier carácter adquirido era automáticamente heredable. Al heredarse los
caracteres adquiridos, con el paso del tiempo se acumulaban o añadían a un fondo común que parecía no agotarse nunca. Se consideraron como caracteres los rasgos sicológicos, los comportamientos y, sobre todo, las enfermedades.

En esa mezcla no sólo se mezclaba lo esencial con lo accesorio sino, además, lo típico con lo monstruoso, poniendo
todo ello en el mismo plano y creando así una enorme confusión que luego favoreció las críticas a esta concepción,
para acabar finalmente a finales del siglo XIX con la concepción opuesta: ningún carácter adquirido era heredable.

Un carácter era cualquier cosa externa del organismo y el medio ambiente también tenía esa connotación superficial.
Como corresponde a una ciencia basada en la observación, la biología comenzó poniendo toda su atención en el
ambiente pero dando por sobreentendido que el ambiente es todo, que está fuera del ser vivo, que es cualquier cosa
exterior a él. La palabra medio fue introducida en la biología a través de la mecánica de Newton, donde formaba parte de la acción a distancia, como éter o fluido intermediario entre dos cuerpos. El medio es el centro de la acción de las fuerzas físicas. Tenía un sentido relativo que luego se convirtió en absoluto, en algo con entidad por sí mismo que, más que unir, separa a los cuerpos.

Luego Lamarck lo traslada a la biología, aunque con notables precisiones de gran importancia que importa mucho
poner de manifiesto porque está bien lejos de la concepción simplista a la que habitualmente se asocia su pensamiento. En el fundador de la biología la especie y el medio forman una unidad contradictoria. Ni era ambientalista ni habló nunca de heredabilidad de los caracteres adquiridos, aunque ambas nociones son compatibles con su pensamiento si se tienen en cuenta, al mismo tiempo, las siguientes precisiones:

a) el medio es algo concreto; habla de él en plural, como “circunstancias infinitamente diversificadas” y “lentamente cambiantes”

b) el pensamiento de Lamarck no es mecanicista: no hay
armonía entre el individuo y el medio; el medio más que
exterior es extraño a la especie por lo que es necesario un esfuerzo repetido y continuo de adaptación materializado
en costumbres, hábitos y modos de vida

c) no hay acción directa del medio sobre el organismo sino a través del organismo. Lamarck es dualista y dialéctico:
hay una acción (del medio) y una reacción (del organismo). En Lamarck la acción del medio requiere un cambio de
hábitos y conductas previos a los cambios orgánicos. Su concepción, por tanto, remitía a dos factores dialécticos
simultáneamente: la práctica y la interacción del individuo con el medio.

Por el contrario, en Darwin el entorno es otro ser vivo, un depredador o una presa, la lucha por la existencia y la
competencia. El centro de la relación se entabla entre unos seres vivos y otros.

En 1838 Comte convierte al medio en una noción abstracta y universal: es el conjunto total de circunstancias que son
necesarias para la existencia de un determinado organismo. Es continuo y homogéneo, un sistema de relaciones sin
soporte, el anonimato donde se disuelven los organismos singulares. Más que a Lamarck, los neolamarckianos
siguieron a Comte.

El ambientalismo fue desarrollado por el biólogo francés Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844) sobre la base de la
concepción de Comte. Geoffroy Saint-Hilaire propuso la acción directa del medio sobre los organismos. La concepción
determinista de los neolamarckianos derivó de la astrología.

Por eso cuando a los botánicos y agrónomos se les
preguntaba por el clima miraban al cielo: el clima de la próxima estación estaba en las estrellas o en los astros.
¿Habrá un buena cosecha? El fatalismo está escrito en el cielo, cuya influencia sobre la tierra es inevitable. En su
convento, Mendel, además de cuidar de la huerta, estudió meteorología.

Según el neolamarckismo el medio incide en los organismos vivos del mismo modo que las balas en una diana: todas
dan en el blanco, de idéntica manera y con los mismos resultados. Si el ambiente es lo externo, el carácter es lo
interno. Pero es lo interno más superficial de un determinado ejemplar perteneciente a una especie: uso y desuso de
órganos, pero singularmente las patologías (mutilaciones, enfermedades).

Había nacido el neolamarckismo como algo diferente de Lamarck. A pesar de ello, el ambientalismo, lo mismo que la
herencia de los caracteres adquiridos, quedó definitivamente asociado a su nombre como una manera de
caricaturizarle y ridiculizarle.

La biología había reunido un enorme cúmulo de observaciones dispersas relativas a especies muy diferentes
(bacterias, vegetales, peces, reptiles, aves) que habitan medios no menos diferentes (tierra, aire, agua, parásitos),
sin que paralelamente se hubieran propuesto teorías, al menos sectoriales, capaces de explicarlas. Sobre esas lagunas y tomando muchas veces en consideración exclusivamente aspectos secundarios o casos particulares, los biólogos han proyectado sus propias convicciones ideológicas y, desde luego, han tomado como tesis lo que no eran más que hipótesis. Pero no siempre es sencillo separar una hipótesis (ideológica, religiosa, política, filosófica) del sorporte científico sobre el que se asienta.

La ideología micromerista

Para un ciencia que estaba en sus inicios era inevitable empezar poniendo el énfasis en el ambiente exterior. Las
referencias a las circunstancias, al medio y al entorno eran tan ambiguas como cualesquiera otras utilizadas en la
biología (y en la sociología), pero no son suficientes para explicar el rechazo que las tesis ambientalistas empezaron a
desencadenar. Nos encontramos ante un caso único en la ciencia cuya explicación merecería reflexiones muchísimo
más profundas del cúmulo de las que se han venido exponiendo durante dos siglos. Resultaría sencillo comprobar
que, además del estado inicial de la biología, concurrían también factores ideológicos, políticos y económicos para un
rechazo tan visceral. Las alusiones ambientalistas tenían un componente corrosivo para una burguesía atemorizada
por la experiencia del siglo XIX. Sobre todo tras la I Internacional y la Comuna de París, hablar del ambiente se hizo especialmente peligroso, signo de obrerismo y de radicalismo, y Lamarck era la referencia ineludible en ese tipo de argumentaciones. Virchow, uno de los impulsores de la teoría celular, además de científico era un militante liberal y advirtió del riesgo que suponía para el capitalismo la difusión del darwinismo, cuyas conclusiones eran favorables al
movimiento obrero. Consecuente con ello, sugirió la posibilidad de limitar la enseñanza de las ciencias.

El lamarckismo rompía la individualidad clasista de la burguesía, la disolvía en una marejada informe. Frente al
ambientalismo socialista, la burguesía comienza a alterar los diccionarios y a dar a la expresión “herencia” un
contenido semántico nuevo: primero tuvo un significado nobiliario (feudal), luego económico (capitalista) y finalmente biológico (imperialista). En cierto modo es otro neologismo cuya utilidad iba a ser la misma que el grupo sanguíneo, la raza, el gen o las huellas dactilares. La herencia es algo esencialmente individual, se ciñe a los individuos de una especie, no a la especie misma y, desde luego, tampoco al propio ambiente. Sin embargo, parece obvio constatar que la introducción de una especie en un habitat que no es el suyo, modifica éste de manera radical y definitiva. Si habitualmente no se considera este supuesto como “herencia de un carácter adquirido” es porque, lo mismo que el carácter, la expresión “herencia” se toma en un sentido individual. ¿No es heredable el medio? Cuando los primates descendieron de los árboles y comenzaron acaminar en bipedestación, no se trató de una modificación del medio, ni
del organismo sino de ambas cosas a la vez y, desde luego, fue algo heredado porque no vuelve a repetirse en cada
generación.

Por ese motivo, lo mismo que Lysenko, Lamarck es otra figura denostada y arrinconada en el baúl polvoriento de la
historia científica. Lamarck y Lysenko son dos personalidades científicas vilipendiadas y ridiculizadas aún hoy en los
medios científicos dominantes por los mismos motivos: porque defienden la misma teoría de la heredabilidad de los
caracteres adquiridos. Pero hay algo más que une a Lysenko con Lamarck: si aquel defendió la revolución rusa, éste
defendió la revolución francesa y la reacción burguesa es rencorosa, no olvida estas cosas fácilmente. Por eso el
fundador de la biología, una verdadera gloria de la ciencia, murió en la miseria, ciego, abandonado por todos y sus
restos han desaparecido porque fueron arrojados a una fosa común.

Había que acabar con la maldición lamarckista y el mal ambiente revolucionario del momento. Con el transcurso del
tiempo los darwinistas prescindirán de la “herencia de los caracteres adquiridos” para acabar prescindiendo del mismo
Lamarck, hábilmente suplantado por Darwin o, mejor dicho, por un remiendo de las tesis de Darwin. Esa persecución
aún no ha terminado. Pero aunque sus herederos reniegan de ello, Darwin incorporó a su teoría científica de la
evolución de las especies la tesis de la “herencia de los caracteres adquiridos”. El problema del origen de las especies
depende de la solución que se le de a esta cuestión. Sin la “herencia de los caracteres adquiridos” la evolución es casi imposible de explicar; todo queda en manos de la selección natural. Con la “herencia de los caracteres adquiridos” la evolución se reduce a un mecanismo bastante lógico.

Desde 1859 la teoría de la evolución, erróneamente personificada en Darwin y sus concepciones, tuvo seguidores
incondicionales, detractores furibundos así como intentos de síntesis con otro tipo de teorías. En esa larga polémica
confluyeron factores de todo tipo, y los argumentos científicos sólo constituyeron una parte de los propuestos.

Como ocurre frecuentemente cuando se oponen posiciones encontradas, los errores de unos alimentan los de los contrarios y por eso la oposición religiosa al darwinismo presentó a éste con un marchamo incondicional de progresismo que no está presente en todos los postulados darwinistas. Como también suele ocurrir cuando se abordan fenómenos
asociados a conceptos tales como “raza”, los factores chovinistas estuvieron entre aquellos que hicieron acto de
presencia y, ciertamente, no faltaron buenos argumentos para plantearlos porque de la misma manera que la historia
del cine es la historia de Hollywood, la historia de la biología es la historia de la biología anglosajona, la bibliografía es anglosajona, las revistas son anglosajonas, los laboratorios son anglosajones… y el dinero que financia todo eso tiene el mismo origen. Incluso el término “genética” no fue un neologismo anglosajón creado a principios del siglo XX por William Bateson, como reza en el canon oficial, sino que nació casi un siglo antes entre los biólogos alemanes.
Se trataba de dar un giro de 180 grados a la biología: empezar de dentro para ir hacia fuera. Es el papel que a finales del siglo XIX desempeñó el micromerismo en biología, una corriente ideológica que trata de explicar la materia viva a partir de sus elementos componentes más simples. La cadena reduccionista se iba imponiendo en biología. Su modelo
estaba tomado del atomismo del mundo físico y de la teoría celular en la forma en que Virchow la había expuesto
(“Omnis cellula ex cellula”). Los organismos vivos se componen de células, concebidas como unidades autosuficientes
que se reproducen a sí mismas. No hay nada en el mundo orgánico más que células y éstas derivan unas de otras.

Las células se conciben como el componente último de la vida, por lo que el aforismo de Virchow acaba significando
que la vida procede de la vida, por lo que se combatía otra de las concepciones más arraigadas de la biología del siglo
XIX, la generación espontánea, también asociada erróneamente a Lamarck de manera exclusiva.

A pesar de que en la ideología burguesa el micromerismo pasa por ser una forma de “materialismo” (mecanicismo
vulgar en realidad), fue combatida en la URSS y, de la misma manera que Lysenko se enfrentó a Weismann, Olga
Lepechinskaia hizo lo propio con Virchow, con idéntico –o aún peor- resultado de linchamiento. En su obra Engels
destacó la teoría celular como uno de los avances científicos más importantes del siglo XIX. Pero, como sucedería
luego con la genética, Virchow asoció dicha teoría a un componente ideológico: al final en Virchow “la impotencia
debe ocultarse por medio de frases generales”, había escrito Engels (7). De nada servirá aducir en contra de Virchow
que en en el organismo humano hay diez veces más bacterias que células, por ejemplo, porque Lepechinskaia es otra
de las figuras malditas de esta pequeña pero vertiginosa historia. Autores como Rostand ridiculizan a Lepechinskaia
como si se tratara de otro caso único de aberración científica soviética; no obstante, Ludwig Büchner (8) e Yves
Delage (9) ya expresaron la misma opinión que la soviética Lepechinskaia muchos años antes.

La biología tenía que recorrer un camino que ya estaba previamente marcado por las proyecciones ideológicas de
determinadas corrientes “científicas”. Como la física, fue encontrando lo que buscaba: partículas cada vez más
pequeñas de la materia viva (célula, núcleo, cromosomas y genes) sobre las que concentrar la explicación de todos
los fenómenos vitales, lo cual es algo más que simplista. La evolución de las especies, las presentes y las pasadas, no
se puede explicar solo con ayuda del microscopio ni se rige por las mismas leyes del mundo físico. Rostand encuentra
aquí una incongruencia entre los marxistas, que defienden el atomismo en física pero se oponen al atomismo en biología (10). Para eso Rostand tendría que demostrar primero que los fenómenos que estudia la física son equiparables a los fenómenos vitales. Sin embargo, el marxismo sostiene que la biología no se puede reducir a la mecánica. Aunque la materia orgánica procede de la inorgánica, se transforma siguiendo leyes diferentes de ella.Entre ambos universos hay un salto cualitativo.

El micromerismo surge como reacción frente a las concepciones holistas y vitalistas que habían caído en la especulación y el misticismo. Pero degeneraron en su contrario, creando una tendecía igualmente mística. Empezaron a concebir al ser humano como una federación de células, al todo como una suma de sus partes. Hegel ya había advertido acerca de la falsedad de esa relación entre el todo y sus partes: el todo deja de ser una totalidad cuando se lo divide en partes. El cuerpo deja de estar vivo cuando se lo divide; se convierte en su contrario: en un cadáver (11).

Una sinfonía no se puede descomponer en los sonidos que emiten cada uno de los instrumentos que componen la
orquesta y para comprender la visión no basta estudiar el ojo sino también es necesario entender el funcionamiento
del cerebro.

En Alemania el micromerismo eliminó las concepciones de la filosofía de la naturaleza; naturalmente eliminó las
referencias ambientalistas y, en general, quebró las líneas de desarrollo de la biología:

a) escindió la generación de la transformación, lo que ha conducido a un absurdo: la genética no estudia los
problemas de la génesis, que quedan disueltos entre los problemas de las mutaciones o transformaciones

b) puso a la herencia en el centro de la evolución o, en palabras de un micromerista actual, “el sustrato de la herencia acaba siendo también el de la evolución” (12)

c) impuso una concepción individualista de la herencia (y por tanto de la evolución): lo que evolucionan son cada uno
de los organismos

El atomismo celular y genético no era más que un trasunto de la ideología individualista que busca la identidad
propia, una diferencia indeleble por encima del aparente parecido morfológico de los seres humanos y de un ambiente
social homogeneizador, hostil y opresivo. El fenotipo podía ser similar, pero el genotipo es único para cada individuo.

Es la naturaleza misma la que marca el lugar de cada célula en los tejidos y de cada persona en la sociedad.

El micromerismo es la microeconomía del mundo vivo, su utilidad marginal y cumple idéntica función mistificadora:
son las decisiones libres de los sujetos (familias y empresas) las que explican los grandes agregados económicos tales como el subdesarrollo, el déficit o la inflación.

El genotipo separa definitivamente el cosmos en dos partes bien delimitadas, lo interior y lo exterior, en donde
prevalece lo primero, que es el ámbito de lo personal y único. Para destacar el carácter inexpugnable de la intimidad,
los anglosajones utilizan el aforismo “Mi casa es mi castillo” y cualquier cosa que llegue de fuera necesita de una
autorización previa.

Sobre la base de ese individualismo, una base natural e inmutable, había que edificar la continuidad del régimen
capitalista de producción. Cabía la posibilidad de hacer cambios, siempre que fueran pequeños y no alteraran los
fundamentos mismos, la constitución genética de la sociedad capitalista. Por supuesto esas pequeñas variaciones no
son permanentes, no son hereditarias, no otorgan derechos como los que derivan de la sangre, del linaje y de la raza.

El carácter fraudulento de esta inversión (de lo natural en lo social) ya fue indicado por Marx y Engels, quienes
subrayaron que provenía de un truco previo de prestidigitación: Darwin había proyectado sobre la naturaleza las leyes competitivas de la sociedad capitalista que luego retornaban a ella como “leyes naturales” (13).

De ahí que las tesis micromeristas prevalecieran entre los genetistas de los países capitalistas más “avanzados”,
especialmente en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y sus áreas de influencia cultural, bajo el título fastuoso de
“dogma central” de la genética.

Cuando la evolución se abrió camino en la biología de manera incontestable, los metafísicos trataron de descubrir algo
que no cambiara nunca, el tarro de las esencias inmutables.

Ya no era posible un enfrentamiento frontal. Era
necesario un subterfugio porque no cabía duda de que la vida había evolucionado y se trataba de separar lo que evidentemente evolucionaba de aquello que –supuestamente- no podía evolucionar en ningún caso. Engels había pronosticado que “si la reacción triunfa en Alemania, los darwinistas serán, después de los socialistas, sus primeras víctimas” (14). La lucha contra Darwin se hizo en nombre del propio Darwin.

La involución frente a la evolución

Esa fue la tarea que emprendió el alemán August Weismann (1834-1914), quien se presenta como darwinista. No
obstante, frente a las tesis evolucionistas Weismann defendía el último reducto de la metafísica biológica, la idea de
que hay algo eterno, que va más allá de la historia porque no tiene principio ni fin. Weismann no es darwinista; más
bien con él empieza el neodarwinismo, que es algo diferente.

Si el lamarckismo poco tiene que ver Lamarck, lo mismo
debe decirse de Darwin y sus seguidores, algo muy frecuente, sobre todo en la historia de la biología. El concepto de
evolución cambia radicalmente. De ahí que, aunque Lecourt considera a Weismann como un autor “olvidado” por la
biología, cualquier historiador de esta ciencia, como Rostand, coincidiendo en esto con Lysenko, destaca la enorme
importancia de sus concepciones (15).

Los presupuestos científicos de Weismann son singulares. Como él mismo reconoce, emplea la palabra “investigación”
en un sentido “un poco diferente” del usual. Para él también son investigaciones las “nuevas observaciones”, aunque
de esa manera sólo cambia el problema de sitio porque no define esa noción, aunque da pistas al afirmar acto seguido
que el progreso de la ciencia no se apoya sólo en “nuevos hechos” sino en la correcta interpretación de los mismos.
Lo que trata de reconocer de una manera ambigua es que el giro que está a punto de dar a la biología no se
fundamenta en el descubrimiento de hechos que antes nadie hubiera apreciado sino en una nueva hipótesis teórica.

Luego, al aludir a la herencia de los caracteres adquiridos afirma algo más: que no está probada. Desde luego la
“demostración” y la propia experimentación en biología se desarrollan mucho más tarde y en condiciones muy
diferentes de la física. ¿Cómo se demuestra una teoría en biología? Hasta el siglo XX no se puede hablar de una
biología experimental. Los experimentos del siglo anterior no se repiten en los mismos organismos ni en los mismos
medios, de manera que cada uno de ellos arroja resultados diversos. Cuando los experimentos de Morgan con las
moscas se hicieron famosos, los genetistas se volcaron en el descubrimiento. Hubo que definir un conjunto de
condiciones canónicas de cultivo de moscas. Mediante una cría selectiva se eliminaron los genes que hacían que la
mosca se comportara de modo distinto al previsto por la genética mendeliana. La mosca típica dejó de ser el objeto
de la investigación para convertirse en el instrumento de la investigación, la personificación misma de la genética.

Que la herencia de los caracteres adquiridos no estaba probada es algo que a lo largo del siglo XIX ningún biólogo
había advertido antes de Weismann. Pero él tampoco define en qué consiste “demostrar” en biología, de manera que
cuando el biólogo alemán Detmer le indicó varios hechos que –según él- sí lo demostraban (16) Weismann rechaza
unos y de los otros ofrece una interpretación alternativa basada en la selección natural. Por tanto, la labor de
Weismann fue de tipo jurídico: trasladar la carga de la prueba sobre los partidarios de la herencia de los caracteres
adquiridos; son ellos quienes deben “probar”. Fue una reflexión de enorme éxito; a partir de sus escritos le dieron la vuelta al problema, repitiendo una y otra vez que la tesis -desde entonces ligada a Lamarck de manera definitiva- no está probada. Pero Weismann fue mucho más allá: la tarea de probarlo le resulta “teóricamente inverosímil”, es decir,
que nunca se ha probado ni se podrá probar jamás.

Si la teoría de Lamarck no está probada sólo queda comprobar si lo está la de Weismann. La leyenda de la genética
afirma que para demostrar la inconsistencia de la heredabilidad de los caracteres adquiridos, Weismann amputaba el mismo miembro de cualquier animal generación tras generación, a pesar de lo cual, dicho miembro reaparecía en
cada recién nacido. Nunca existió tal experimento, pero de esa manera absurda se ha pretendido ridiculizar a Lamarck
con una caricatura de experimento, cuando sería el experimentador el que hubiera quedado ridiculizado. No hacía
falta ningún experimento; los judíos llevan siglos circuncidándose y, a pesar de ello, reaparece en cada nueva
generación y los hijos de los mutilados a quienes se le coloca una prótesis ortopédica no nacen con las piernas de
madera.

Pero el objetivo del ataque de Weismann no es la heredabilidad de los caracteres adquiridos: es Lamarck, es toda su obra la que se propone derribar. Como la heredabilidad de los caracteres adquiridos es el único mecanismo explicativo que Lamarck propone y es errónea, afirma Weismann, todo su sistema biológico se hunde. Todos los demás biólogos quedan a salvo del naufragio, incluso el mismo Weismann, que había defendido esa misma concepción hasta el dia anterior. Había algo en la obra de Lamarck que a finales del siglo parecía necesario erradicar. Sin embargo, convenía salvar a Darwin porque éste redujo al ámbito de acción de la herencia de los caracteres adquiridos con su teoría de la selección natural. Había que preservar ese residuo darwinista, el principio de la evolución exclusivamente por medio de la selección natural. Esa era la línea directriz a seguir por la biología en el futuro.

Pero además de eso es necesaria una teoría de la herencia que sustituya a la de Lamarck. Por eso, aunque él sostiene que ambas son independientes, Weismann contrapone su hipótesis a la neolamarckista.

En este asunto lo verdaderamente sorprendente es la rapidez con que a partir de 1883 se abandona la pauta anterior
y se inicia una nueva sin grandes resistencias. En muy poco tiempo la herencia de los caracteres adquiridos pasó de
ser un principio incontrovertible, incluso para los fijistas, a ser el más controvertido de toda la biología. Fue un giro
fulgurante, aunque lo más sorprende es que no se fundamentara en hechos sino en contraponer una hipótesis a otra.
Si no aportaba evidencias empíricas se trata de comprobar si existían grandes virtudes teóricas en la propuesta de
Weismann, desde luego muy superiores a la predominante hasta entonces.

La conclusión es rotundamente negativa. Según Weismann la dotación genética (“plasma germinal”, la llamó)
determina unilateralmente los rasgos morfológicos de los seres vivos. Las células de éstos aparecen divididas en dos
universos radicalmente contrapuestos: un elemento activo y otro pasivo. Hasta la fecha, la división dominante en los
organismos vivos se establecía entre la especie (o el individuo) y el medio; a partir de entonces esa división separa el plasma de todo lo demás, calificado de “medio exterior”. En consecuencia, Weismann no sólo no precisa el concepto de “medio” sino que pretende darle “una gran amplitud”. Como buen zoólogo, Weismann era un observador perspicaz y había leido a Lamarck mucho mejor que sus contemporáneos.

Sabía que el francés se apoyaba en el “uso y desuso”
y no en el ambiente exterior. Pero el uso y desuso de Lamarck no puede ejercer una influencia “directa” de
transformación de la especie tan grande como los factores ambientales, que Weismann resume en la palabra “clima”.

De esta manera, Weismann se enfrenta directamente a los neolamarckistas de su tiempo sobre dos ejes básicos:

a) los cambios individuales no afectan a la especie; si se toma al individuo aisladamente, todas las influencias
exteriores no pueden transformar la especie

b) en la crítica el factor ambiental queda definido como la “acción directa del medio exterior”, una expresión que
repite varias veces

Eso es exactamente lo que Weismann critica y su conclusión hará fortuna. Todos los caracteres debidos a las acciones
exteriores, afirma Weismann, quedan limitados al individuo afectado y, además, desaparecen muy rápido, mucho
antes de su muerte, concluyendo de una forma rotunda sin intentar siquiera ninguna clase de prueba: “No hay un
solo caso en el cual el carácter en cuestión se haya convertido en hereditario” (17). Parece claro observar que la
afirmación de que los cambios exteriores sólo puedan afectar a un único individuo es absurda.

La de Weismann no es una crítica de los postulados del contrario sino de la interpretación que él mismo ofrece de
esos postulados. Es un aspecto en el que Weismann deja de ser el biológo minucioso y atento para desplegar un
ataque en toda la línea del frente que, en aquel momento, estaba compuesta por todos los demás. Es una crítica
genérica de toda una corriente, el neolamarckismo, presentada de una manera uniforme sobre la base de conceptos
imprecisos, como el “medio exterior”, cuya precisión se difumina aún más.

Sin embargo, Weismann defiende el transformismo, por lo que tiene que recurrir a otros mecanismos teóricos diferentes, es decir, tiene que explicar la transformación sin herencia de los caracteres adquiridos. Éste es uno de los problemas más profundos de la biología, advierte Weismann; su solución es decisiva para comprender la formación de las especies y los cambios en los organismos vivos. Weismann tiene que introducir un cambio previo que los cause: el plasma germinal: no hay cambio en la especie sin previo cambio del plasma: “Nunca he dudado de que modificaciones que dependen de una modificación del plasma germinal, y por tanto de las células reproductoras, sean transmisibles, incluso siempre he insistido en el hecho de que son ellas, y sólo ellas, las que deben ser transmitidas” (18). El problema cambia de sitio: ahora se trata de saber qué es lo que causa esas modificaciones del plasma que a su vez causan modificaciones del cuerpo. Entonces critica a Nägeli, para quien las modificaciones son de tipo “interno” de modo que todo el desarrollo de las especies estaba ya previamente escrito en la estructura del primer organismo simple y todas las demás proceden de él. Según Weisman las causas son “externas”, lo cual parece dar la razón a los neolamarckistas, o al menos permite una síntesis: no habría una acción “directa” del medio exterior sino que ésta sería “indirecta”. Weismann no lo dice pero sólo cabría esa reflexión.

A partir de ahí las explicaciones son ambiguas y quedan en
una nebulosa. Nos dice que la selección opera sobre
“variaciones germinales” pero no explica por qué se producen esas variciones, salvo que son de naturaleza distinta de
las variaciones del cuerpo. También alude a las “tendencias de desarrollo” del germen, lo que parece una vuelta a
Nägeli. En cualquier caso, la biología posterior se olvidó de esta parte de la concepción de Weismann, de modo que el
plasma no podía resultar influenciado por nada ajeno a él mismo. El motivo es bastante claro: la acción indirecta del
medio exterior sobre el plasma no era más que un retorno apenas disimulado de la heredabilidad de los caracteres
adquiridos con la que se pretendía acabar. Una mala teoría siempre se puede empeorar y a los continuadores de
Wiesmann les pareció preferible acabar con las medias tintas.

También es nebulosa la misma concepción del plasma germinal, que no es un organismo “en el sentido de un
prototipo microscópico que engordaría para transformarse en un organismo completo” (19). Sabemos lo que no es
pero Weismann no dice lo que sí es y todo vuelve a la nebulosa. Habla de que el plasma dispone de una “estructura
molecular específica” y determinadas “propiedades químicas” que no concreta, y posiblemente no podía concretar en
aquel momento. No obstante, esas alusiones son suficientes para concluir que Weismann parece conceder al plasma
una estructura material.

A la teoría de Weismann se le da el nombre de “teoría de la continuidad”, si bien sería mejor llamarle teoría de la
inmortalidad y es interesante entender los motivos. De la teoría celular se extrajo la idea peregrina de que los
organismos unicelulares no mueren nunca, ya que carecen de órganos reproductores y se multiplican con la totalidad
de su cuerpo mediante divisiones sucesivas e idénticas que mantienen su vida indefinidamente, al menos en teoría.
Parece que, por el contrario, los organismos más complejos, que tienen órganos reproductores diferenciados del resto
del cuerpo, fallecen. Weismann opina lo contrario y afirma que precisamente el plasma germinal no muere nunca; lo
único que muere es el cuerpo, mientras que el plasma continúa en los descendientes. La escisión que establecía entre
parte reproductora y parte reproducida, también separaba la parte mortal de la inmortal. Es el componente místico de
la teoría. Aunque parece concederle una composición material, el plasma germinal de Weismann es el viejo alma
(“pneuma”) de la vieja filosofía idealista. El plasma es inmortal, lo mismo que el alma. El alma mueve al mundo, pero
¿qué mueve al alma? ¿Acaso el alma no se mueve?
Otra consecuencia mística de la teoría: si el plasma germinal no cambia, no existen padres e hijos y todos somos
hermanos. Además, si la herencia se distribuye de esa manera horizontal, si no hay sucesión generacional, tampoco
hay manera de concebir siquiera ninguna clase de evolución; ni tampoco el tiempo. En castellano la palabra
“generación” traiciona a Weismann en sus dos acepciones: en cuanto que expresa el surgimiento de algo nuevo y en
cuanto que expresa el relevo y la sucesión de ascendientes a descendientes.

Weismann apenas podía disimular de dónde había extraído sus concepciones. De manera inmediata de la formulación
que Virchow hace de la teoría celular: la vida es eterna porque la vida sólo procede de la vida. La tesis de la
generación espontánea de Lamarck también es falsa.

El primero de los artículos teóricos de Weismann se titula “La duración de la vida”, donde la apariencia científica apenas puede encubrir el viejo misticismo: los organismos inferiores no mueren nunca, los individuos mueren pero la especie es eterna, el cuerpo se descompone pero el plasma perdura, etc. Respecto a esta parte de la teoría de
Weismann cabe apuntar varias observaciones, aunque sea de manera muy resumida:

a) cuando se dice que algo no tiene fin es porque tampoco tiene principio y por eso, aunque Weismann critica a
Nägeli, no acaba de romper con él; Darwin tituló su libro “el origen de las especies” y los fósiles demuestran el final
de las mismas

b) a pesar de lo que diga Weismann, las células sí mueren, pero es aún más necesario recordar en qué condiciones se
puede prolongar su existencia: cambiando el medio externo

c) en los embriones, las células germinales se forman después de las demás y, por tanto, a partir de ellas, justo todo
lo contrario de lo que cabría esperar de la tesis de Weismann

A partir de las tesis de Weismann sólo quedaba explicar lo inexplicable: cómo era posible que algo que no cambiaba
nunca pudiera determinar algo que es cambiante, es decir, que un mismo factor (gen) produjera efectos diferentes a
lo largo del tiempo. Jan Sapp ha llamado “paradoja del desarrollo” a una constatación parecida: cómo es posible que
células que poseen los mismos componentes genéticos se desarrollen de manera divergente creando órganos
distintos. Si cada célula se replica a sí misma en otra célula idéntica, no aparecerían órganos diferenciados como el
riñón o la oreja (20).

Sobre la generación, esto es, sobre el origen de los genes ni siquiera cabe preguntar. Empezaba la gran paradoja de la
genética: no podía explicar la génesis.

La teoría de las mutaciones

En 1900 a las tesis de Weismann se le suman las del monje checo Mendel, que también escribía en alemán. Es lo que
habitualmente se califica como el “redescubrimiento” de las “leyes” que Mendel había formulado ya en 1865. Décadas
después esas leyes se pretendieron utilizar como punta de lanza contra Darwin, en Inglaterra por razones clericales y
en Alemania por esas mismas razones y por otras más de tipo patriotero. Tampoco esto tiene nada que ver con los
hechos porque las referidas “leyes” eran conocidas ya antes que Mendel y los escritos de éste también fueron
conocidos… y descartados por los botánicos en su momento.

Mendel está considerado como el padre fundador de la genética y todos los pioneros tienen que estar envueltos en la
leyenda y el misterio, personajes adelantados a su tiempo, precursores que nadie fue capaz de entender en su
momento.

Su lanzamiento e instrumentalización tuvo una estrecha relación con las querellas que se entablaron entre los tres
“redescubridores” por la prelación de sus descubrimientos.

Hugo de Vries se había adelantado publicando un artículo
en francés en el que resumía sus ensayos de hibridación, coincidentes con los de Mendel, pero en los que no le
mencionaba para atribuirse el descubrimiento. Entonces, Correns en Alemania se aprestaba a publicar los suyos sobre
el mismo asunto, en los que sí mencionaba a Mendel como precedente para dejar en evidencia a De Vries. Entonces
éste reaccionó publicando una segunda versión en alemán de su artículo en el que ya mencionaba al monje checo
como auténtico descubridor.

El mito de Mendel comienza afirmando que su obra fue ignorada por sus contemporáneos. Esto es tan falso que, no
por casualidad, su “redescubrimiento” sucedió en tres lugares distintos (Holanda, Austria y Alemania) por tres
biólogos también distintos (De Vries, Tschermak y Correns). Los experimentos de Mendel no pasaron, en absoluto,
desapercibidos en el ámbito científico. Simplemente fueron rechazados porque no eran reproducibles en su totalidad y
porque no explicaban procesos más complejos que ya eran conocidos. En 1881 Wilhelm Olbers Focke le mencionó 15
veces en su obra “Die Pflanzen-Mischlinge: Ein Beitrag zur Biologie der Gewächse” publicada en 1881. Lo que sucede
es que, como muchos otros que ni siquiera le mencionan, Focke considera que los estudios de Mendel sobre los
guisantes son irrelevantes en comparación con los de otros investigadores de la misma época como Koelreuter,
Gaertner o Wichura. Mendel no fue el primero en usar guisantes para experimentar pero sí fue el único que limitó sus experimentos a los guisantes. Por el contrario, Focke experimentó con al menos 98 tipos diferentes de plantas. Si sus contemporáneos no apreciaron las conclusiones de Mendel no fue por su originalidad sino precisamente por su falta
de originalidad.

Mendel no era mendelista. Lo mismo que Lamarck y Darwin, él tampoco es responsable de lo que 35 años después
sus “redescubridores” quisieran leer en sus escritos. La propia leyenda fabricada en torno a los guisantes poco tiene
que ver con el original. Los experimentos de Mendel, como él mismo dijo en el título de su conferencia, se referían a
la hibridación de una planta concreta. No habló nunca de la existencia de unas supuestas “leyes” de la herencia de
validez universal (21). Lo que Mendel dijo exactamente de su concepción fue lo siguiente: “Todavía no se ha podido
llegar a deducir, por la formación y el desarrollo de los híbridos, una ley extensible a todos los casos sin excepción;
eso no podría dejar de extrañar a cualquiera que conozca la extensión del problema y sepa apreciar las dificultades
que uno tiene que superar en ensayos de esta naturaleza. Una solución definitiva sólo podrá intervenir como
consecuencia de experiencias detalladas hechas en las más variadas familias vegetales. Si se echa un vistazo de
conjunto a los trabajos acometidos en este terreno, se llegará a la conclusión de que, entre numerosos intentos, no
hay ninguno que se haya ejecutado con suficiente amplitud y método para permitir fijar el número de las diferentes
formas en las cuales aparecen los descendientes de los híbridos, clasificar esas formas con seguridad en cada
generación y establecer las relaciones numéricas que hay entre esas formas. En efecto, es necesario tener un cierto
coraje para emprender un trabajo tan considerable. Sin embargo, sólo él parece poder conducir finalmente a resolver
una cuestión cuya importancia no hay que ignorar para la historia de la evolución de los seres organizados”.

El mendelismo ha convertido en ley general unos ensayos restringidos con guisantes sobre los que Mendel nunca
pretendió establecer leyes generales que comprendan a todas las especies vivas. No todos los vegetales reunen las
características del guisante, cuya planta es autógama, es decir, que se autofecunda. Además, también hay muchas
variedades distintas de guisantes. Por eso, las excepciones a sus leyes superan, con mucho, los casos que las
confirman y, para evitar su derrumbe, los mendelistas han ido colocando un remiendo detrás de otro. El propio Mendel pudo comprobarlo. Nägeli le sugirió que estudiara otras plantas para ver si confirmaban los resultados obtenidos con los guisantes. Mendel empleó cinco frustrantes años pero los ensayos con “orejas de ratón” no coincidieron con los de los guisantes. Mendel comprobó sus resultados eran de aplicación muy limitada.

Por otro lado, Mendel sólo tomó en consideración unos pocos y secundarios rasgos morfológicos de la planta, ignorando otras diferencias porque no eran suficientemente contrastables. Sus ensayos eran impracticables con tipos intermedios que, como el tamaño de las hojas y de las flores, presentan un amplio rango de variaciones.

Para prestar atención a Mendel en 1900 tuvieron que desencadenarse otra serie de circunstancias en paralelo. En la
biología las cosas habían cambiado totalmente desde 1865. Los biólogos leen a Mendel en 1900 con unas gafas que
no tenían antes. Son las gafas de Weismann. Los “factores constantes” (genes) de los que hablaba Mendel eran
elementos formales e independientes de los caracteres concretos que determinaban y en aquella época era
impensable que los biólogos pudieran admitir que elementos puramente formales pudieran influir sobre un cuerpo
material. Lo mismo que Mendel, Weismann también dijo que los “factores” eran diferentes de los caracteres que
determinaban, pero sobre todo introdujo la noción de su soporte material, el plasma germinal, de aquellos “factores”
de los que hablaba Mendel. Los factores de Mendel son el plasma de Weismann.

Pero las amalgamas apenas podían ocultar las incongruencias. Weismann ignoraba que los genes se presentan por pares homólogos. Según Weismann cada uno de los cromosomas portaba todo lo necesario para construir un ejemplar completo. En consecuencia, las leyes de Mendel eran incompatibles con la concepción de Weismann.

Como cualquier otro experimento sobre hibridación de la época, las conclusiones de Mendel tienen poco que ver con
la evolución. Más bien responden a un tipo de prácticas botánicas tradicionales. En el siglo XVIII y primera mitad del
XIX tanto en Europa central como en Inglaterra existían numerosos párrocos de provincias que eran botánicos
aficionados. La “teología natural” de aquellos naturalistas era una forma de honrar al creador estudiando las
maravillas de había sembrado en la tierra. Como sus predecesores Mendel era creacionista y defensor de la
estabilidad de las especies. Conoció los escritos de Darwin y sus “caracteres constantes” eran opuestos a la teoría de
la evolución (22).

Mendel fue utilizado en 1900 contra Darwin. No fueron sus “redescubridores” quienes le lanzaron a la fama, sino
William Bateson, que le tradujo al inglés, el idioma de la genética naciente. Bateson, al que Lysenko califica de
“oscurantista” necesitaba utilizar a Mendel en contra de los darwinistas, con los que estaba enfrentado. Frente a
Darwin, un naturalista, Bateson considera a Mendel como un verdadero experimentador.

La oposición entre Mendel y Darwin es clara en la continuidad o discontinuidad de los caracteres. Mientras Darwin
desarrolla un modelo basado en la continuidad, descartando los saltos y la discontinuidad, las “leyes” de Mendel eran
discretas, requieren rasgos morfológicos contrastables o “puros”: los guisantes debían ser amarillos o verdes y no
valían las tonalidades intermedias. Para obtener lo “impuro” primero hay que disponer de lo “puro”, de manera que la
reproducción asexual preserva el patrimonio hereditario (permite la continuidad de la “pureza”) en tanto la sexual
propicia la hibridación (permite la “impureza”).

El éxito de las “leyes” de Mendel en 1900 también hay que ponerlo en relación con las “leyes” que con anterioridad
Galton había establecido sobre el mismo asunto, porque éstas no sólo no explicaban la biodiversidad sino que
pronosticaban la mediocridad, es decir, la tendencia de las especies a la uniformidad y, en el hombre, la tendencia
sociológica hacia la denominada “clase media”. Para impedir la regresión a la mediocridad, la burguesía implementó
toda esa batería de políticas aberrantes de tipo aristocrático en los países capitalistas más “avanzados”. Como los miserables se reproducen más que los burgueses, no solamente había que impedir la hibridación interclasista sino que había que esterilizarlos.

Con Mendel el asunto se podía presentar de otra forma. Sus “leyes” demostraban que la hibridación no sepultaba los
caracteres “puros” más que aparentemente porque en la segunda generación reaparecían.

El reduccionismo progresivo condujo en 1900 a la teoría de las mutaciones que, habitualmente, se presenta con la
muletilla de “mutaciones al azar”. La teoría de las mutaciones fue una de las razones que impulsaron el
“redescubrimiento” de Mendel contra Darwin. Las mutaciones que explicaban la evolución eran saltos cualitativos que
hacían aparecer nuevas especies diferentes de las anteriores.

La argumentación es de tipo genético: lo que mutaban
eran los genes y, a su vez, estas mutaciones provocaban especies diversas. No existía la selección natural, ni tampoco
cambios graduales y, desde luego, ningún papel desempeñaba el entorno. Sorprendentemente la genética había descubierto algo que cambiaba a pesar de no interactuar con nada ajeno a él mismo. Las mutaciones eran automutaciones de naturaleza genética y, por supuesto, no explicaban nada, como tampoco nada había explicado la teoría de los cataclismos de Couvier cien años antes. La biodiversidad se explicaba por las mutaciones pero las mutaciones carecían de explicación porque aquí hablar del azar es hablar de la nada. No hay causalidad y, por tanto, no hay ciencia. Como ha escrito Israel, “no existen fenómenos aleatorios por naturaleza porque los fenómenos físicos se rigen por el principio de razón suficiente” (23).

Este recurso oportunista al azar contrasta poderosamente con el determinismo estricto que se ha otorgado a los
factores genéticos en la configuración del fenotipo y es buena prueba de la inconsistencia interna de la teoría de las
mutaciones.

Con la teoría de las mutaciones la genética adopta un ademán matemático abstracto o, como diría Lysenko, formal. Ya
los trabajos de Mendel presentaban un sesgo probabilístico y estadístico pero fue la propia utilización de Mendel
contra Darwin la que impulsó el tratamiento abstracto de la genética. Frente a los mendelistas como Bateson, los
biometristas siguieron defendiendo a Darwin. Los primeros empezaron a ganar la partida, pero hacia los años veinte
los biometristas lograron imponer su concepción estadística y se produjo la primera síntesis: ambas concepciones no
eran incompatible; Darwin y Mendel podían convivir. Los modelos estadísticos de Fisher, Haldane y Wright abrieron la
vía a la “genética de poblaciones” y el tratamiento estadístico de la herencia que facilitó la amalgama entre Mendel y Darwin. Engels ya había puesto de manifiesto que “también los organismos de la naturaleza tienen sus leyes de población prácticamente sin estudiar en absoluto, pero cuyo descubrimiento será de importancia decisiva para la
teoría de la evolución de las especies”. Ahora bien, los modelos estadísticos poblacionales se fundamentaban en el
malthusianismo biológico: la “lucha por la existencia” y la competencia entre los seres vivos. La lucha por la
existencia es otra de esas expresiones que, según Engels, puede abandonarse. Según Engels la lucha por la existencia
no tiene el carácter de mecanismo único de la evolución: “puede tener lugar” en la naturaleza pero “sin necesidad de interpretación malthusiana”. La sociedad capitalista se basa en la sobreproducción y el exceso; crea mucho más de lo que puede consumir por lo que se ve obligada a destruir en masa lo producido: “¿Qué sentido puede tener seguir hablando de la ‘lucha por la vida’?”, concluye Engels (24).

A partir de la teoría de las mutaciones, se impone abiertamente la idea de “código” genético. El gen aparece entonces como una abstracción matemática o, mejor dicho, se encubre bajo ella, deja de ser una partícula material y, por
supuesto, resulta inalcanzable por cualquier fenómeno físico exterior. No se concibe como algo encerrado dentro de
una caja fuerte sino como la combinación de esa caja fuerte, su secreto.

Excusamos argumentar con detalle que, a su vez, la matemática se había desarrollado a lomos de la física, o mejor
dicho, de la mecánica y también que no faltaron intentos de suplantar a la biología con la matemática (y con la
estadística). No había analogía entre los modelos físico-matemáticos sino identidad. Así, uno de los introductores de
la matemática en la genética, R.A.Fisher, explicaba la selección natural como si se tratara de un caso de teoría
cinética de los gases. Cabe indicar también que esta infiltración matemática reforzaba la teoría mutacionista de las variaciones al azar.

Esta teoría catapultó a Mendel a un olimpo del que aún no le han bajado. Mendel es un mito al que los mendelianos le
rinden el culto debido, sin escatimar adjetivos que harían sonrojar al propio monje agustino. Por ejemplo, Rostand se
atreve a decir que toda la genética está contenida en las 40 páginas en las que Mendel resumió sus experimentos sobre hibridación: “Leyendo hoy esas cuarenta páginas, a uno le sorprende a la vez la novedad de los resultados obtenidos y la circunspección del autor, que no adelanta nada más que lo perfectamente probado, y se contenta con encadenar los hechos con hipótesis estrictamente necesarias. Más de un siglo después [aún no había pasado un siglo cuando Rostand escribe] de la publicación de la memoria de Mendel, no se encuentra, por así decirlo, nada que rectificar, ni un error de hecho ni de interpretación. De un golpe Mendel vio todo lo que se podía ver y todo comprendido: es es casi único en la historia de la ciencia” (25). Lleno de entusiasmo por su maestro, el biólogo soviético Medvedev le pone a la altura de Copérnico, Leonardo da Vinci, Newton, Galileo y Darwin: “El descubrimiento de Mendel es tan importante como el de Darwin” porque sólo después de haber descubierto las leyes de la herencia se pudo hacer de la teoría de la evolución la base de la biología moderna (26). ¿Cómo pudieron Lamarck y Darwin escribir sus obras sin conocer las leyes de Mendel? La historia parece vuelta del revés.

El monje ha sido tratado por la ideología dominante con una benevolencia que pocos han disfrutado. Respecto a sus
leyes, Bateson ya lanzó dos advertencias:

a) los escritos de Mendel no son una descripción literal de sus investigaciones sino una “reconstrucción” de las
mismas

b) en sus experimentos Mendel no utilizó líneas puras para los siete rasgos estudiados, de manera que coexistían
rasgos múltiples en la misma planta

Las concepciones genetistas conducen a desarrollos circulares. En el caso de Mendel porque, como decía Bateson, eranecesario empezar por obtener ejemplares genéticamente puros, lo cual no es fácil. Al mismo tiempo, a fin de que la
experimentación se pueda repetir, es necesario definir un tipo igual de cobaya, como propuso Morgan con sus moscas,lo cual tampoco es fácil porque los organismos nunca coinciden genéticamente de manera exacta. Para lograrlo se crían artificialmente en invernaderos o laboratorios, en condiciones muy diferentes de las que existen en la
naturaleza. No obstante, se pretende que esas condiciones de laboratorio reproducen con cierta fidelidad los fenómenos de la naturaleza. Así, en ocasiones se pretende extrapolar el cultivo de enfermedades en un ratón de laboratorio con las que se observan espontáneamente en el hombre. Ni los guisantes, ni las moscas, ni los ratones,silvestres o de diseño, sirven para establecer leyes generales sobre la evolución de todos los seres vivos.

Una severa crítica contra Mendel la lanzó en 1936 el matemático y genetista Ronald Fisher, argumentando que había
“maquillado” sus resultados que eran “demasiado bonitos para ser ciertos” desde el punto de vista estadístico (27).

Mendel concentró su atención en siete caracteres dominantes de los guisantes que, además, presentó como mutuamente independientes. Pero hoy sabemos que eso sólo es posible si cada factor que lo produce (gen) se encuentra en un cromosoma diferente. Por casualidad, Mendel se fijó en dos caracteres situados en cromosomas distintos, por lo que sus leyes pronosticaban que en la segunda generación se deberían obtener guisantes en la proporción 9:3:3:1. Sin embargo, el guisante tiene un total de siete cromosomas y la probabilidad de que siete caracteres tomados al azar pertenezcan cada uno de ellos a un cromosoma distinto es de 1 entre 163. Lo más normal es que uno o varios formen parte del mismo cromosoma, por lo que se heredan de forma conjunta y, por tanto, la proporción prevista por Mendel no podía funcionar en la mayor parte de las ocasiones.

De hecho, los genetistas usan la proporción en que dos caracteres distintos se heredan de forma conjunta para calcular la distancia a la que se localizan estos dos genes en un mismo cromosoma. De los siete caracteres que Mendel estudió, y que presentó como independientes, sólo dos eran realmente independientes. El resto no podía cumplir sus leyes. La conclusión fue que las había elaborado no como conclusión de sus experimentos, sino calculando numéricamente cuál sería el resultado si todos los caracteres se transmitieran de manera independiente. Sus leyes eran un fraude.

La diosificación de Mendel ha convertido a todos los demás en herejes. A pesar de las evidencias, la crítica del
mendelismo se presenta en sociedad como una crítica a la genética, como una crítica a la totalidad de la ciencias,
como si genética fuera sinónimo de mendelismo. De esa manera desde el comienzo se va forjando la genética con continuas amalgamas entre concepciones dispares, con un remiendo detrás de otro para no dejar caer a los mitos sobre los que se ha construido. Con la teoría de las mutaciones los factores-genes siguieron su andadura. Lo crean todo y no son afectados por nada. La evolución se detiene a sus puertas. Como escribió Bertalanffy, la biología podía ser evolucionista pero la genética quedaba como el reducto de la estabilidad. A partir de entonces y sobre fundamentos tan poco claros, la genética se convierte en el centro de las ciencias biológicas. A ella se subordinan la citología, la embriología, la paleontología, la antropología, la medicina y otras disciplinas.

No es un fenómeno exclusivamente científico, sino también mediático, es decir, ideológico, político y económico. Los
genetistas acaparan los premios Nóbel, aparecen en primera plana en los medios de comunicación y conceden ruidosas conferencias de prensa. Una interesante investigación de Matiana González Silva ha sido sugestivamente titulada de la forma siguiente: “Del factor sociológico al factor genético. Genes y enfermedad en la páginas de ‘El País’ (1996-2002)”, donde analiza cómo ha cambiado la divulgación periodística acerca de las causas de las enfermedades, a favor de una explicación genética y, lógicamente, en detrimento de otra clase de explicaciones (28). La genética lo invade todo porque hay poderosos intereses económicos y políticos que así lo determinan. Los intereses estrictamente científicos no coinciden necesariamente con ellos. Pero donde estaba ocurriendo eso era en los países capitalistas precisamente, por más que la burguesía intente proyectar sus quimeras contra la URSS.

En definitiva, lo que se observa con el cambio de siglo es la emergencia de dos teorías de marcado sesgo antievolucionista, la de Weismann y la de Mendel, que se ensamblan y, paradógicamente, se incorporan al evolucionismo distorsionándolo. No era la primera síntesis ni será la última. Cada una de esas confusas amalgamas no hace más que poner de manifiesto los endebles fundamentos sobre los que ha pretendido construirse el edificio, la insuficiencia conceptual y la precariedad de hipótesis que son clave para futuros desarrollos.

La teoría sintética de Rockefeller

Desde mediados del siglo XIX el positivismo creyó en la posibilidad de extraer la ideología (y la filosofía) de la ciencia, que podría seguir su marcha sin adherencias extrañas.

Influidas por él, algunas corrientes marxistas, como el
estructuralismo de Althusser, han sostenido el mismo criterio. Incluso han llegado a convencerse de que eso se ha
podido lograr con el propio desarrollo científico, de modo que les repugna que una ideología aparezca explícitamente
“mezclada” en las investigaciones científicas. Sin embargo, esa repugnancia sólo sucede cuando esa ideología no es la
suya propia. En ocasiones algún científico manifiesta carecer de ideología alguna, o ser neutral ante todas ellas, o ser
capaz de dejarlas al margen. Lo que sucede en esos casos es que se deja arrastrar por la ideología dominante, que queda como un sustrato sobreentendido de sus concepciones científicas y, en consecuencia, no se manifiesta conscientemente como tal ideología.

Esa actitud positivista, que es ideológica en sí misma, es lo que hace que el linchamiento de Lysenko reincida en dos
puntos que, al parecer, resultan impensables fuera de un país como la URSS. Uno de ellos es la injerencia coactiva y
omnipresente del Estado en la investigación científica, y el otro, la no menos asfixiante injerencia de una ideología, la
dialéctica materialista, en detrimento de otras ideologías y, por supuesto, de la ciencia, que debe permanecer tan
pura como la misma raza.

Sin embargo, en los países capitalistas, que habían entrado ya en su fase imperialista, las ciencias padecían esas y
otras influencias, de manera que los científicos estuvieron directa e inmediatamente involucrados en los peores desastres padecidos por millones de seres humanos en la primera mitad del siglo pasado (29). Ahora bien, subjetivamente los científicos no perciben como influencia extraña aquella que se acopla a su manera previa de pensar, sobre todo si dicha influencia está generosamente recompensada con suculentas subvenciones. Por eso prefieren ponerse al servicio de las grandes multinaciones que al de un Estado socialista, que les resulta extraño.

En particular, la genética fue seriamente sacudida por la crisis capitalista de 1929. A partir de aquel momento, la
Fundación Rockefeller inicia un giro en su política de subvenciones favorable a la nueva ciencia y en detrimento de
otras, como la matemática o la física. Entre 1932 y 1945 dicha Fundación contribuyó con aproximadamente 25
millones de dólares de la época para financiar la nueva genética sintética o “formalista”.

En la Fundación Rockefeller no había ningún interés de carácter estrictamente científico; se trataba de un proyecto
hegemónico imperialista cuya clave está en la guerra bacteriológica, que inició su andadura con el lanzamiento masivo de gases letales durante la I Guerra Mundial. En 1931 Cornelius Rhoads, del Instituto Rockefeller de Investigaciones
Médicas, infectó a seres humanos con células cancerígenas, luego inauguró las instalaciones de guerra biológica del
ejército en Maryland y en Panamá y, finalmente, formó parte de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos donde expuso a radiaciones tanto a los soldados como a pacientes de hospitales civiles.

El proyecto de Rockefeller se articuló en cuatro fases sucesivas: la primera es el malthusianismo, control demográfico y planes antinatalistas; el segundo es la eugenesia, la nueva genética, la esterilización y el apartheid; el tercero es la “revolución verde”, los fertilizantes, abonos y pesticidas usados masivamente en la agricultura a partir de 1945; el cuarto son los transgénicos, el control de las semillas y de la agricultura mundial. La Fundación Rockefeller colaboró con el Instituto Káiser Guillermo III y con Ernst Rüdin, el arquitecto de la política eugenista del III Reich. A pesar de los asesinatos de presos antifascistas en los internados y campos de concentración, continuó subvencionando en secreto las “investigaciones” nazis al más alto nivel al menos hasta 1939, sólo unos meses antes de desatarse la II Guerra Mundial. Los gases sarín, tabún y VX, fueron descubiertos en Alemania a partir de las investigaciones sobre pesticidas. El doctor Schrader trabajó de 1930 a 1937 para Bayer y sintetizó más de 2.000 compuestos químicos, desde insecticidas hasta gases que se utilizaron experimentalmente en los campos de concentración. Dentro del consorcio I.G.Farben, Bayer fabricó el famoso gas Zyklon B, utilizado en los campos de concentración nazis. Tras la guerra, Schrader se refugió en Estados Unidos y, como tantos otros, encontró allí impunidad por sus crímenes, a cambio de colaboración científica. Los pesticidas que se utilizaron en la “revolución verde” eran derivados químicos de las sustancias utilizadas como armamento en la I Guerra Mundial y producidas por los mismos laboratorios que fabricaron las bombas químicas arrojadas durante la guerra de Corea. Se trata de un proceso que no ha terminado. A través de la multinacional suiza Syngenta y del CGIAR (Grupo Consultivo Mundial de Investigación Internacional Agraria), hoy Rockefeller sigue manteniendo su red para el control de la población mundial y de sus fuentes de alimentación.

La nueva política de subvenciones favorable a la genética fue impulsada por el matemático Warren Weaver que en 1932 fue nombrado director de la División de Ciencias Naturales del Instituto Rockefeller, cargo que ejerció hasta 1959. Una de las primeras ocurrencias de Weaver nada más tomar posesión de su puesto fue inventar el nombre de “biología molecular”, lo cual ya era un declaración de intenciones de su concepción micromerista. En la posguerra Weaver fue quien extrapoló la teoría de la información más allá del área en la que Claude Shannon la había concebido. Junto con la cibernética, la teoría de la información de Weaver, verdadero furor ideológico de la posguerra, asimilaba los seres vivos a las máquinas, los ordenadores a los “cerebros electrónicos”, al tiempo que divagaba sobre “inteligencia” artificial y demás parafernalia adyacente.

Rockefeller y Weaver no fueron neutrales; no financiaron cualquier área de investigación en genética sino únicamente
aquellas que aplicaban técnicas matemáticas y físicas a la biología. Otorgaron fondos a laboratorios y científicos que
utilizaban métodos reduccionistas, cerrando las vías a cualquier otra línea de investigación diferente (30). A partir de entonces muchos matemáticos y físicos se pasaron a la genética, entre ellos Erwin Schrödinger que escribió al
respecto un libro titulado “¿Qué es la vida desde el punto de vista físico?” La mayor parte eran físicos que habían
trabajado en la mecánica cuántica y, por tanto, en la fabricación de la bomba atómica. Junto con la cibernética y la
teoría de la información, la física de partículas fue el tercer eje sobre el que desarrolló la genética en la posguerra.

El destino favorito del dinero de Rockefeller fue el laboratorio de T.H.Morgan en Pasadena (California), que se hizo famoso por sus moscas. El centro de gravedad de la nueva ciencia se trasladó al otro lado del Atlántico y la biología
dejó de ser aquella vieja ciencia descriptiva, adquiriendo ya un tono claramente experimental. Generosamente subvencionados por Rockefeller y Weaver, numerosos genetistas europeos pasaron por los laboratorios de Morgan en Pasadena para aprender las nuevas maravillas de la teoría sintética que con Morgan adopta dos vectores, no siempre bien articulados.

El más importante de ellos es la llamada “teoría” cromosómica, según la cual los determinantes hereditarios se
alojaban exclusivamente en aquellos filamentos del núcleo celular que se presentaban normalmente por parejas
homólogas, unos procedentes del padre y otros de la madre. De esta manera logra concretar en los cromosomas el plasma germinal del que Weismann había hablado. Los cromosomas, sostiene Morgan, “son las últimas unidades alrededor de las cuales se concentra todo el proceso de la transmisión de los caracteres hereditarios” (31). A partir de entonces los genetistas empezaron a decir que los genes eran cada uno de los eslabones de las cadenas de cromosomas. Así, un gen es un “lugar” o una posición dentro de un cromosoma.

La “teoría” cromosómica es consecuencia del micromerismo, que Morgan defiende con claridad:

“El individuo no es en sí mismo la unidad en la herencia sino que en los gametos existen unidades
menores encargadas de la transmisión de los caracteres.

“La antigua afirmación rodeada de misterio, del individuo como unidad hereditaria ha perdido ya todo
su interés” (32).

El micromerismo le sirve para alejar un misterio… a cambio de sustituirlo por otro: esas unidades menores de las que
nada aclara. Por el camino se ha perdido irremisiblemente la idea del “individuo como unidad” a favor de otras unidades más pequeñas. A este respecto Morgan no tiene reparos en identificarse como mecanicista: “Si los principios mecánicos se aplican también al desarrollo embrionario, el curso del desarrollo puede ser considerado como una serie de reacciones físico químicas, y el individuo es simplemente un término para expresar la suma total de estas reacciones, y no habría de ser interpretado como algo diferente de estas reacciones o como más de ellas” (33).

El otro descubrimiento de Morgan, al que ya nos hemos referido, demostró la falsificación de los resultados expuestos de Mendel en su memoria: la independencia de los genes que, según Morgan, aparecían asociados entre sí. Los genes interactuaban, al menos consigo mismos. Cada gen (“factor” lo llama Morgan) no incide sobre una parte sino sobre varias del cuerpo al mismo tiempo. Pero Morgan se cuida de no poner de manifiesto la contradicción de su descubrimiento con las leyes de Mendel, que “se aplica a todos los seres de los reinos animal y vegetal” (34). Morgan tapaba una falsedad colocando otra encima de ella.

Morgan acabó convencido de que sus descubrimientos habían acabado con el engorroso asunto del “mecanismo” de la herencia de manera definitiva, pero a costa de seguir arrojando lastre por la borda: “La explicación no pretende
establecer cómo se originan los factores [genes] o cómo influyen en el desarrollo del embrión. Pero éstas no han sido
nunca partes integrantes de la doctrina de la herencia” (35).

De esta manera absurda es como Morgan encubría las
paradojas de la genética: sacándolas de la genética, como cuestiones extrañas a ella. La transmisión, la herencia, es
algo diferente de la generación; el “mecanismo” de Morgan significa que sólo se transmite lo que ya existe previamente pero no cabe preguntar de dónde surge y cómo evoluciona eso que existe. El binomio generación y herencia se ha roto definitivamente en dos pedazos metafísicamente incompatibles y ese artificio es el que impide plantear siquiera la heredabilidad de los caracteres adquiridos.

El método de Morgan era experimental; no salía de su laboratorio y sólo miraba a través de su microscopio. Él no
cazaba moscas sino que las criaba en botellas de cristal, sometiéndolas a condiciones muy distintas de las que
encuentran en su habitat natural, por ejemplo, en la oscuridad o a bajas temperaturas. De esa manera lograba
mutaciones que cambiaban el color de los ojos de las moscas.

Pero esas mutaciones eran mórbidas, es decir,
deformaciones del organismo. Las moscas con las que Morgan experimentaba tienen los ojos rojos y él decía que las
cruzaba con moscas de ojos blancos. Ahora bien, no existen moscas de ojos blancos en la naturaleza sino que las
obtenía por medios artificiales. Por tanto, no se pueden fundamentar las leyes de la herencia sobre el cruce de un
ejemplar sano con otro enfermo. Como bien decía Morgan con su teoría de los genes asociados, esas mutaciones no
sólo cambian el color de los ojos a las moscas sino que provocan otra serie de patologías en el insecto. Una alteración mórbida es excepcional y no puede convertirse la excepción en norma, es decir, en un rasgo fenotípico de la misma naturaleza que los rasgos morfológicos habituales: color del pelo, estatura, etc.

Morgan era plenamente consciente de ello y la manera en que elude la crítica es destacable por la comparación que
establece: también en física y astronomía hay experimentos antinaturales. De nuevo el reduccionismo y el
mecanicismo juegan aquí su papel: las moscas son como los planetas y la materia viva es exactamente igual que la
inerte. Las moscas obtenidas en el laboratorio (sin ojos, sin patas, sin alas) son de la misma especie que las silvestres
y, en consecuencia, comparables (36). Morgan confundía una variedad de una especie con una especie enferma.

Los biólogos de la época de Morgan se llamaban darwinistas y defendían aparentemente la evolución. No obstante,
bajo el mismo nombre los conceptos habían vuelto a cambiar.

Ya no hay lucha por la existencia, dice Morgan: “La
evolución toma un aspecto más pacífico. Los caracteres nuevos y ventajosos sobreviven incorporándose a la raza,
mejorando ésta y abriendo el camino a nuevas oportunidades”.

Hay que insistir menos en la competencia, continúa Morgan, “que en la aparición de nuevos caracteres y de modificaciones de caracteres antiguos que se incorporan a la
especie, pues de éstas depende la evolución de la descendencia”. Pero no sólo habla Morgan de “nuevos caracteres” sino incluso de nuevos factores, es decir, de nuevos genes “que modifican caracteres”, añadiendo que “sólo los caracteres que se heredan pueden formar parte del proceso evolutivo” (37).

Sorprendentemente esto es un reconocimiento casi abierto de la tesis de la heredabilidad de los caracteres adquiridos. En realidad, las investigaciones de Morgan confirmaban la tesis lamarckista, es decir, que al cambiar las condiciones ambientales, las moscas mutaban el color de sus ojos y transmitían esos caracteres a su descendencia.

Pero entonces –absortos por la genética- ya nadie se acordaba de aquella denostada teoría. Es más, los genetistas
seguían implacables a la caza de Lamarck y los restos que quedaban de las tesis ambientalistas. El 7 de agosto de
1926 Gladwyn Noble, del Museo Americano de Historia Natural, publicó en la revista “Nature” un informe denunciando
que los experimentos realizados por el biólogo autriaco Paul Kammerer con sapos parteros criados en el agua para
demostrar la influencia sobre ellos del cambio de medio, eran fraudulentos. El suicidio de Kammerer pocos días
después ejemplificaba la suerte futura de este tipo de teorías. Kammerer fue arrojado al basurero de la historia, del
que aún no ha salido. También Mendel había falsificado las suyas pero un fraude no se compensa con otro (al menos
en la ciencia). Por lo demás, estaba claro que el mendelismo tenía bula pontificia y el fraude de Kammerer pareció
cometido por el mismísimo Lamarck en persona. Era un anticipo de lo que le esperaba a Lysenko. Al fin y al cabo
Kammerer era socialista y se aprestaba a impartir un ciclo de conferencias en la URSS cuando se pegó un tiro en la
cabeza.

En el confuso estado que mantenían, los ingredientes ideológicos de la genética se convierten en dominante en la
cultura capitalista y propician el racismo y la xenofobia. En 1900 se descubren los grupos sanguíneos, de los cuales se
extraen otras tantas nociones oscurantistas a sumar a las que la genética formal engendraba por sí misma. Se forma
un “darwinismo social” que divide a los seres humanos entre los ostentadores de un pedigrí secular, una estirpe
superior, y los portadores de malformaciones hereditarias, predestinados al exterminio.

Tres tendencias en la genética soviética

Las posiciones de la dialéctica materialista respecto de la biología, harto resumidas, ya fueron expuestas en los inicios
mismos del darwinismo por Engels en el “Anti-Dühring” y la “Dialéctica de la naturaleza”, aunque este último texto no
se conoció hasta su publicación en 1928 aproximadamente. Como ciencia de los organismos vivos, la biología involucra de una manera directa las cuestiones decisivas de la dialéctica: la producción y la reproducción, la continuidad y la discontinuidad, la herencia y el medio, entre otras cuestiones.

En su “Dialéctica de la naturaleza” Engels recoge la siguiente tesis de Haekel como núcleo central de la teoría
evolucionista: “Desde la simple célula en adelante, la teoría de la evolución demuestra que cada avance hasta la
planta más complicada, por un lado, y hasta el hombre, por el otro, se realiza en el continuo conflicto entre la
herencia y la adaptación […] Se puede concebir la herencia como el lado positivo, conservador, y la adaptación como
el lado negativo que destruye continuamente lo que heredó, pero de la misma manera se puede tomar la adaptación
como la actividad creadora, activa, positiva, y la herencia como la actividad resistente, pasiva, negativa” (38).

La tesis de Engels está tan lejos del reduccionismo genetista como del reduccionismo ambientalista que concibe los
organismos como tablas rasas en las que el medio imprime sus huellas. Es muy corriente en determinados medios progresistas otorgar una relevancia especial a los factores ambientales, por encima de cualesquiera otros, tanto en biología como en sociología, a pesar de la multiplicidad de condicionantes que concurren y de que no todos los factores ambientales influyen siempre, ni influyen de la misma manera y mucho menos influyen de manera permanente, generación tras generación.

Engels destacó que un fenómeno tan complejo como la evolución sólo se podría explicar sobre la base de una
colaboración entre multiples disciplinas científicas. El diagrama de Engels podría dibujarse como la mutua interacción
de los dos factores fundamentales: genotipo y fenotipo, en donde éste tiene un carácter dominante o principal
respecto al primero. En la epigenética actual se utiliza en ocasiones una fórmula parecida que sirve para enmascarar
la acción del medio ambiente: genotipo + ambiente -> fenotipo. Esta fórmula es confusa y lo que pretende sostener
es que el ambiente no incide sobre la dotación genética sino sólo sobre sus efectos. Para superar las lagunas de la
genética formalista, los científicos han vuelto a tener que recurrir a continuos remiendos como ese, que es el fundamento de la epigenética actual, pruebas de la insuficiencia y de las lagunas de las teorías que han venido sosteniendo. Ahora bien, la epigenética siempre se preocupa de advirtirnos que no debemos confundir a ésta con un retorno a la heredabilidad de los caracteres adquiridos. Como afirma E.B.Ford, “se observó muy pronto que los genes sufren la acción del medio ambiente, y recíprocamente”. Este mismo genetista añade también otra noción básica de la dialéctica: que “el medio no es sólo externo sino interno” (39). El organismo vivo forma una unidad de contrarios con su medio, con el aire (o el agua), con la alimentación, con la luz y las radiaciones, con la temperatura, etc. No se puede estudiar al medio por un lado y al organismo por otro.

La distinción entre lo interno y lo externo es relativa; en
unos casos determinados componentes del medio son externos y en otros internos. El medio influye sobre el organismo normalmente a través de una metabolización o transformación previa del propio organismo. En una colmena de abejas, la flora circundante es el medio frente al cual las abejas forman una unidad; pero para cada una de ellas, las demás abejas también son su medio e interactúan unas con otras. En unos casos las bacterias son externas al organismo humano y en otras forman parte de él, desempeñando determinadas funciones vitales.

Además, la dialéctica exige estudiar los seres vivos en su
ciclo de desarrollo y cambio permanente, no como
elementos estáticos: “Cuando se quiere hacer algo en el campo de la ciencia teórica a un nivel que abarque el
conjunto, no hay que considerar los fenómenos naturales como unas cantidades inmutables, como hacen la mayoría
de las personas, sino considerarlos, al contrario, en su evolución, como susceptibles de modificación, de evolución,
fluidos. Y todavía hoy es en Hegel donde esto se aprende con más facilidad” (40). Por ejemplo, una embarazada no
puede exponerse a radiaciones que, aunque sean inocuas para ella, afectan al feto; luego una misma causa provoca
efectos diferentes según la fase de desarrollo en que se encuentre el organismo. Otro ejemplo: las enfermedades
tienen un origen muy diferente; unas son de origen predominantemente genético, otras son predominantemente
ambientales. Pero, cualquiera que sea su origen, una enfermedad no afecta lo mismo a un niño que a un adulto. Así,
se conocen unas 5.000 enfermedades catalogadas como genéticas, de las cuales sólo 1.600 se consideran causadas
por un único gen. De éstas, en un 90 por ciento de los casos ese gen no afecta al portador, no se manfiesta en él
como enfermedad. Por lo tanto, el gen está muy lejos de tener el carácter ineluctable que le atribuyen; en consecuencia, además del gen serán necesarias otras circunstancias para que la enfermedad se manifieste. La enfermedad denominada “corea de Huntington” (“baile de San Vito”) es de tipo monogénico pero sólo se manifiesta a partir de la edad madura del individuo. Además del gen, son necesarias otras explicaciones para saber por qué durante la juventud el paciente no experimenta la enfermedad. Para cubrir esas lagunas apareció la epigenética hacia mediados de los setenta del siglo pasado.

A pesar de la Revolución de 1917, la biología en Rusia seguía su propia inercia, que la influencia de Engels, como es
lógico, no podía contrarrestar de manera decisiva. En consecuencia, el caso de Rusia, con algunos matices, no es
diferente del de ningún otro país de la época. El elemento fundamental a tener en cuenta en la polémica que se iba a
abrir inmediatamente es que no solamente no existió una “injerencia” del marxismo sobre la genética sino que el
impacto fue en la dirección contraria, de la genética (y de las nuevas ciencias) sobre los postulados marxistas. Los
nuevos descubrimientos y progresos, especialmente la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, abrieron nuevos
interrogantes dentro el marxismo como dentro de tantas otras corrientes ideológicas. A partir de esos interrogantes
se desarrollaron concepciones divergentes, algunas de las cuales permanecieron dentro del marxismo y otras se
escaparon fuera de él. Este fenómeno no sólo ocurrió en la URSS sino en todo el movimiento comunista internacional,
especialmente en Gran Bretaña y Francia. Pero tras la revolución de 1917, ese debate, además de su componente
teórico, tiene un aspecto práctico con numerosos ingredientes. Como a Estados Unidos, a la URSS también se le
planteó el problema de la financiación de unas investigaciones, naturalmente en detrimento y menoscabo de otras.

Desde comienzos del siglo XX coexistían en Rusia tres corrientes dentro de la biología. La primera de ellas, de tipo
simbiótico, fue rescatada en 1902 por la obra del anarquista Kropotkin “El apoyo mutuo, un factor de la evolución”
ensalzado por el periódico “Times” como “posiblemente el libro más importante del año”. En su estudio Kropotkin
acusaba a Darwin de despreciar la cooperación de los organismos frente a la lucha por la existencia. Muy pocos años
después el biólogo ruso Konstantin S. Mereshkovski (1855-1921) formalizó la teoría de la simbiogénesis.

En su carta a Piotr Lavrov, Engels le manifiesta su desacuerdo con la idea darwiniana de que la “lucha de todos contra todos” fue la primera fase de la evolución humana, sosteniendo que la sociabilidad instintiva “fue una de las palancas más esenciales del desarrollo del hombre a partir del mono”.

Paralelamente, en otra obra suya destacó el carácter
predarwiniano de esta concepción, así como su carácter unilateral: “Hasta Darwin, lo que subrayaban sus adictos
actuales es precisamente el funcionamiento cooperativo armonioso de la naturaleza orgánica, la manera en que el
reino vegetal da alimento y oxígeno a los animales, y éstos proveen a las plantas de abono, amoniaco y ácido
carbónico. Apenas se reconoció a Darwin, ya esas mismas personas veían ‘lucha’ en todas partes. Ambas
concepciones están justificadas dentro de límites estrechos, pero las dos tienen una igual característica de unilateralidad y prejuicio. La interacción de cuerpos en la naturaleza no viviente incluye a la vez la armonía y los
choques; la de los cuerpos vivientes, la cooperación conciente e inconciente, así como la lucha conciente e
inconciente. Por lo tanto, inclusive en lo que se refiere a la naturaleza, no es posible inscribir sólo, de manera
unilateral, la ‘lucha’ en las banderas de uno. Pero es en absoluto pueril querer resumir la múltiple riqueza de la
evolución y complejidad históricas en la magra frase unilateral de ‘lucha por la existencia’. Eso dice menos que nada”(41).

La obra de Mereshkovski, como cualquier otra que no es de origen anglosajón, fue absolutamente ignorada, salvo
para los biólogos marxistas (42). En las corrientes dominantes no fue tomada en consideración hasta 1966, cuando
fue rescatada del olvido por la investigadora estadounidense Lynn Margulis, defensora de esta teoría simbiótica. Hasta
esa fecha, la teoría simbiótica no tuvo ninguna influencia, quedando la obra de Kropotkin como una de esas exóticas
incursiones de los políticos, en este caso anarquistas, en la ciencia.

La segunda corriente es la mendeliana, introducida en la Rusia prerrevolucionaria por Yuri A.Filipchenko (1882-1930),
un seguidor de la escuela alemana de Nägeli, Hertwig y Von Baer, que creó una sociedad de eugenesia en 1922 que
difundía su propia revista de la que Filipchenko era editor.

Fue la única experiencia de ese tipo que se conoció en la
URSS. De las aulas de Filipchenko salió uno de los creadores de la teoría sintética, Theodosius Dobzhansky (1900-
1975), que estudió en la Universidad de Kiev, emigrando en 1927 a Estados Unidos, donde trabajó con Morgan, siendo el fundamento de su trabajo la necesidad de conciliar el evolucionismo con la biblia vaticana. Esta corriente,
aunque siempre estuvo presente, tampoco tuvo mucha influencia en la URSS a causa de la propia revolución de 1917.

La tercera corriente, representada por el científico K.A.Timiriazev (1843-1920), es la que se denomina a sí misma
como evolucionista y darwinista, aunque en sus concepciones es evidente la presencia también de Lamarck. Además
de Timiriazev, las prácticas agrícolas de I.V.Michurin (1860-1935) corresponden también a la Rusia prerrevolucionaria
que, después de 1917, es la que inicialmente se abre camino. Otro de los impulsores del darwinismo en la URSS fue
Alexander I.Oparin, que publicó en 1923 su trascendental obra “El origen de la vida” que, sin embargo, tampoco fue
conocida en los países capitalistas hasta que en 1967 John D. Bernal lo incluyó en su “The origin of life”.

En su obra “Anarquismo o socialismo”, escrita en 1907, Stalin denunció las tergiversaciones de los seguidores caucasianos de Kropotkin, para quienes el marxismo se apoyaba en el darwinismo “sin espíritu crítico”. Sin embargo, aquellas referencias de Stalin a Lamarck y Darwin eran muy someras y se utilizaban como ejemplo de la validez universal de la leyes de la dialéctica. Engels defendió a Darwin de las críticas de Dühring pero, al mismo tiempo, era plenamente consciente de las limitaciones y del carácter unilateral de las explicaciones de aquel: “Yo acepto la teoría de la evolución de la doctrina de Darwin pero no acepto su método de demostración (‘struggle for life, natural selection’) salvo como primera expresión, provisional e imperfecta, de una realidad recién descubierta”. El británico, añade Engels en otra obra, habría puesto el acento en los efectos pero no en las causas de la selección natural.

Además, “el hecho de que Darwin haya atribuido a su descubrimiento [la selección natural] un ámbito de eficacia
excesivo, que le haya convertido en la palanca única de la alteración de las especies y de que haya descuidado las
causas de las repetidas alteraciones individuales para atender sólo a la forma de su generalización, todo eso es un
defecto que comparte con la mayoría de las personas que han conseguido un progreso real” (43).

Hacia 1928 las nuevas corrientes sintéticas en la genética, con su aparente integración del darwinismo, se introdujeron con fuerza dentro de la URSS, del Partido bolchevique, de las universidades y los centros de investigación, abriendo una larga polémica. Tras la muerte de Michurin en 1935 Lysenko pasó a encabezar las posiciones científicas evolucionistas, pero la correlación de fuerzas no tardó en cambiar. Aunque fue elegido presidente de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas en 1937, Lysenko empezaba a estar en minoría y no pudo tener los apoyos políticos y oficiales que la propaganda burguesa quiere hacer creer.

Los polemistas se lanzaron entre sí mutuas acusaciones porque los unos tergiversaban las posiciones de los otros, de
modo que aparentemente se habían formado dos posiciones contrapuestas. Incluso el biólogo soviético Stoletov
resumía esas posiciones en el titular de su libro: “¿Mendel o Lysenko? Dos caminos en biología” (44). Pero no se
puede resumir la polémica en dos posiciones y, desde luego, esas posiciones no formaban una alternativa entre
Mendel y Lysenko. Hubo posiciones intermedias y hubo quien, aún declarándose michurinista, no secundaba las tesis de Lysenko, o no las secundaba en su integridad. Es igualmente comprobable que ni todos le defendían ni todos los que criticaban a Lysenko exponían los mismos argumentos. En 1945 el británico Eric Ashby viajó a la URSS, donde estuvo una larga temporada, publicando a su regreso varios libros sobre la situación de las ciencias soviéticas, su organización académica y científica y sus métodos de investigación. Ashby apreció que en la URSS concurrían diversas corrientes científicas, desde aquellas que manifestaban cierto rechazo hacia la investigación occidental hasta otras que seguían los mismos derroteros que ella. No obstante, considera que, en general, la ciencia soviética era
equiparable a la occidental y no parecía estar influida por la filosofía marxista “en absoluto” (45).

A mi juicio el núcleo de la postura de Lysenko no es positiva sino negativa y está constituida por su rechazo a las
teorías sintéticas que defendían un mecanismo unilateral por el cual la herencia determina la constitución de los
organismos vivos, y si hay que indicar un rasgo positivo fundamental de su pensamiento no es el de ambiente sino el
de desarrollo. Por encima de todo ello, considero esencial que gracias a la firmeza que demostró en la defensa de sus
postulados (otros dirían dogmatismo, fanatismo, intolerancia), la URSS fue uno de los pocos países del mundo en los que pudo contrarrestarse la influencia de la teoría sintética. A causa de ello la propaganda imperialista lanzó en la posguerra su ofensiva de acusaciones falsas en su contra según la cual sus tesis habían conducido a la prohibición de la genética, al cierre de los laboratorios y el encarcelamiento de los biólogos opuestos a sus tesis.
Vamos a tratar de comprobar la falsedad de esta campaña.

Un campesino humilde en la Academia

En 1917 llegaron al poder en Rusia los obreros y los campesinos más pobres, los que hasta entonces habían sido
siervos humildes y analfabetos, como Michurin, un obrero ferroviario apasionado de la botánica, y como Lysenko, un
campesino ucraniano, a quienes el poder soviético permitió estudiar y adecuar la ciencia a las prácticas agrícolas y
ganaderas más avanzadas del momento para ponerlas al servicio de los sectores más oprimidos y de sus necesidades.

Lysenko y otros como él se pusieron a la cabeza de las instituciones políticas que se ocupaban de las ciencias, para lo cual antes hubo que desalojar de esas mismas instituciones a los burgueses académicos, universitarios y oscurantistas que hasta entonces habían manejado la ciencia en provecho de su clase, de la explotación y de sus intereses particulares.

El caso de los científicos en la URSS fue idéntico al de los demás especialistas, artistas e intelectuales; unos se exiliaron y otros permanecieron, bien para colaborar lealmente en la construcción del socialismo o bien para sabotearlo. Unos permanecieron en la posición que habían adoptado inicialmente y otros la modificaron, cambiando de bando en un momento determinado de su biografía personal o de la historia del país. Había militantes
del Partido bolchevique que defendieron el mendelismo, como los había que defendieron la posición contraria. Se dieron toda clase de combinaciones ideológicas y científicas imaginables. Por eso es difícil hablar de una influencia del
marxismo sobre la ciencia en la URSS, cuando bajo el marxismo existían distintas corrientes en conflicto interno.

A modo de ejemplo del ambiente en el que disputaban todas aquellas corrientes, puede ponerse el caso de Bogdanov,
cuyo nombre real era A.A.Malinovski. Médico y autor de un manual clásico de economía marxista, Bogdanov había
sido dirigente del Partido bolchevique, aunque fue expulsado de él en 1909 por su incorporación al empiriocriticismo.

No obstante, siguió siendo muy influyente en los círculos socialdemócratas rusos, incluso después de la Revolución de
1917. Su influencia alcanzaba a áreas tan variadas como la economía, el arte, la ciencia y la filosofía, en las que
realizó aportaciones que, al margen de su veracidad, eran enormemente originales (46). A causa de la influencia de
sus ideas se creó el movimiento “proletkult” o “cultura proletaria” que reivindicaba no las creaciones intelectuales del proletariado como clase sino cualquier clase cuyo origen estuviera en un proletario. Concepciones de esta naturaleza
estuvieron presentes en los debates científicos a partir de los años treinta, a pesar de las críticas que contra ella
expuso el Partido bolchevique. Muchas de las concepciones expresadas por los seguidores de “proletkult” pasan como
si se tratara del punto de vista oficial del Partido bolchevique o de todos los marxistas soviéticos porque la
propaganda les presenta a todos como si formaran parte de un mismo bloque monolítico.

También hubo hombres surgidos desde las entrañas mismas de la nueva sociedad. Lysenko era de estos últimos, un
humilde campesino que llegó hasta la presidencia de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas. A pesar de que portaba
el nombre de Lenin desde 1924, dicha Academia había sido fundada por Pedro I El Grande en el siglo XVIII, era de
carácter estrictamente científico, se regía por sus propios estatutos y sus cargos se elegían mediante escrutinio
secreto. Ese fue el único cargo que ocupó Lysenko a lo largo de toda su vida y era un nombramiento de enorme prestigio incluso fuera de la URSS. Un escaño en cualquier academia era el puesto de más prestigio para cualquier científico en la URSS; daba derecho a un sueldo vitalicio que era mayor que el de un ministro del gobierno. La Academia no era un órgano del Ministerio de Agricultura, ni del Partido bolchevique sino una asociación de científicos de las más variadas procedencias ideológicas para discutir y debatir acerca de asuntos de su especialidad (47). Desde luego la política agraria implementada en la URSS quedaba fuera de la competencia de la Academia. Como en cualquier otro país, en la URSS coexistían tanto organizaciones científicas públicas como privadas.

Funcionaban nada menos que 118 Academias de Ciencias, de las cuales 29 tenían relación con las distintas ramas de
la biología; además había otros 965 Institutos de Investigación Científica, estaciones y explotaciones agrarias
experimentales dependientes del Ministerio de Agricultura y unos pocos más dependientes de la Academia Lenin de
Ciencias Agrícolas. También existía la Asociación de Científicos y Técnicos para el Apoyo de la Construcción Socialista (Varnitso), dirigida por el bioquímico A.N.Baj, militante del Partido bolchevique desde 1912. Además del Ministerio (Comisariado del Pueblo) de Agricultura, existía también el Ministerio de Educación y Ciencia (Narkompros) y una agencia pública específica encargada de promover la investigación científica (Glavnauka). La enseñanza universitaria tampoco dependía de la Academia que presidía Lysenko sino de los referidos Ministerios. El de Agricultura, por ejemplo, disponía de 14.000 investigadores sobre el terreno.

En todos esos organismos concurrían diferentes
correlaciones de fuerzas entre una corrientes y otras. Pero a su vez, todos ellos dependían para su financiación del
Consejo Supremo de Economía (VSNJ), también afectado por las polémicas científicas e ideológicas del momento. Un
panorama muy distinto y muchísimo más complejo del que la campaña de linchamiento contra Lysenko quiere hacer
creer. Lo que parece evidente es que cualquiera de esas organizaciones tuvo un protagonismo en las discusiones
mucho mayor que el Partido bolchevique, que pocas “órdenes” podía impartir cuando, a su vez, estaba profundamente dividido.

En todo el mundo los genetistas burgueses siempre consideraron a Lysenko como un advenedizo, un intruso porque
no procedía de la universidad, no tenía título. La campaña imperialista en su contra, entre otros insultos, le califica
como demagogo, pero sus investigaciones fueron apoyadas, dentro y fuera de la URSS, por numerosos científicos de
varias especialidades. En su condición de botánico, el mencionado Eric Ashby se entrevistó personalmente con
Lysenko, de quien critica muy duramente sus concepciones científicas. Le describe como un hombre nervioso y tímido,
pero –según Ashby- en ningún caso ambicioso, añadiendo además que tampoco es ningún charlatán ni un “showman”. En su opinión, “Rusia ha hecho notables contribuciones a la genética” y, además, añade que ningún observador puede negar que el materialismo dialéctico “ha dado nuevos ímpetus a la investigación científica en la Unión Soviética” (48).

El científico francés Jean Rostand reconoció el 9 de setiembre de 1948 en la revista “Combat” las “notables
realizaciones de la ciencia soviética”, e incluso fue más allá y afirmó lo siguiente: “Lysenko es un hombre de ciencia
muy estimable al que debemos importantes investigaciones principalmente en el terreno de la fisiología vegetal
aplicada a la agricultura”. Este reconocimiento no le impide a Rostand criticar las tesis lysenkistas.

Por méritos propios Lysenko fue presidente de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas hasta 1956 y luego continuó
siendo miembro de la misma hasta su fallecimiento veinte años después. No obstante, a pesar de lo que diga la propaganda imperialista, no fue nunca miembro del PCUS y tampoco coincidió personalmente con Stalin (fuera de los actos oficiales, naturalmente). El agrónomo soviético inició sus experimentos de hibridación por su propia iniciativa,
sin ninguna clase de apoyo oficial. Alguien le ha llamado “el científico descalzo”. No existieron gigantescos presupuestos, ni inversiones, ni viveros, ni cámaras térmicas, ni sofisticados laboratorios, ni centros universitarios.

Todo empezó de una manera mucho más modesta y sencilla, como empezaban las iniciativas de los obreros y
campesinos en la URSS, basándose en el entusiasmo y en el esfuerzo colectivo de las organizaciones populares.

En los escritos de Lysenko sobresale la idea de la selección “artificial”, superpuesta a la selección “natural” de Darwin, esto es, la idea de que la naturaleza no es un paisaje fijo sino que es posible actuar sobre ella en interés de los obreros y campesinos. De un modo dialéctico, Lysenko estudia la flora en su desarrollo; cita continuamente a Timiriazev para recordar la “historia” de cada especie y de cada planta dentro de ella, tratando de observar la manera en que se puede dirigir y controlar ese desarrollo.

La selección “artificial” de Lysenko no tiene nada que ver con la moderna “ingeniería genética” de las multinacionales
cuyas mutaciones provocan cambios imprevisibles en los organismos vivos. Lo que Lysenko pretendía obtener eran
cambios planificados, a fin de orientar el desarrollo natural de los organismos para mejorar el rendimiento agrícola.

No obstante, Lysenko no aporta una nueva teoría relevante a la biología. Él rechaza considerarse lamarckista, que es
la acusación que le lanzan sus oponentes y, desde luego, es claro que no admite las concepciones ambientalistas tal y
como las exponían los neolamarckistas. No obstante, Lamarck está presente en su concepción general del desarrollo
de los organismos. Explícitamente Lysenko se apoya en concepciones de otros autores, de quienes enfatiza
determinados aspectos que juzga importantes. En consecuencia, quienes dicen criticar sus supuestas teorías, están
criticando esos precedentes, que están en Lamarck, Darwin y Timiriazev. A pesar de ello, la campaña de linchamiento
presenta a Lysenko como un agrónomo original, aislado, sin precedentes, cuyas disquisiciones absurdas forman una
rama separada y ya desaparecida para siempre de la biología.

Además, se responsabiliza de sus tesis a todos los
científicos soviéticos, es decir, que su caso sería un mero ejemplo de un caso general, ilustrativo de las intromisiones
políticas en la ciencia.Lysenko tampoco realiza innovaciones prácticas sustanciales a las que ya eran conocidas desde tiempos lejanos.

Cuando en ocasiones su linchamiento se extiende también a Michurin, pretendiendo generalizarlo a toda la ciencia
soviética, debería incluirse a botánicos de otros países cuyas prácticas eran idénticas. El caso más singular al respecto es el del norteamericano Luther Burbank (1849-1926), también olvidado, autor de la magnífica autobiografía “La
cosecha de los años”. Si Michurin había creado 300 nuevos frutales, Burbank creó 800 nuevas variedades de flores,
hortalizas y plantas, una de ellas una opuntia o cactus comestible y sin espinas. Los tres artesanos, Burbank, Michurin y Lysenko, fueron los últimos pioneros de una estirpe de botanistas innovadores sepultados hoy por un olvido que no tiene nada que ver con la ciencia.

Hay algo en lo que Lysenko destaca por encima de todo: su certera oposición al erróneo modelo de Weismann,
Mendel, Morgan y el “dogma central” de la genética. No solamente Lysenko no es en absoluto dogmático sino que el
objeto de su crítica es precisamente el dogmatismo seudocientífico que se había infiltrado en el terreno de las ciencias biológicas. Por lo demás, él no fue el único en oponerse a la genética formalista. En la URSS, Oparin sostuvo
posiciones científicas equivalentes y lo mismo sucedió en otros países. Pero una de las claves de toda buena campaña
de guerra sicológica consiste siempre en personalizar los males -reales o fingidos- en una única persona que debe ser
utilizada como chivo expiatorio.

La técnica de vernalización

El 15 de diciembre de 2006 científicos de la Universidad de California acabaron de identificar los tres segmentos del
ADN del trigo y la cebada que controlan la vernalización con el fin de lograr por métodos de la denominada “ingeniería
genética” lo que Lysenko había logrado por métodos naturales 80 años antes.

A finales de 1925 Lysenko inició sus primeras investigaciones en la sementera de Kirovabad (Gandja), en Azerbaián.

Empezó a estudiar los factores que regulan la duración del periodo vegetativo de las plantas cultivadas. Los resultados
de sus experimentos los expuso en el Congreso de Genética celebrado en Leningrado en enero de 1929.

Aquel mismo verano la prensa soviética anunció que en Ucrania una prueba con trigo de invierno de la variedad “ukrainka” sembrado en primavera había espigado exitosamente.

El experimento lo había llevado a cabo el padre del
agrónomo soviético a petición de su hijo en el terreno que él mismo trabajaba por su cuenta en la región de Poltava.

Fue un hito de la agronomía; por primera vez el trigo de invierno espigaba completamente con un rendimiento de 24
quintales por hectárea. El 6 de noviembre de 1933 el botánico soviético N.I. Vavilov (1887–1943), habitualmente presentado como enemigo y víctima de Lysenko, apoyaba públicamente en el diario “Izvestia” sus métodos agrícolas como un descubrimiento revolucionario de la investigación soviética.

En vista del éxito, el Comisariado del Pueblo (Ministerio) de Agricultura decidió crear un laboratorio especial en el
Instituto de Génética y Selección de Odessa para analizar detenidamente aquel experimento. Al año siguiente
centenares de investigadores koljosianos repitieron el mismo ensayo. Se trataba de explotar el descubrimiento de que era posible regular la duración del periodo vegetativo de las plantas cultivadas.

En 1935 más de 40.000 koljoses y sovjoses llevaron el experimento al campo, sembrando más de dos millones de
hectáreas de cereales de primavera con simiente vernalizada.

Impuesto por Lysenko, desde 1929 el término “vernalización” (yarovización) es ya corriente en botánica. Hasta
entonces era una práctica tradicional de la que se tenía un conocimiento empírico y fragmentario. Ya había sido
estudiada anteriormente por Gassner, pero el primer estudio sistemático lo escribió Lysenko en 1935 y lleva el título
“Las bases teóricas de la vernalización”. De ella dijo Lysenko que era un método que “marca el comienzo de una era
en la que el hombre dirige de manera consciente el desarrollo de las plantas en los campos”.

Hasta entonces no existía en la ciencia agrícola ningún medio de regular la velocidad de desarrollo de las plantas. Las
especies y variedades cuyo desarrollo no se acomodaba a las condiciones climáticas y geográficas de la región, eran
simplemente desechadas. Entre éstas estaban hasta entonces los cereales de invierno, una variedad que se
consideraba estéril. Lysenko demostró que este tipo de cereales no sólo soportan las bajas temperaturas sino que
éstas son necesarias para su desarrollo y que, además, son más productivos.

Posteriormente se observó que muchas especies de clima templado también requieren las bajas temperaturas del
invierno para florecer en primavera: remolacha, cebolla, zanahoria y otras.

Lysenko demostró la posibilidad de acelerar el ciclo vegetativo de las plantas, pudiendo obtener -en determinadas
condiciones- dos cosechas anuales donde antes sólo se podía lograr una sola. También sostuvo que entre los cereales
de invierno y los de primavera había un continuo de variedades intermedias y que su clasificación en una u otra
variedad no dependía sólo de la dotación genética de la misma sino también de las condiciones ambientales en que se
desarrollaran las plantas.

Al llevar a la práctica la vernalización, los investigadores de los koljoses y sovjoses cometieron numerosos errores de
método que Lysenko fue el primero en advertir, indicando el riguroso cumplimiento de una serie de requisitos
imprescindibles para poder llevarlo a la práctica con éxito. En su informe a la Conferencía soviética consagrada a los
problemas de la resistancia de los vegetales al invierno, el 24 de junio de 1934, y en la sesion científica del Instituto
de Genética de la Academia de Ciencias, el 6 de enero de 1935, rindió cuenta detallada los errores cometidos en los
experimentos de vernalización llevados a cabo en distintos lugares. Esas reuniones eran públicas y en ellas
participaron tanto científicos como especialistas de las cooperativas agrarias.

El agrónomo ucraniano inserta la vernalización en una concepción amplia del desarrollo de los vegetales que llamó
“teoría fásica”. Lysenko dividía el desarrollo de las plantas en una etapa vegativa y otra reproductiva, ambas
cualitativamente distintas. Diferenciaba el crecimiento (aumento de tamaño) del desarrollo, caracterizando a éste por
cambios cualitativos que, en ocasiones, no son observables aparentemente.

Antes se pensaba que la edad era el factor único del desarrollo, que estaba ya predeterminado por factores
hereditarios y, en consecuencia, que las etapas eran iguales e independientes del medio. A fines del siglo XIX Klebs
demostró que no era así y que el medio no actúa sobre el organismo de una manera directa sino a través de cambios
internos del propio organismo. Entre los factores ambientales, Klebs destacó especialmente la importancia de la luz.

La teoría fásica de Lysenko demuestra que su concepción no se puede calificar estrictamente de “ambientalista”
porque él situaba al desarrollo de la planta en el centro de su investigación. Él analiza los organismos vegetales en su
proceso de cambio. Cada fase sólo empieza cuando termina la anterior, cuando ha agotado sus posibilidades e inicia
un cambio cualitativo; cada fase requiere un determinado ambiente para que el organismo se desarrolle. A través del
organismo en proceso de cambio, Lysenko precisa el significado del término “ambiental”. Según el ucraniano bajo el concepto de medio se alude habitualmente a circunstancias muy diversas, de las cuales no todas tienen la misma
importancia. La operatividad de esas circunstancias depende el ciclo concreto en el que se encuentre la planta,
destacando la vernalización como la primera de ellas, y el fotoperiodismo como la segunda, de modo que si la temperatura es el factor dominante en la primera fase, la luz lo es en la segunda.

Como escribió Maximov, la teoría de la vernalización “representa un gran paso en el esclarecimiento de las leyes del desarrollo vegetal y suministra métodos útiles para dirigirlo en la dirección deseada” (49). En efecto, no se pueden saltar las etapas del desarrollo de las plantas pero sí se puede acortar la duración de su ciclo vegetativo. La vernalización permite eludir las sequías que padecen determinadas regiones a finales del verano y en el otoño; también en aquellas regiones frías cuyo verano es muy corto; finalmente, aumenta los rendimientos en cualquier
región que se practique.

La idea de “potencialidad” es otra de las aportaciones
significativas de Lysenko, directamente enfilada contra Vavilov y el determinismo genetista. El determinismo de Vavilov adoptó la forma de una supuesta “ley”, otra más, de las series homólogas cuyo fundamento está en la ineluctabilidad del desarrollo de los organismos. Según esa “ley”, el desarrollo es unilateral y viene impuesto por la dotación genética. Según Lysenko, esa “ley” contradice la biodiversidad. La dotación genética se puede inhibir en unos casos y reforzar en otros, en función de las circunstancias, y para demostrarlo parte precisamente de uno de los descubrimientos de Mendel: la existencia de unos caracteres dominantes y otros recesivos. Pero los genetistas se han limitado a constatar este hecho, dice Lysenko, sin llegar al fondo del problema que, según él, radica en la adaptación a las circunstancias ambientales. La existencia de dominancia, afirma Lysenko, demuestra precisamente la inconsistencia del ciego determinismo genético porque no es posible conocer de antemano qué rasgo va a prevalecer sobre el otro. El genotipo no es más que un punto de partida a partir del cual se va a desarrollar el organismo.

Genética y racismo

El debate suscitado por Lysenko en 1948 en la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas concentró durante una semana
entera al mayor número de científicos que se ha conocido nunca en ningún país, salvo en la URSS, donde tales
acontecimientos no eran infrecuentes.

Se tomaron actas taquigráficas del debate, se publicaron y se tradujeron a varios idiomas. Si se leen es fácil observar
que todas las intervenciones, tanto en uno como en otro sentido, fueron aplaudidas por cada grupo de partidarios, es
decir, que no fue el típico acto protocolario, hipócrita y formalista al que estamos acostumbrados en los países
capitalistas.

A lo largo de las semanas siguientes, “Pravda” fue publicando las intervenciones de diversos académicos en aquella
sesión. Como no interesará las que fueron a favor, diré que también publicaron las críticas a Lysenko en defensa de
las tesis genéticas formalistas los siguientes: A.Shebrak, B.Zavadovski, S.Alijanian, P.M.Zhukovski, L.Schmalhausen,
J.Poliakov, D.Kislovski, V.S.Nemchinov y J.A.Rapoport.
Varios millones de soviéticos pudieron conocer los puntos de vista de ambas partes y opinar al respecto. Esto no tiene
precedentes en la historia de la ciencia, absolutamente ninguno.

En cualquier caso es importante tener en cuenta que tanto en una como en otra corriente de la biología soviética
había científicos que se declaraban los verdaderos marxistas (y otros que no se declaraban marxistas en absoluto).

Por ejemplo, en 1945 el genetista soviético Jebrak publicó en la revista americana “Science” un artículo criticando las
teorías de Lysenko. En 1947, dos biólogos, Efroimson y Liubishev, se dirigieron al Comité Central por escrito
manifestando su desacuerdo con el lysenkismo. En abril del siguiente año se produjo un ataque de Yuri Zhdanov
contra Lysenko dentro –nada menos- que de la sección científica del Comité Central, lo cual nos ofrece una
perspectiva muy distinta del “caso Lysenko”, sobre todo si tenemos en cuenta quién era Y.Zhdanov: químico, hijo del
conocido dirigente comunista Andrei Zhdanov y yerno del mismísimo Stalin. Pocas semanas después, en agosto,
después del debate de la Academia, Yuri Zhdanov publica una autocrítica en la que reconoce que sus posiciones eran
equivocadas, pero sigue manteniendo su desacuerdo con Lysenko.

La propaganda imperialista sostiene que después del debate de 1948 la discusión se resolvió con decretos y represalias ordenadas por Stalin. Lo cierto es que las tesis de Lysenko siguieron siendo muy discutidas entre los científicos de la URSS. Los genetistas formales siguieron con las espadas en alto. Se agruparon en torno a la “Revista Botánica”, dirigida por V.N.Sujatsev, que se convirtió entonces en el principal crítico de Lysenko, secundado por otros científicos como N.V.Turbin y N.D.Ivanov (50).

Los mendelistas no fueron represaliados a causa de sus concepciones científicas. Por poner un ejemplo, Dubinin, uno
de los principales representantes de las tesis formalistas en la URSS, a quien Lysenko ataca en su informe de 1948,
publicó en 1976 (el año de la muerte de Lysenko) un artículo que está traducido al castellano y que se titula “La filosofía dialéctico-materialista y los problemas de la genética” (51), lo cual significa dos cosas: que el denostado
Dubinin seguía vivito y coleando y que en esencia seguía defendiendo sus tesis de siempre, las de Mendel, Weismann
y Morgan. A diferencia de Lysenko, Dubinin sí era militante bolchevique y el título del artículo también evidencia que
Dubinin defendía que las concepciones formalistas eran conformes a la dialéctica materialista.

La amplia polémica que se estaba desarrollando en la URSS contrasta poderosamente con la censura que el evolucionismo padecía en los países capitalistas, especialmente en Estados Unidos, donde en 1925 se celebró el llamado “juicio del mono” en el que el Tribunal Supremo de Tenesee condenó a un profesor por violar la ley Butler que declaraba ilegal enseñar cualquier teoría que negara la creación divina del hombre a partir de la nada que enseña la Biblia. La censura científica en Estados Unidos llega hasta nuestros días. Un profesor de química de la Universidad de Oregón, Ralph Spitzer, fue despedido en 1959 por enseñar las teorías de Lysenko en su aula. A la carta de despido el rector aportó como prueba un artículo de Spitzer en la revista “Chemical and Engineering News” defendiendo a Lysenko. El rector, según su propias manifestaciones, podía tolerar el error del profesor al impartir doctrinas equivocadas, pero en ningún caso podía admitir la divulgación de enseñanzas marxistas. Su carta de despido fue ampliamente difundida por toda la prensa estadounidense en primer plana. Spitzer había sido miembro de la asociación “Estudiantes por una Sociedad Democrática” y del Partido Progresista de Henri Wallace.

En una entrevista al biólogo Jan Sapp publicada por “Sciences et Avenir” los periodistas le comentan que las
observaciones que contradicen el neodarwinismo son antiguas, preguntándole seguidamente acerca de los motivos
por los cuales se han ocultado durante tanto tiempo. Sapp responde que ello se debe múltiples razones de tipo
político. Afirma que en los años cincuenta era peligroso hablar de herencia citoplasmática y del papel de la simbiosis
en la adaptación: “Abordar esas cuestiones suponía arriesgarse a pasar por lamackiano, o peor, por un discípulo del soviético Lysenko, es decir, por un comunista”. El propio Sapp confiesa que él mismo fue censurado en Estados Unidos
y tuvo que marcharse a trabajar a Canadá: “Cuando me interesé por esos grandes biólogos de la posguerra que habían trabajado sobre otros modelos diferentes del neodarwinismo, como Tracy Morton Sonneborn o Victor Jollos, ¡Se me acusó de comunista! Tuve que abandonar Estados Unidos y salir a Canadá, el único medio para mí de redescubrir los trabajos pioneros de esos sabios que habían huido del racismo de la Alemania hitleriana y que se metieron en una trampa por la intolerancia académica en su exilio americano” (52).

Como suele suceder en lo que concierne a la URSS, la historia ha sido vuelta del revés porque el denominado “caso Lysenko” no es un supuesto que demostraría censura allí imperante sino justamente lo contrario, la existencia de una amplia y libre discusión de ideas. Por lo demás quienes han dado la vuelta al asunto son los mismos que hasta la fecha de hoy pretenden mantener a la teoría de la evolución fuera del ámbito académico.

En la URSS se debatió abierta, pública y libremente sobre toda clase de asuntos, incluidos los científicos y nunca se
dejó de debatir acerca de ningún asunto en todos los ámbitos sociales, políticos y universitarios.

Stalin estaba muy interesado en la discusión sobre la genética, siguió el debate muy de cerca y aunque no existen
escritos suyos, en las reuniones siempre defendió las tesis evolucionistas de Lamarck, Darwin y Lysenko. En el diario
de V.Malishev, vicepresidente del gobierno en la época, hay una anotación con algunos comentarios suyos sobre Lysenko en los que dijo que era el continuador de Michurin, habló de sus defectos y de los errores que había cometido “como científico y como ser humano”, que había que supervisar sus experimentos, pero que también había que impedir su destrucción como científico porque eso significaba ponerlo en manos de los “shebrakianos”. Con esta designación Stalin se refería a A.R.Shebrak, un genetista formal que había dirigido en 1946 la sección científica del Comité Central.

Parece, pues, que en la polémica soviética nunca hubo un intento de liquidar al formalismo genetista sino que se
trataba justamente de lo contrario: de evitar que esa corriente aplastara a su contraria, la que encabezaba Lysenko.

De ese modo volveríamos a descubrir que la falsificación de la historia ha vuelto las cosas del revés, poniendo a las
víctimas en el lugar que corresponde a los victimarios.

No obstante, lo más importante es que aquella batalla ideológica contribuyó a frenar la proliferación de teorías
racistas y eugenésicas en la URSS. En realidad, detrás de las nuevas teorías y prácticas “científicas” de la genética
formal se escondía el racismo, que a comienzos del siglo XX se había convertido en la religión de los imperialistas.

Impulsado por la burguesía, el racismo se presentó como algo “científico” y “progresista”, como una aplicación natural
del conocimiento sobre la reproducción al campo de la sociedad y con el fin de mejorarla.

La biología nació como una ciencia taxonómica cuyo objeto era clasificar a las especies vivas. Cuando ese mismo
objetivo se impuso a la sociedad, la biología se convirtió en eugenesia, en el intento de clasificar (y por tanto de
dominar) a los hombres, de establecer diferencias entre ellos y, en consecuencia, justificar las políticas de desigualdad
social. La confusión entre la genética y la estadística (biometría) no es más que otra prueba de los mismo porque la
estadística es otra ciencia de la clasificación: establece una “media” y las “desviaciones” y “regresiones” que aparecen
a partir de ella (53). La biología está repleta de “monstruos” que rompen la norma de la especie, como la medicina de enfermos y la sociedad de “desviados”, de modo que unos son llevados a los laboratorios, otros a los hospitales y otros a los siquiátricos, a las cárceles o a los campos de concentración, lugares en los que se puede experimentar con ellos, practicar lobotomías, electrochoques o drogas. En unos casos la justificación es la enfermedad y la delincuencia, pero en otros es suficiente con la “peligrosidad social”. Entonces ni siquiera es necesario un juicio previo para encerrarles porque la sociedad actúa “por su propio bien”.

Una de las maneras de clasificar a las personas consiste en otorgarles una nacionalidad, cuyo fundamento, en los países del norte de Europa, es el “ius sanguinis”, el derecho de sangre, es decir, que son alemanes, por ejemplo, los
descendientes de padres alemanes, cualquiera que sea su lugar de nacimiento, cualquiera que sea el lugar donde residan, y aunque ignoren el idioma o la cultura de su país de origen. Según el pangermanismo, las fronteras del Estado deben extenderse hasta el lugar en donde se encuentren esos alemanes.

A estas aberraciones la genética ha contribuido con otra más: la creación de ”grupos de riesgo”, esto es, personas
normales aparentemente pero que portan genes defectuosos que los hacen propensos a enfermedades o comportamientos fuera de la norma. Ya hay pólizas de seguros y profesiones para las que se exigen pruebas genéticas previas.

La genética se está convirtiendo en una cuestión de política económica. Las deformaciones que se están difundiendo acerca de las enfermedades hereditarias (confundidas con las genéticas, las congénitas y las innatas) conducen a políticas eugenésicas. Aseguran que la mitad de los “deficientes mentales” son por causas genéticas.

Antiguamente la gente que padecía enfermedades hereditarias, como la diabetes, se morían jóvenes y no tenían descendencia. Pero ahora ya es posible curarlas, al menos en parte, por lo cual ya no se mueren como antes y transmiten sus genes
defectuosos a su descendencia. La sanidad generalizada no permite que opere la selección natural, es decir, que se
mueran los menos aptos, por lo que en los siglos futuros aumentarán las enfermedades genéticas. Además las
radiaciones, las drogas, la proliferación de productos químicos, los pesticidas, el napalm de Vietnam y las explosiones atómicas aceleran las mutaciones genéticas y crearán graves perturbaciones en la salud que se transmitirán de generación en generación provocando graves crisis médicas “para socorrer a una sociedad tiranizada por la
enfermedad y ayudar a millones de tullidos durante toda su vida” (54).

Uno de los detractores de Lysenko es Julian Huxley, nieto del conocido defensor de Darwin y miembro la “Sociedad Eugenésica” (o sea, racista) desde 1931, lo que no le impidió llegar a ser el primer Secretario General de la UNESCO en 1946. Escribió un libro contra Lisenko (55), y también cosas como ésta:

“Por grupo social problemático entiendo a esa gente de las grandes ciudades, demasiado conocida por los trabajadores sociales, que parece desinteresarse de todo y continuar simplemente su existencia desnuda en medio de una extrema pobreza y suciedad. Con demasiada frecuencia deben ser asistidos por fondos públicos, y se vuelven una carga para la comunidad. Desgraciadamente, tales condiciones de existencia no les impiden seguir reproduciéndose, y sus familias son en promedio muy grandes, mucho más grandes que las del país en su conjunto.

“Diversos tests, de inteligencia y de otro tipo, revelaron que tienen un C.I. [cociente intelectual] muy bajo, y que están genéticamente por debajo de lo normal en muchas otras cualidades, como la iniciativa, el interés y afán general exploratorio, la energía, la intensidad emocional y el poder de la voluntad. Esencialmente, no son culpables de su miseria e imprevisión. Pero tienen la mala suerte de que nuestro sistema social abona el suelo que les permite crecer y multiplicarse, sin otra expectativa que la pobreza y la suciedad”.

Como muestran estas afirmaciones, el racismo no era un problema étnico sino social. Las políticas racistas van
dirigidas contra los trabajadores y los sectores sociales oprimidos y marginados en su conjunto.

Los ataques contra Lysenko en la posguerra trataron de desviar la atención sobre las teorías seudocientíficas de los
imperialistas que habían conducido a los campos de concentración, a la eugenesia y la esterilización, no sólo en la Alemania nazi sino en Gran Bretaña, Estados Unidos, Suecia y otros países capitalistas. Sólo la URSS se había librado
de aquella repugnante plaga “científica”.

Los supuestos fracasos agrícolas de la URSS

La campaña propagandística reincide en los repetidos fracasos de los experimentos lysenkistas, que no se ciñen al
aspecto científico sino que se trasladan al económico. Lysenko sería así el responsable último de unas supuestas
malas cosechas, que a su vez causaron otras supuestas hambrunas, que a su vez causaron millones de muertos.

Tratándose de la URSS todo vale y siempre se mide por millones porque cualquier otra cifra no es noticiable. Ahora
bien, el decreto de 1917 que nacionalizaba la tierra, la colectivización, los koljoses y la política agraria soviética
acabaron con el secular problema del hambre en menos de diez años de revolución socialista. El problema de dar de
comer a los trabajadores (e impedir los estallidos revolucionarios) ha sido una preocupación hasta hace bien poco. En la URSS eso se solucionó en 1927, cuando se acabaron el paro y las cartillas de racionamiento. Esos éxitos contrastan poderosamente con la pavorosa situación en los países capitalistas más importantes, donde las masas padecían la miseria más espantosa. Se pretende trasladar a la URSS un problema como el hambre cuando por aquellas mismas fechas, en 1929, el capitalismo entraba en una de sus peores crisis económicas jamás conocidas.

Si pasamos a la situación económica de la posguerra, sólo encontramos menciones a Lysenko en el manual de Alec
Nove (56). Para Nove Lysenko era un charlatán pseudocientífico que triunfó “con ayuda de la máquina del Partido” imponiendo sus ideas en las granjas “al tiempo que se prescindía de los auténticos expertos en Genética”, una ciencia que fue “destruida”. Los bolcheviques pusieron a “pequeños Stalin” como éste al frente de cada rama de las ciencias y de las artes, afirma Nove, los cuales torpedearon los contactos con la ciencia mundial. Sin embargo, Nove no refiere ninguna muerte, ni habla tampoco de hambre; únicamente alude a la escasez de reservas alimenticias, lo cual hizo que se retrasara el racionamiento existente durante la guerra mundial. Tampoco Harry Schwartz refiere hambre ni
muertes (57). A pesar de las destrucciones de los campos y de los tractores causadas por la guerra y de la reducción
en un tercio del número de trabajadores koljosianos, las cosechas recuperaron casi inmediatamente el nivel de 1940.
Se enviaron a los koljoses más de 120.000 agrónomos y técnicos y se empezaron a roturar millones de hectáres de
tierras vírgenes. En 1958 se logró obtener un máximo, e incluso pudieron exportar trigo al extranjero.

Esta situación también contrasta con la de los países capitalistas, en donde aún en 1948 las masas pasaban hambre
en países como Alemania, por ejemplo, y por eso, para calmar el descontento, llegó el Plan Marshall desde Estados
Unidos. En la posguerra la agricultura capitalista comenzó a padecer los desastres ecológicos de la “revolución verde”
impuesta en todo el mundo por Rockefeller. El éxito de la agricultura soviética en la posguerra no necesitó de la
incorporación de la química industrial. Por eso Harry Schwartz pone de manifiesto el “retraso” que experimentaba la
URSS en la introducción de fertilizantes y pesticidas en la agricultura (58).

Desde el punto de vista científico, las concepciones de Lysenko tampoco constituyeron ningún fracaso. La agronomía,
como muchas otras materias, entre ellas la medicina, tiene mucho que ver con el arte, desde luego bastante más que
con las llamadas ciencias “exactas” (si es que existe alguna ciencia de esas características). El método de Lysenko era
empírico, basado en la prueba y el error, idéntico al del resto de los experimentos biológicos. De ahí que medio siglo
después de su informe hubo 280 intentos fracasados antes de lograr clonar a la primera oveja, intentos que comprometieron a un número mucho mayor de personal investigador y más medios técnicos. No obstante, en una ciencia mediática como la biología, los errores no son nunca noticia, salvo aquellos que tengan su origen en la agricultura soviética.

Esa concepción de la ciencia avanzando linealmente con sus velas desplegadas también es fruto de una ideología
burguesa basada en la competencia y el éxito. Los fracasados nunca cuentan, como si el éter o el flogisto nunca
hubieran sido concebidos por la física. Para que unos científicos avancen otros han debido errar y entrar en vías
muertas. En todo caso, el experimento fallido es tan importante como el fructífero y nadie ha dejado de ser reputado como científico por el hecho de haber fracasado.

En su informe de 1948 Lysenko dijo algo capaz de convencer a cualquiera: con los métodos michurinistas se han creado 300 nuevas variedades de plantas. Cualquiera que hubiera estado allí hubiera preguntado, ¿cuántas han creado los genetistas formales? La respuesta es: ninguna. Los primeros transgénicos se obtuvieron medio siglo después de que Lysenko leyera su informe.

Un discurso pronunciado por Lysenko en 1941 es bastante ilustrativo de la diferencia entre un país socialista y un país capitalista en materia de investigación científica: los norteamericanos realizan experimentos genéticos con moscas,
decía Lysenko, nosotros lo hacemos con patatas.

Hace bien poco, a finales de 1996, la revista “Nature Genetics” publicaba un artículo del genetista Dean Hamer
titulado “La felicidad heredable”. Se había gastado muchos millones, un laboratorio y un equipo de “investigadores”
trabajando durante años para descubrir el gen de la felicidad. El año anterior ya dijo en el mismo medio haber
descubierto el de la homosexualidad (59). Quizá lo que nos quieren decir es que, pase lo que pase, siempre van a ser
felices los mismos, es decir, que la felicidad también es hereditaria y que nunca lograremos nada con cambios
ambientales (sociales, políticos, económicos) sino que necesitamos terapia génica…

Los lysenkistas y el desarrollo de la genética

Los vergonzosos ataques contra Lysenko prostituyen hasta el ridículo sus tesis, que tratan de presentar como si
fueran incompatibles con los descubrimientos de la genética. Medvedev afirma que hubo una “negación integral de la
genética” (60). Lo cierto es que ni Lysenko ni la URSS se opusieron al desarrollo de la citología y la genética en los
centros educativos y en los laboratorios, de manera que, por ejemplo, la Sociedad de Naturalismo de Moscú siempre
se destacó en la defensa de los principios mendelistas.

Las aportaciones soviéticas en este terreno científico también son importantes. En 1926 S.S.Chetverikov creó la
genética de poblaciones demostrando que la expresión fenotípica de cada gen viene determinada por el “ambiente
genético” o complejo de genes con los que interactúa. En 1935 A.N.Belozersky logró aislar ADN en forma pura por
primera vez y dos años después N.P.Dubinin, enemigo de Lysenko, fue el primero en descubrir en una población de
moscas drosophilas al menos un dos por ciento de mutantes espontáneas. Las desinformaciones tampoco explican
que muchos genetistas tuvieron que trasladarse a continuar sus investigaciones en la URSS a causa de la gran crisis
de 1929 que acabó con los presupuestos para educación en Estados Unidos. Otros ya se habían instalado
anteriormente. Un conocido eugenista como Leslie Clarence Dunn viajó a la URSS en 1927 con una beca de
Rockefeller. También Hermann J. Muller, un discípulo de Morgan que presidió el Instituto de Genética de Moscú desde
1933 hasta 1937, fecha en la que vino a España como miembro de las Brigadas Internacionales. En una conferencia
impartida en Moscú en 1936 Muller estableció el puente que unió la química y la genética: el portador de la
información genética era un polímero compuesto por una serie aperiódica de subunidades.

El caso de Muller es bastante singular e ilustra sobre la verdadera situación de la genética en aquella época, ya que
recorrió todo el espectro ideológico imaginable. Su descubrimiento del efecto mutágeno de las radiaciones sobre los cromosomas en 1927 fue trascendental. Su manual “Principles of Genetics” tuvo una amplia difusión universitaria por todo el mundo y fue muy pronto traducido al ruso. Fue uno de los fundadores del Consejo Nacional de Amistad Americano-Soviética y presidente de la Sociedad Científica Americano-Soviética. Muller publicó varios artículos en la prensa soviética elogiando la colectivización agrícola y apoyando la investigacioón científica soviética.

En ellos criticaba el lamarckismo y defendía que la genética formalista era una aplicación del marxismo en biología. Pero
también era eugenista y acabaría militando en las filas del anticomunismo más salvaje. Muller creía que la Unión
Soviética era el Estado ideal para llevar a cabo experimentos eugenistas de mejora de la raza humana porque las
barreras de clase habían desaparecido. En mayo de 1936 le envió a Stalin un ejemplar de su libro “Out of the Night”
en el que defendía la eugenesia. En esa obra, lo mismo que en las conferencias científicas en las que intervino
mientras permaneció en la URSS, Muller sostuvo que la inseminación artificial entre los soviéticos podría asegurar la victoria del socialismo. Había que mejorar la dotación genética de la clase obrera y del campesinado para suplir su
inferioridad natural.

La genética soviética estuvo siempre estrechamente imbricada con la de los demás países del mundo. Sus científicos
formaron parte de academias e institutos de investigación de otros países, del mismo modo que existieron científicos
de otros países que formaron parte de las universidades y laboratorios soviéticos. Así el biometrista Chester Bliss, al
quedarse en el paro en Estados Unidos, se trasladó a Leningrado, donde trabajó de 1936 a 1937 en el Instituto
Botánico. En los libros soviéticos publicados no hay más que repasar la bibliografía y las citas para observar cómo los
avances de otros países también fueron conocidos por los científicos soviéticos, así como sus manuales, de los que
existen numerosas traducciones. Lo mismo cabe decir de los fondos bibliográficos disponibles en bibliotecas y
librerías.

Una de las acusaciones lanzadas en contra de Lysenko es su negativa a reconocer los genes, cuestión que él abordó
en varios textos con bastante claridad. A lo que él se oponía era a lo que algunos querían introducir bajo el concepto
de gen como partículas o corpúsculos de la herencia, y pone un ejemplo: no por negar que existan partículas o una
sustancia de la temperatura, se niega la existencia de ésta como medida de un estado de la materia: “Nosotros negamos que los genetistas, y con ellos los citólogos, puedan percibir un día los genes por el microscopio. Se podrá y se deberá discernir en el microscopio detalles cada vez más ínfimos de la célula, del núcleo, de los cromosomas, pero eso serán parcelas de la célula, del núcleo o del cromosoma, y no lo que los genetistas entienden por gen. El patrimonio hereditario no es una sustancia distinta del cuerpo, que se multiplica a partir de él mismo. La base de la herencia es la célula que se desarrolla, se transforma en organismo. Esta célula comporta unos orgánulos con fines diversos. Pero no hay en ella ninguna partícula que no se desarrolle, que no evolucione”.

Esta concepción no fue exclusiva de Lysenko sino que también puede encontrase en Oparin, quien desde el punto de vista del origen de la vida criticó la teoría de las mutaciones al azar:

“En el problema mismo del origen de la vida, muchos naturalistas continúan sosteniendo, aun después
de Darwin, el anticuado método metafísico de atacar este problema. El mendelismo-morganismo, muy usual en los medios científicos de América y de Europa occidental, mantiene la tesis de que los poseedores de la herencia, al igual que de todas las demás particularidades sustanciales de la vida, son los genes, partículas de una sustancia especial acumulada en los cromosomas del núcleo celular. Estas partículas habrían aparecido repentinamente en la Tierra, en alguna época, conservando práctica e invariablemente su estructura definitiva de la vida, a lo largo de todo el desenvolvimiento de ésta.

Vemos, por consiguiente, que desde el punto de vista mantenido por los mendelistas-morganistas, el problema del origen de la vida se constriñe a saber cómo pudo surgir repentinamente esta partícula de sustancial especial, poseedora de todas las propiedades de la vida.

“La mayoría de los autores extranjeros que se preocupan de esta cuestión (por ejemplo, Devillers en Francia y Alexander en Norteamérica), lo hacen de un modo por lo demás simplista. Según ellos, la molécula del gene aparece en forma puramente casual, gracias a una ‘operante’ y feliz conjunción de átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y fósforo, los cuales se conjugan ‘solos’, para constituir una molécula excepcionalmente compleja de esta sustancia especial, que contiene desde el primer momento todas las propiedades de la vida.

“Ahora bien, esa ‘circunstancia feliz’ es tan excepcional e insólita que únicamente podría haber sucedido
una vez en toda la existencia de la Tierra. A partir de ese instante, sólo se produce una incesante multiplicación del gene, de esa sustancia especial que ha aparecido una sola vez y que es eterna e inmutable.”

Está claro, pues, que esa ‘explicación’ no explica en esencia absolutamente nada. Lo que diferencia a todos los seres vivos sin excepción alguna, es que su organización interna está extraordinariamente adaptada; y podríamos decir que perfectamente adaptada a las necesidades de determinadas funciones vitales: la alimentación, la respiración, el crecimiento y la reproducción en las condiciones de existencia dadas. ¿Cómo ha podido suceder mediante un hecho puramente casual, esa adaptación interna, tan determinativa para todas las formas vivas, incluso para las más elementales?”

Los que sostienen ese punto de vista, rechazan en forma anticientífica el orden regular del proceso que infiltra origen a la vida, pues consideran que esta realización, el más importante acontecimiento de la vida de nuestro planeta, es puramente casual y, por tanto, no pueden darnos ninguna respuesta a la pregunta formulada, cayendo inevitablemente en las creencias más idealistas y místicas que aseveran la existencia de una voluntad creadora primaria de origen divino y de un programa determinado para la creación de la vida.

“Así, en el libro de Schroedinger ‘¿Qué es la vida desde el punto de vista físico?’, publicado no hace mucho; en el libro del biólogo norteamericano Alexander: ‘La vida, su naturaleza y su origen’, y en otros autores extranjeros, se afirma muy clara y terminantemente que la vida sólo pudo surgir a consecuencia de la voluntad creadora de Dios. En cuanto al mendelismo-morganismo, éste se esfuerza por desarmar en el plano ideológico a los biólogos que luchan contra el idealismo, esforzándose por demostrar que el problema del origen de la vida –el más importante de los problemas ideológicos- no puede ser resuelto manteniendo una posición materialista”.

El concepto de gen es uno de los fantasmas sobre los que se ha articulado la genética, su misma médula. No es extraño, por tanto, que mostrando sus lagunas algunos lleguen a pensar que el fundamento de esa ciencia naufraga.

Con el transcurso del tiempo y el denominado “descubrimiento” del genoma humano en 2000 es posible volver a establecer una evaluación acerca del concepto de gen. Sin embargo, a pesar del genoma, el mapa del tesoro, no sabemos lo que son los genes, no sabemos dónde están, no sabemos qué función cumplen, ni tampoco sabemos cuántos genes tenemos. Al principio estimaron que su número debía ser proporcional a la complejidad del organismo.

Empezaron a trabajar en el desciframiento de los genomas de los animales más simples. Una mosca tenía 13.000
genes; en diciembre de 1998 se secuenció el genoma de la lombriz intestinal: tenía 19.098 genes. La lombriz
intestinal está formada por 959 células, de las cuales 302 son neuronas cerebrales. Los humanos tienen 100 billones
de células en su cuerpo, incluidas 100.000 millones de células cerebrales. Por tanto, un organismo más grande y
complejo, como el ser humano, debía tener muchos más genes.

Calcularon que 750.000 genes era un número razonable para el hombre. Pero pronto empezaron a bajar la cifra. Randy Scott, director científico de Incyte Genomics, pronosticó en septiembre de 1999 que el hombre tendría exactamente 142.634 genes. Para descifrar el genoma humano se formaron dos equipos. Uno de ellos, dirigido por Craig Venter de la empresa Celera Genomics, encontró 26.383 genes codificadores de proteínas y otros 12.731 genes “hipotéticos”. El otro equipo dijo que existen aproximadamente 35.000 genes, aunque posiblemente la cifra podía acercarse a 40.000. Por tanto, aunque se había secuenciado el genoma los datos no cuadraban; en realidad, no había tales datos. El baile de cifras acerca del número de genes del hombre nunca ha cesado y los continuos cambios se hacen sin dar explicación alguna. Cada genetista lanza su cifra en las entrevistas periodísticas pero no explica los criterios que utiliza para contar los genes y, en consecuencia, también es incapaz de indicar en dónde están localizados (si es que están localizados en alguna parte).

Lo peor de toda esta patraña es que sólo tenemos el doble de genes que una lombriz intestinal. Con un número tan modesto de genes los genetistas deben explicar –si es que pueden- la enorme complejidad del ser humano.

En fin, no sabemos qué es un gen, para qué sirve, cuántos hay, ni, menos aún, dónde están localizados. De cualquier
modo, parece evidente que, de una manera solapada, el concepto de gen empieza a perder terreno y se comienzan a
utilizar expresiones como cistrones, supergenes, intrones, exones, operones y otras. Hay genes formados por unos
pocos miles de pares de bases y genes de millones de pares de bases, sin intrones, con unos pocos, o con muchos
intrones dentro. Hay genes con genes dentro, otros que codifican una proteína, están repartidos en trozos dispersos
por el genoma. Hay proteínas codificadas por varios genes independientes, y también un mismo gen (una misma
secuencia) tiene significados diferentes según la posición que ocupe en el genoma. Por otra parte, hay genes que
pueden codificar proteínas distintas (lo que se conoce como “splicing” alternativo), y hay genes que regulan a otros
genes. Finalmente (por el momento) los genes pueden leerse de formas diversas, en distintas posiciones, en diferentes direcciones y en distintos niveles…

La postura de Lysenko acerca de la genética la expuso él mismo en varias ocasiones, otorgándole una importancia
capital puesto que la selección artificial debía fundamentarse en ella. Entre otras, en la sesión de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de 23 de diciembre de 1936 dijo lo siguiente:

“Nuestros contradictores declaran que Lysenko repudia la genética, es decir, la ciencia de la herencia y
de la variabilidad. Es falso. Nosotros luchamos por la ciencia de la herencia y de la variabilidad, lejos de
repudiarla.

“Nosotros combatimos diversas tesis de la genética, tesis erróneas y totalmente imaginarias. Nosotros
luchamos para que la genética se desarrolle sobre la base y sobre el plan de la teoría darwiniana de la evolución. Nosotros debemos asimilar la genética, que es una de las ramas más importantes de la agrobiología, debemos reconducirla con la ayuda de nuestros métodos soviéticos a lo más alto y lo más completamente posible, en lugar de adoptar pura y simplemente numerosos principios antidarwinistas que están en la base de las tesis fundamentales de la genética.

“Nadie entre nosotros sueña con negar los brillantes trabajos de la citología que han hecho progresar nuestro conocimiento de la morfología de la célula, y sobre todo el núcleo; nosotros estimulamos sin reservas esos trabajos […] Son ramas del saber indispensables que acrecientan nuestros conocimientos”.

Es, pues, obvio que la lucha de Lysenko no se entabló contra la genética sino contra toda la amalgama de concepciones oscurantistas que pretendían introducirse junto con ella. Pero los mendelistas no conciben una genética sin la interpretación que ellos ofrecen de Mendel. La genética se confunde con Mendel lo mismo que la sicología con
Skinner. Cualquiera que critique el conductismo también niega la sicología. No obstante, ni siquiera la crítica del mendelismo es una crítica de Mendel, por lo que las versiones difundidas en los países capitalistas no pueden calificarse más que de una manipulación vergonzosa.

Si el lysenkismo era tan contrario al progreso de la ciencia, si retardó tanto el avance de la genética, alguien debería
explicar cómo es posible entonces que el biólogo británico J.D.Bernal, un defensor de Lysenko, esté considerado como
el fundador de la genética molecular en su país. Cabe reseñar también que, lo mismo que en la URSS, mientras un
militante del Partido Comunista como Bernal defendía a Lysenko, otro militante, J.B.S.Haldane, también biólogo,
defendía todo lo contrario.

Pero el lysenkismo no fue sólo un fenómeno soviético. Uno de los muchos países en los que las tesis de Lysenko
tuvieron más aceptación fue China y el primer cultivo transgénico se creó en 1992 en aquel país asiático. Era una
planta de tabaco a cuyo genoma se le añadió un gen de resistencia para el antibiótico kanamicina. En 1999 el
Instituto de Genética Médica de Shanghai creó el primer ternero probeta transgénico utilizando las mismas técnicas
que se emplearon en la obtención de la oveja clónica Dolly tres años antes.

Timofeiev-Ressovski, un genetista en el gulag

Nikolai V.Timofeiev-Ressovski (1900-1981) fue uno de esos científicos que resumieron en su biografía la historia de un
siglo convulso. Referir algunos aspectos de su personalidad puede ayudar a comprender aspectos importantes de la
ciencia y de los científicos soviéticos.

Nació en Kaluga y comenzó sus estudios universitarios en Moscú en 1916, donde se convirtió en un seguidor de
Kropotkin. En 1918 se unió a una pequeña unidad de la caballería anarquista para luchar en la guerra civil, el “Ejército Verde”, es decir, que no se integró en el Ejército Rojo hasta el año siguiente. Entonces Timofeiev-Ressovski luchó en Crimea y en el frente polaco.

En 1920 se incorporó como investigador de biología experimental en Moscú bajo dirección de N.K.Koltsov y a partir de 1922 enseñó zoología en la Facultad Biotécnica de la capital en un departamento dirigido por Serguei S. Chetverikov, el fundador de la genética de poblaciones.

En 1924 el siquiatra y neurofisiólogo alemán Oskar Vogt visitó Moscú. Era director del Instituto Káiser Guillermo III de Investigación del Cerebro de Berlín. En virtud del tratado de Rapallo entre Alemania y la URSS, Vogt trataba de
reclutar investigadores soviéticos en el campo de la genética para su Instituto en el marco de un intercambio científico
entre ambos países. A cambio, los alemanes crearían un instituto de investigaciones del cerebro en Moscú. Vogt
entabló buenas relaciones con el ministro de Sanidad soviético Nikolai A. Semashko, que fue quien recomendó a Vogt
que se pusiera en contacto con Timofeiev-Ressovski para el laboratorio de genética de Berlín. Así, en el verano de
1925 Timofeiev-Ressovski, en compañía de Serguei R. Zharapkin, se trasladó a trabajar a Berlín. La estancia duró 20 años, hasta que el Ejército soviético entró en Berlín, poniendo fin a la II Guerra Mundial.

En 1929 Timofeiev-Ressovski fue nombrado director del Departamento de Genética Experimental del Instituto Káiser
Guillermo III que al año siguiente, gracias al dinero de la Fundación Rockefeller, cambió su sede e inauguró nuevas
instalaciones cerca de Berlín.

En el Departamento, Timofeiev-Ressovski dirigía un amplio equipo multidisciplinar, parcialmente compuesto por
investigadores soviéticos y de varias nacionalidades europeas. En dicho equipo estaba su mujer Elena Alexandrovna,
el mencionado Zharapkin, los físicos y biólogos radiactivos Alexander Katsch y Karl Zimmer, el radioquímico Hans-
Joachim Born y la asistente técnico Natasha Kromm. Además, Timofeiev-Ressovski colaboró muy estrechamente con
el químico nuclear Nikolaus Riehl, director científico de la corporación industrial “Auergesellschaft” y con el biofísico
Max Delbrück. Conjuntamente con el genetista franco-ruso Boris Efrussi y con el dinero de la Fundación Rockefeller,
Timofeiev-Ressovski organizó una conferencia anual de genética biofísica y radiológica.

En 1932 participó en el VI Congreso Internacional de Genética celebrado cerca de Nueva York, donde trabó una
estrecha amistad con Vavilov, entonces presidente de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de la URSS.

Cuando en 1939 Alemania invade Polonia, todos los ciudadanos soviéticos residentes en el país fueron internados en
campos de concentración. No sucedió lo mismo con Timofeiev-Ressovski. Sus investigaciones encajaban a la perfección tanto con el régimen nazi como con la política científica de la Fundación Rockefeller. Sus resultados más conocidos resultaron de su colaboración con Max Delbrück en Berlín en 1934, con quien colaboró hasta que en 1937, becado por Rockefeller, Delbruck se fue a trabajar con Morgan a California.

El equipo de Timofeiev-Ressovski en Berlín seguía los pasos establecidos por el descubrimiento de Muller en California
de los efectos genéticos de las radiaciones, en donde las aportaciones de los físicos eran tan importantes como las de
los genetistas. Con Delbrück Timofeiev-Ressovski firmó el artículo “Sobre la naturaleza de las mutaciones y la
estructura del gen” en el que explicaba las mutaciones genéticas producidas por radiaciones, lo que condujo a
modelar el comportamiento genético en base a la mecánica cuántica. El artículo inspiró todas las investigaciones
posteriores sobre la aplicabilidad de la teoría de la información a la genética. A partir de diferentes intensidades de fuentes de energía, Timofeiev-Ressovski determinó el número de mutaciones inducidas en la mosca de la fruta.

Con la llegada de Hitler a la cancillería en 1933, las relaciones germano-soviéticas se deterioraron. En 1937 le
propusieron a Timofeiev-Ressovski abandonar Berlín y regresar a la URSS, pero rechazó la invitación, permaneciendo
en Alemania y prosiguiendo sus investigaciones en un área tan sensible, sin ser jamás molestado por la Gestapo ni
por las SS. Esta circunstancia es bastante sorprendente porque su amigo Oskar Vogt fue inmediatamente detenido en
su Instituto e interrogado por las SA (Sturmabteilung). Vogt fue denunciado por un fisiólogo del Instituto que se había
incorporado al partido nazi y declaró que Vogt financiaba al partido comunista y mantenía vínculos con la URSS.

En 1943, durante la guerra mundial, el hijo mayor de Timofeiev-Ressovski, Dimitri, estudiante de la Universidad
Humboldt de Berlín, fue detenido por la Gestapo acusado de formar parte del Comité de Berlín del Partido bolchevique
y de mantener contacto con los presos soviéticos de los campos de concentración. Fue enviado al campo de
Mathausen y fusilado por la Gestapo el 1 de mayo de 1945, poco antes de finalizar la guerra.

Casi al mismo tiempo su padre era detenido en Berlín por las tropas soviéticas pero fue puesto en libertad inicialmente y pudo continuar su trabajo en el Instituto Káiser Guillermo III, del que fue nombrado director. Timofeiev-Ressovski era un reputado radiobiólogo, uno de los pocos especialistas mundiales justo en un momento en que la primera bomba atómica fue ensayada sobre seres humanos en Japón. Igor V. Kurchatov, que dirigía el proyecto atómico soviético, le visitó en Berlín. Sin embargo, volvió a ser detenido el 14 de sertiembre por el NKVD, juzgado y condenado por traición y colaboración con el enemigo a diez años de trabajos forzados.

Después de dos años de reclusión ociosa, Timofeiev-Ressovski fue enviado a trabajar al Laboratorio B en Sungul, que
formaba parte del complejo penitenciario Sharashka al que eran deportados los científicos y especialistas. En su
condición de preso obligado a trabajar, encabezó la división biológica del campo de prisioneros, dirigió el laboratorio
radiológico e impartió conferencias.

Medvedev, que tergiversa los hechos, afirma que Timofeiev-Ressovski sólo pudo ser liberado a la muerte de Stalin
(61). Lo cierto es que lo fue porque había cumplido su condena, tras lo cual desplegó una gran actividad por toda la
URSS en defensa de sus concepciones genetistas. En Sverdlovsk organizó un departamento de radiobiología para la
sección de los Urales de la Academia de Ciencias y, en plena era lysenkista, fundó una estación experimental junto al
lago Miassovo sobre genética poblacional, de la que Medvedev se permite la licencia de decir otra de sus falsedades:
que fue “el primer centro científico consagrado al estudio de la genética después de la prohibición de 1948” (62). En
aquel departamento había otros dos laboratorios de radiobiología genética, uno celular, dirigido por V.I.Korogodin, y otro molecular, dirigido por Medvedev. Éste le considera “nuestro jefe”, el “jefe de filas de una vasta escuela de biólogos soviéticos”. Numerosos estudiantes acudían de todas partes a escuchar sus lecciones y viajaba por todo el país dando conferencias. Todos los veranos organizaba cursillos de genética para los militantes del “Komsomol”, las juventudes comunistas, en los alrededores de Moscú. Nunca pudo volver a abandonar la URSS y tampoco fue rehabilitado de su condena hasta que en 1991 se disolvió el
país (63).

Los ataques contra Lysenko fuera de la URSS

Que una sola mano movió los hilos de la campaña de linchamiento parece evidente cuando se comprueba que
Lysenko no copó las primeras páginas de la prensa sólo en Estados Unidos, o en Inglaterra o en Alemania, sino que se
trató de un fenómeno internacional bien orquestado. Tan importante como la cantidad fue la calidad de la campaña.

Para dar cuenta del informe de Lysenko a la Academia el diario “Los Angeles Times” tituló su portada “La aplicación
del marxismo al crecimiento de los tomates” el 25 de agosto de 1948. Del tono de la misma da una idea el hecho de
que el genetista Dobzhansky calificara a Lysenko de “hijo de puta”, y de su obra “La herencia y su variabilidad”, que
Dobzhansky tradujo al inglés, dijo que era un “excremento”.

No bastaron los engaños y las tergiversaciones sino que
era necesario el sensacionalismo y la chabacanería más groseros. Así se ponía de manifiesto que no era una errónea
tesis científica lo que se estaba criticando sino que subyacía un problema de clase, un racismo social y un odio feroz hacia el socialismo. También se ponía de manifiesto el carácter partidista y beligerante de los científicos burgueses
que en ella colaboraron, cuyo entusiasmo estuvo movido, más que nada, por motivos lucrativos. A ellos la defensa de
unas determinadas concepciones científicas les traía sin cuidado; eran mercenarios.

Dobzhansky debía sentirse especialmente frustrado porque Lysenko había sido alumno suyo. ¿Un caso de mal
aprendizaje o de enseñanza defectuosa? ¿De envidia quizá? Lo más probable es que Dobzhansky debiera eterna gratitud a su amo Rockefeller que le pagó el billete de ida a Estados Unidos. Probablemente se sentía frustrado porque Hitler no había logrado el propósito que perseguía cuando invadió la URSS en 1941, como Dobzhansky había pronosticado. También pronosticó que se establecería un gobierno fascista en Estados Unidos, y falló. ¿En qué acertó Dobzhansky? El ucraniano era un científico del mismo corte que Huxley; dos años antes de lanzarse a la campaña, cuando ya se conocían las atrocidades nazis había escrito un libro titulado “Herencia, raza y sociedad” para dar una
nueva fundamentación al concepto de raza, que ya no debía establecerse sobre consideraciones antropológicas sino
genéticas. La obra de Lysenko era un excremento, pero ¿cómo calificar la de Dobzhansky?

Lysenko fue un agrónomo influyente también fuera de la URSS, en países tan diferentes como México o Francia, país
éste en el que llegó a crearse una “Sociedad de Amigos de Michurin” dirigida por el biólogo Claude Charles Mathon.
Fueron numerosos los filósofos y científicos que apoyaron sus investigaciones, entre ellos Georg Lukacs (“La
destrucción de la razón”, 1953), Robert Boudry, Roger Garaudy (“La lutte idéologique chez les intellectuels”, 1955),
Jeanne Lévy, hija de Dreyfuss y primera catedrática de medicina en Francia, Jean Toussaint Desanti, George Bernard
Shaw y otros.

Cuando en 1948 estalla el “caso Lysenko” en Francia existía una corriente en biología muy distinta que en Inglaterra,
la cuna de la genética. De hecho, los cien años de historia de la biología que van desde el “Origen de las especies” en
1859 al debate de 1948 son diferentes en Francia y en Inglaterra y no solamente en la biología sino en las prácticas
políticas que de ellas se derivaron.

La campaña internacional en su contra desplegada en plena fría tenía como objetivo erradicar esa influencia e
imponer las tesis genetistas y racistas propias de las culturas seudocientíficas germánicas y anglosajonas. No parece
ninguna casualidad que el racismo y la eugenesia hayan predominado precisamente en esos dos bloques culturales.

A diferencia de Inglaterra y Alemania, en Francia Lamarck estaba sólidamente instalado en la biología. Además, a
mediados del siglo XIX allí predominaban las tesis de Pasteur, que reforzaban las posiciones lamarckistas en biología por la incidencia del medio ambiente en el organismo a través de factores externos como virus y bacterias.

Como consecuencia de ello, en Francia existió toda una corriente francamente opuesta a las tesis mendelianas que no
se dio en los países del eje germánico-anglosajón. Hasta 1945 la universidad de la Sorbona no tuvo una cátedra de
genética, casi medio siglo después de Rusia. Ese “retraso” en integrar los postulados genetistas germánicos y
anglosajones es lo que favoreció que en Francia el racismo no tuviera la misma intensidad que en otros países
capitalistas.

En un contexto científico como el francés, Lysenko no sólo no era un extraño sino que encajaba como un guante en la
mano. Por eso la extraordinaria campaña contra Lysenko en Francia también fue una campaña contra la influencia de
Lamarck y Pasteur, una batalla por sustituir las influencias científicas autóctonas por otras de origen foráneo.

Todo comenzó el 26 de agosto de 1948 con un artículo provocador de Jean Champenois en “Lettres françaises” con un
título aparentemente neutral: “Un gran acontecimiento científico: la herencia ya no está dirigida por factores
misteriosos”. Sin embargo, el texto abundaba en las fórmulas de la época: persecución de las ideas científicas,
imposición forzada desde el partido y el gobierno de las concepciones biológicas, etc.

Al mes siguiente toma el relevo el diario “Combat” que abre una tribuna en primera página dedicada al asunto bajo el
título “¿Mendel… o Lysenko?”, con un subtítulo engañoso que prefiguraba el tono de la polémica: “¿Han ido
construyéndose las ciencias de la herencia sobre un error desde hace 200 años?”. Pero “las ciencias de la herencia” no
tenían 200 años sino apenas la cuarta parte de esa edad, lo cual era un calculado error de bulto para dar la impresión
de que Lysenko estaba enfrentado a toda la historia de la biología, a sus mismos fundamentos. En sucesivos números
aparecieron las aportaciones de Jean Rostand, Jacques Monod, Marcel Prenant y otros. En “L’Humanité”, órgano del
partido comunista francés, George Cogniot replicó a Champenois, de modo que el desarrollo de la polémica, lo mismo
que en la URSS, entrará dentro de la filas del propio partido comunista. En febrero de 1949, en una reunión de
intelectuales comunistas en Paris, Laurent Casanova se enfrenta a su camarada y biólogo Marcel Prenant, cuyas
posiciones eran eclécticas y defiende la errónea concepción según la cual existen dos tipos diferentes de ciencia según
su origen de clase. Al siguiente año en la revista comunista “La Nouvelle Critique” aparece un manifiesto firmado por Laurent Casanova, Francis Cohen, Jean Toussaint Desanti y Raymond Guyot defendiendo la tesis de las “dos ciencias”, que no fue abandonado por el PCF hasta 1953.

El caso de Rostand es un prototipo del lamentable papel jugado por determinados científicos arrastrados por los pelos
a la arena de un debate que les desbordaba. En 1948 Rostand confiesa que participa en la polémica sin haber leido
los términos de la misma, lo cual no parece muy propio de un científico. Eso no le impide diez años después volver a
la carga contra Lysenko y Lepechinskaia (64), pero esta vez con el tono completamente cambiado. La agresividad es
ahora la nota dominante. ¿Se ha informado mejor esta vez? Es imposible decirlo, aunque lo cierto es que sigue sin
citar ninguno de sus escritos, lo cual no le impide lanzar toda clase de insultos: fanáticos, delirio científico,
politización, intoxicación doctrinal e ideológica, verdad de Estado, etc. Rostand no explica los motivos de su giro. Su
caso es un buen ejemplo de un científico que afirma que “cualquier ideología es mala consejera para el investigador” y, sin embargo, escribe al dictado de las circunstancias que, diez años después eran más desfavorables para Lysenko. Basta ojear su libro para comprender que, o bien sigue sin conocer los escritos de Lysenko, o bien los falsea a su gusto. Rostand escribió numerosos libros de divulgación científica y en casi todos menciona el asunto de Lysenko, pero debería haber reservado un capítulo de su libro sobre las seudociencias para sí mismo.

Los peones de Rockefeller en París

Después de la II Guerra Mundial, en toda Europa los estadounidenses imponen sus concepciones de la misma manera
que sus armas nucleares y su sistema monetario. La ciencia no marcha separada de la fuerza bruta, como han
demostrado las investigaciones de John Krige, la más reciente de las cuales se titula “La hegemonía americana y la
reconstrucción de la ciencia en la Europa de la posguerra” (65). La ciencia de la posguerra formó parte del Plan
Marshall, de modo que unos científicos cobraban en dólares mientras otros apenas podían sobrevivir. Por ejemplo, el
CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear) fue un proyecto estadounidense destinado a evitar que los
investigadores europeos resultaran atraídos por la URSS.

Además, en 1945 existía un gran número de científicos
comunistas de enorme prestigio en el continente cuya influencia había que neutralizar. En Francia el CNRS (Centro
Nacional de Investigaciones Científicas)
estaba dirigido por Georges Teissier que reunía en su persona todas las
contradicciones del momento: militante del PCF, cuñado de Monod y partidario del mendelismo. Por su parte, el
Instituto de biología físico-química había sido fundado por Rothschild en 1927 y financiado por Rockefeller desde los
años treinta del pasado siglo.

En 1948, con dinero de Rockefeller, compran unos solares cerca de París, levantan los edificios, instalan los
laboratorios y también aportan su equipo de científicos incondicionales, formados en California junto a Morgan y sus
moscas. En Francia no se encuentran genetistas que no estuvieran becados por su fundación; Philippe L’Héritier
(1906-1990) fue otro de ellos. Uno de los más importantes genetistas de la posguerra francesa fue el judío Boris Efrussi.Nacido en Moscú, Efrussi (1901-1979) había huido de la revolución dos años después de que estallara, instalándose
en Francia, desde donde se trasladó a California en 1934 para trabajar con Morgan becado por Rockefeller. Luego regresó a Francia para impulsar allá las nuevas teorías genetistas. En 1958 el laboratorio de Efrussi se convirtió en el Centro de Genética Molecular. Por lo demás, Efrussi fue el primer catedrático de genética de la Sorbona.

Rockefeller movía los hilos de la ciencia en Europa. Además de mercancías, Europa importaba la ideología de Estados
Unidos, caracterizada por el reduccionismo y el mecanicismo más groseros. A comienzos de los años cincuenta Paul
Zamecnik logró identificar los ácidos del núcleo de las células utilizando las técnicas físicas de partículas radiactivas.

Las marcaba mediante isótopos radiactivos, las centrifugaba y luego las detectaba mediante los contadores Geiger
utilizados para medir la radiactividad. Al respecto ha escrito Santesmases:

Los desarrollos tecnológicos que se habían producido al amparo de la guerra marcaron las pautas de su aplicación en las investigaciones sobre las ciencias de la vida, por medio de esas políticas que se diseminaron por Europa a través de la oficina económica del Plan Marshall, la OECE -luego OCDE-. Las nuevas tecnologías hicieron algo más que eso, no sólo se diseminaron técnicas, instrumentos y sistemas experimentales en vías de diseño provistos de nuevos dispositivos, diseminaron su propio lenguaje. El ADN se convirtió en un idioma, y esto fue así porque la biología molecular asumió como propio el que se había creado para nombrar a los productos del cálculo automático, que produjo máquinas capaces de acumular información y transmitirla. La investigación biomédica experimental se encontró con una visión del organismo y de las moléculas como almacenes de información y sistemas de recuperación de esa información. Gracias al desarrollo de la cibernética, de los ordenadores y de las tecnología de la información nuevas máquinas generaron nuevos lenguajes que se adaptaron al creciente conocimiento genético incluso antes de la descripción de la estructura de hélice doble de la molécula de ADN por James Watson y Francis Crick in 1953. El matemático húngaro emigrado a Estados Unidos, John von Neumann, el también matemático del Massachusetts Institute of Technology Norbert Wiener y el fisiólogo de Harvard Claude Shannon contribuyeron a introducir el lenguaje de esas nuevas tecnologías en el vocabulario de las ciencias de la vida desde la inmediata posguerra. Von Neumann escribió un artículo en que describía a un autómata autorreplicante, una máquina que podría construir otra igual a sí misma si disponía de instrucciones. El mecanicismo resultaba nuevamente alimentado por el desarrollo técnico y aplicado a las interpretaciones sobre los fenómenos vitales […]

Los contactos personales de von Neuman y Wiener con experimentadores de la biología y la fisiología se
encargaron de adoptar tan sugerente exposición de lo que hoy ha llegado a aceptarse como el funcionamiento de los genes.

Ellos llevan escrito el libro de la vida, almacenan la información genética que con algunas sustancias capturadas del medio le permitirían reproducirse y sintetizar otras que darían lugar al organismo completo. Francis Crick usó este lenguaje por primera vez en 1957, cuando se refirió al flujo de información genética del ADN a las proteínas y forma parte hoy del vocabulario (idioma) habitual de la biología molecular y de la genética. Fueron los instrumentos técnicos matemático-físicos los que aportaron ese lenguaje y lo convirtieron a su vez en generador de pensamiento y de nuevos experimentos (66).

Hubo varios científicos franceses que se prestaron a esa campaña imperialista contra Lysenko, el más conocido de los
cuales en la actualidad es Jacques Monod. Él fue uno de los principales introductores de la genética formalista en
Francia en la posguerra mundial. Con contribuciones políticas de esa naturaleza no es de extrañar que le concedieran
el premio Nóbel de Medicina en 1965.

Monod fue un clon científico surgido de la factoría que Rockefeller, Weaver y Morgan tenían en Pasadena. Su madre
era norteamericana y él desde 1936 tuvo una beca de la Fundación Rockefeller y trabajó en el laboratorio de Morgan.
Monod es uno de los apóstoles del micromerismo, de la “cibernética microscópica” y de lo que él califica de “método analítico”. Como para Weaver, para Monod las personas somos “máquinas químicas” (67).

En 1948 los imperialistas necesitaban a personajes como Monod en Francia, entonces un desconocido, para imponer
sus concepciones genetistas. Monod trasladará el mecanicismo de Wiener y Weaver desde Estados Unidos a su
“filosofía natural de la biología” en Francia y en tal condición estuvo entre los científicos que se prestaron a colaborar en la campaña de linchamiento contra Lysenko desde la revista “Combat”. En 1970 se publica su libro “Azar y
necesidad” (subtitulado “Ensayo sobre la filosofía natural de la biología moderna”), en donde ataca al marxismo
después de caricaturizar y tergiversar sus postulados. Ese mismo año, además de su libro, también escribió el prólogo
para la traducción al francés de la obra de Jaurés Medvedev contra Lysenko.

El nombre de Monod está estrechamente relacionado con el del judío François Jacob, autor del libro “La lógica de lo
viviente”, en donde defiende idénticas posiciones micromeristas y reduccionistas: “Toda la naturaleza se ha convertido en historia, pero una historia en la que los seres son la prolongación de las cosas y en la que el hombre se sitúa en el mismo plano que el animal” (68).

En Francia la guerra contra Lysenko no se ha agotado nunca. Otro anticomunista feroz, Denis Buican, rumano exiliado
en Francia, también biólogo, tiene también publicados dos libros contra Lysenko, contra el que abrió varias campañas
en las universidades de su país.

Otro de los más conocidos ataques contra Lysenko es el que lanzó en 1976 del judaico filósofo Dominique Lecourt, un discípulode Althusser, quien le prologó su libro. La diferencia entre Lecourt y cualquier otro crítico de Lysenko es que élpretendía hacerse pasar por marxista, igual que su padrino Althusser. Otra diferencia importante es que Lecourt noescribe al dictado de los imperialistas sino de los revisionistas soviéticos. Fueron ellos los que en la época de Breznev le encargaron la redacción de su libro dentro de la campaña de desestalinización y de crítica del “culto a la
personalidad”. A pesar de su éxito en determinados medios seudomarxistas, el libro de Lecourt, como él mismo
reconoce, no aporta nada nuevo. Se apoya en la obra de Medvedev (69) y Joravsky (70) y resulta tan incalificable
como ambas.

Un sedicente “marxista” como Lecourt pone el acento de su crítica contra Lysenko en las afirmaciones de éste acerca
de la existencia de dos ciencias. Ésta era una manera incorrecta de plantear la polémica por dos razones
fundamentales. La primera porque daba a entender que sólo existían dos bandos en liza, lo cual era erróneo y suscitó
quejas por la adscripción de unos y otros en la facción que consideraban que no les correspondía. Pero sobre todo,
había una segunda razón, la más importante: porque pretendía la existencia de una ciencia burguesa y una ciencia
proletaria. No obstante, era una expresión muy característica entre los marxistas en aquella época, consecuencia de
la influencia del empiriocriticismo y de “proletkult”. Así por ejemplo, también se puede observar en enemigos de
Lysenko, como Zavadovski. Lo que diferencia a Althusser y su discípulo Lecourt de Lysenko y de los verdaderos
marxistas es que ellos no separan la ideología de la ciencia y, en consecuencia, reconocen la lucha ideológica dentro
de la ciencia y desenmascaran el oscurantismo y la superchería que la burguesía trata de pasar de contrabando bajo etiquetas aparentemente científicas. No existen dos ciencias diferentes; la ciencia no tiene una naturaleza de clase, pero Lysenko y Stoletov hablaban con propiedad cuando se refería a “dos tendencias” opuestas dentro de la biología.
Ese es el sentido exacto de su concepción y no lo que Lecourt pretende.

A los revisionistas no les gustó nunca Lysenko porque su política fue la de claudicar y hacer concesiones, tanto en el
terreno político como en el ideológico. Como en el caso de Stalin, Lysenko les sirve para encubrir el fracaso de sus
reformas económicas. La cosecha máxima de 1958 nunca pudo ser igualada y a partir de 1964 comenzaron las importaciones de trigo desde Estados Unidos y Canadá. Ahora bien, si los éxitos agrícolas no tuvieron su origen en Lysenko, tampoco podemos pretender atribuir los fracasos al comienzo de su linchamiento sino a la desorganización introducida por las reformas de Jrushov y, muy especialmente, a la privatización de los medios de producción agrícolas. Pero no está de más comprobar que ambos acontecimientos coinciden en el tiempo.

Es un fenómeno que no sólo se experimenta en la URSS sino en todos los países del este. Cuando en 1959 la República Democrática Alemana establece el Premio Darwin, todos los galordanes son acaparados por los genetistas formales: Chetverikov, Schmalhausen, Timofeiev-Ressovski y Dubinin.

En 1965 en Checoslovaquia, con ocasión del primer centenario de la publicación de los escritos de Mendel, fue
recuperada oficialmente su memoria. Los revisionistas organizaron una gran conferencia internacional sobre genética
en el teatro Janacek de Brno. La estatua de Mendel volvió a su pedestal. El obispo dio una solemne misa en su honor
en la catedral de San Pedro y San Pablo, y en el monasterio de Santo Tomás, donde Mendel vivió y trabajó, se ubicó
el Museo Mendel de Genética.

Mencionar hoy a Lysenko es llenarse la boca de adjetivos truculentos. No fue Lysenko quien pulverizó a los genetistas
formales en la URSS sino que fueron éstos quienes borraron a Lysenko del panorama científico de una manera brutal
y sin concesiones de ninguna clase. Puede decirse que fue en 1965 cuando su pensamiento y su obra fueron laminados, pero eso hubiera resultado mucho más complicado si fuera cierto el bulo de que los genetistas formalistas estaban en el gulag. Seguían al pie del cañón como lo habían estado siempre y los revisionistas les abrieron las puertas de par en par.

El caso del judaico Andrei Sajarov y los hermanos Medvedev (de los cuales uno de ellos, Jaurés, era biólogo) es bastante
indicativo. Los tres mantuvieron una relación personal y política muy estrecha. El primero era físico, sobrino del
biólogo Vavilov y lanzado al estrellato en época de Jrushov como “reformador”, aunque su precipitación le llevó a
convertirse en uno de los “disidentes” más famosos de la guerra fría. El caso de Jaurés Medvedev es parecido:
biólogo, empezó junto con su hermano como estrecho colaborador de Jrushov y acabó de disidente profesional
escribiendo libros anticomunistas, el primero de los cuales fue precisamente sobre Lysenko.

Los imperialistas en el oeste y los revisionistas en el este también fueron capaces de ponerse de acuerdo en su fobia
contra Lysenko. Pero aquí no acaba esta historia. El 8 de abril de 1998 aún se celebraba un coloquio en París sobre el
asunto de Lysenko protagonizado por algunos de los supervivientes de aquellas viejas polémicas de la guerra fría de la que no acaban de apagarse los rescoldos.

La genética después de Lysenko

60 años después del informe de Lysenko podemos decir que la experimentación genética ha demostrado la teoría de
la herencia de los caracteres adquiridos y, por el contrario, ha derribado las tesis oscurantistas sobre las que se ha
pretendido edificar la genética, empezando por las “leyes” de Mendel, la teoría cromosómica y acabando por su
“dogma central”.

Pero eso no es ninguna novedad porque en 1927 Hermann Muller ya había demostrado que los genes se podían
alterar mediante radiaciones y las experiencias al respecto se han ido acumulando con el paso del tiempo. Diez años
después de Muller, Teissier y L’Heritier demostraron en Francia las perturbaciones genéticas provocadas por el gas
carbónico. La interacción ambiental se ha demostrado no sólo con las radiaciones (naturales y artificiales) sino con las
sustancias químicas ingeridas en los alimentos o en el aire que respiramos y con los virus o bacterias con los que el
organismo entra en contacto. Pero no hay demostración más dramática de la tesis lamarckista que las secuelas de los
bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki sobre los supervivientes y las generaciones sucesivas de afectados. En
la guerra de Vietnam, los estadounidenses bombardearon a la población con el “agente naranja” que contenía
dioxinas, una sustancia tóxica que ha pasado de generación en generación provocando la aparición de tumores,
leucemias linfáticas, anormalidades fetales y alteraciones del sistema nervioso en tres millones de vietnamitas. Todo
eso a pesar de que la herencia de los caracteres adquiridos no está demostrada. ¿Qué hará falta para demostrarlo?

Uno de los ejemplos más conocidos de transmisión de los caracteres adquiridos es fruto de un descubrimiento que se
llevó a cabo en todo el mundo en los años sesenta del siglo pasado: los antibióticos generan resistencias en las
bacterias que tratan de combatir. Numerosos gérmenes muy sensibles a los antibióticos se volvieron reacios a ellos de
manera que era necesario aumentar la dosis o aplicar antibióticos diferentes.

Al principio la explicación de esta resistencia seguía un modelo darwinista: el abuso de antibióticos creaba una especie
de bacterias más resistentes a través de una selección en la que morían las más débiles y sobrevivían las más
resistentes. Entre los millones de bacterias que contiene cualquier tejido humano, algunas son ya resistentes a los
antibióticos. Si la persona toma un antibiótico, muere la inmensa mayoría de las bacterias y sólo sobreviven las más
resistentes. Una vez aniquilada la competencia, las bacterias resistentes proliferan sin impedimentos. El antibiótico,
por tanto, no vuelve resistentes a las bacterias, sino que se limita a seleccionar a las que ya lo eran.

Después de numerosos ensayos se comprobó que, en realidad, las bacterias segregaban una enzima que hacía inoperante a la penicilina. La resistencia de las bacterias se debía a una mutación génica: algunas habían producido un gen que sintetizaba la enzima enemiga. Por tanto, el gen no era creador sino criatura. Un factor ambiental, el antibiótico, perturba la existencia de la bacteria y ésta reacciona desactivando los sistemas que normalmente vigilan que la replicación del ADN sea precisa. El resultado es que la bacteria acumula una enorme cantidad de mutaciones en sus genes. El microbio genera millones de variantes de sí mismo.
Algunas de ellas resultan ser resistentes al antibiótico en cuestión, y entonces empiezan a proliferar.

Pero lo interesante es que el fármaco crea resistencias
nuevas que luego se heredan en las sucesivas generaciones de bacterias. Es más: éstas intercambian la información
que les permite constituir el gen no sólo dentro de la misma especie, sino de una a otra especie.

Por tanto, los genes no pueden ser puros conceptos estadísticos sino que algo material tiene que haber detrás. Pero sobre todo, la noción de gen encerrado en una caja fuerte inaccesible se ha venido abajo estrepitosamente. Los genes interactúan: consigo mismos, con los demás componentes del protoplasma de cada célula y, por fin, con el ambiente
externo. También es conocido que unos genes se activan y otros permanecen latentes, que unos se expresan en
determinadas personas y en otras no, que unos empiezan a cumplir su función en un determinado ciclo del desarrollo
y otros en otro, etc.

La teoría cromosómica y el “dogma central” de la genética, consecuencia de ella, también se han hundido. Según la
teoría cromosómica el monopolio de la herencia se conserva en el núcleo celular. El ADN tendría ese monopolio de
manera que todo el secreto de la herencia está en el ADN y sólo hay ADN en los cromosomas del núcleo celular. Ni el
ARN ni el citoplasma celular desempeñanan ninguna función, según el “dogma”. Este principio se ha venido abajo. Ni
siquiera es suficiente reconocer hoy que los genes interactúan mutuamente porque también interactúan con el resto
de la célula, como no podía ser de otra forma. Los genes no se localizan exclusivamente en los cromosomas, según
han puesto de manifiesto dos descubrimientos fundamentales.

El primero es que en 1971 se observó experimentalmente tanto en virus (Howard Temin y David Baltimore) como en
bacterias (Mirko Beljanski) que la información también puede ir del ARN al ADN. El ARN tiene capacidad de replicarse
a sí mismo y, además, de traducirse en ADN. Posteriormente se ha ido comprobando la interacción del ADN y del ARN
con las proteínas y demás elementos contextuales, así como incluso medioambientales externos no sólo a la célula
sino a todo el organismo.

El segundo es la existencia de factores hereditarios en las mitocondrias. En 1988 se lograron aislar las mitocondrias
del resto de la célula, observando entonces que no son unos orgánulos celulares más entre las numerosas variantes
que de ellos existen, sino que en realidad son bacterias que habitan simbióticamente dentro de nuestras células
(endosimbiosis).

Cada célula tiene cientos de mitocondrias, y algunas, como las hepáticas, más de mil. Son el pulmón celular. Pero,
además, cada mitocondria tiene su propio ADN, al que se le suponen 37 genes. Por tanto, el ADN mitocondrial suma
en cada célula casi tantos genes como el ADN nuclear. Del ADN mitocondrial depende casi un millar de proteínas que
son enviadas al núcleo celular e intervienen decisivamente en la programación de la información genética nuclear.

Una formulación drástica de la teoría de la herencia mitocondrial sostiene que el citoplasma del óvulo es el
responsable principal de las características fundamentales del organismo, es decir, de aquellas características que
distinguen los grupos taxonómicos superiores. De acuerdo con este enfoque, la herencia nuclear es responsable sólo
de diferencias relativamente más superficiales organismo, tales como el color de los ojos o del cabello, o la altura.

La tesis de la herencia mitocondrial también ha sido combatida con saña en los medios académicos oficiales. La
presión ideológica sobre la genética ha sido tan fuerte que una investigación tan importante como la de Barbara
McClintock (1902-1992), que rompía bastantes moldes, fue vergonzosamente silenciada durante más de 30 años. La
conferencia que dio en 1983 al recibir el Premio Nóbel se titulaba “El significado de las respuestas del genoma a los
estímulos” (71). Explicó cómo las células responden a la presión ambiental a la que se ven sometidos los organismos
vivos mediante una reestructuración de su genoma; estos mecanismos explican la formación de nuevas especies y
son la base de los cambios evolutivos. Es el fundamento de la epigenética, de la que se ha escrito que no es más que
un retorno a la vieja herejía lamarckista.

La genética tiene que liberarse del estigma de un siglo de controversias en donde los victimarios se han querido pasar
por víctimas. No obstante, la burguesía tiene poderosas razones para seguir anclada en un dogma infundado, por
razones que poco tienen que ver con la ciencia y que no son sólo ideológicas. Hoy, además de la verdad, sobre la
biología gravitan los poderosos intereses de las multinacionales de la genética, los transgénicos y la ingeniería genética. Con ellas colabora a jornada completa la Fundación Rockefeller. A los viejos argumentos oscurantistas contra el darwinismo se le han sumado los más transparentes del dinero, de las gigantescas multinacionales y el no menos
gigantesco de las inversiones públicas en biotecnología. Sólo el descifrado del genoma humano consumió tres mil millones de dólares en un proyecto de dudoso calado científico pero de gigantesco rendimiento mediático.

Por eso los genes y el ADN son siempre noticia. La biología es una ciencia mediática desde los tiempos de Darwin, la
batalla ideológica no va a remitir y los que se oponen a algunos postulados ridículos de los científicos seguirán
apareciendo como enemigos jurados de la ciencia.

Notas:

(1) La CIA y la guerra fría cultural, Debate, Madrid, 2001.
(2) Prólgo al libro de D.Lecourt: Lysenko. Historia real de una ‘ciencia proletaria’, Laia, Barcelona, 1978, pg.14.
(3) Ciencia falsa y pseudo ciencias, Tecnos, Madrid, 1961, pg. 46.
(4) Un buen ejemplo es el artículo de Pablo Francescutti: Por un puñado de guisantes. La genética soviética proscrita por Stalin, en
Historia 16, núm.214, febrero de 1994, pgs. 113 y stes.
(5) Marx y Engels: Cartas sobre las ciencias de la naturaleza y las matemáticas, Anagrama, Barcelona, 1975, pg.49.
(6) La selección y la teoría fásica del desarrollo de las plantas, en Agrobiología. Genética, selección y producción de semillas, pgs.38 y
stes.
(7) Dialéctica de la naturaleza, Akal, Madrid, 1978, pg.164.
(8) Sechs Vorlesungen über die darwinische theorie, Leipzig, 1868.
(9) L’heridité et les grands problémes de la biologie générale, Schleicher Frères, Paris, 2ª Ed., 1903, pgs.449 y 453.
(10) L’atomisme en biologie, Gallimard, Paris, 4ª Ed., 1956, pgs.102 y stes.
(11) Lógica, Folio, Barcelona, 2002, tomo II, pgs.43 y stes.
(12) François Jacob: La lógica de lo viviente. Una historia de la herencia, Tusquets, Barcelona, 1999, pg.213.
(13) Marx, carta a Laura y Paul Lafargue de 15 de febrero de 1869; Engels, carta a Piotr Lavrov de 12-17 de noviembre de 1875, en
Cartas, cit., pgs.71 y 84 y stes.
(14) Carta a Piotr Lavrov de 10 de agosto de 1878, en Cartas, cit., pg.96.
(15) L’atomisme, cit., pgs.35 y stes.
(16) Zum probleme der Vererbung, en Archiv f. Phisiol. der Pflüger, t.41, 1887.
(17) Essais sur l’heredité et la sélection naturelle, Paris, Reinwald, 1892, pg.528.
(18) Essais, cit., pg.535
(19) Essais, cit., pg.526.
(20) The nine lives of Gregor Mendel, en Experimental Inquiries, Kluwer Academic Publishers, 1990, pgs. 137-166.
(21) D.Briggs y S.M.Walters: Evolución y variación vegetal, Guadarrama, Madrid, 1969, pg.72.
(22) L.A. Callender: Gregor Mendel: An Opponent of Descent with Modification, en History of Science, 26, 1988; B.E. Bishop: Mendel’s
Opposition to Evolution and to Darwin, en Journal of Heredity, 87, 1996.
(23) La mathématisation du réel. Essai sur las modélisation mathématique, Seuil, Paris, 1996, pg.241.
(24) Anti-Dühring, Grijalbo, México, 2ª Ed., 1968, pg.57; carta a Piotr Lavrov de 12-17 de noviembre de 1875, en Cartas, cit., pg.87.
(25) L’atomisme, cit., pg.45.
(26) Savants sovietiques et relations internationales, Paris, Julliard, 1973, pg.102.
(27) R.A.Fisher: Has Mendel’s Work Been Rediscovered?, Annals of Science, 1, 1936, pgs.115 y stes.
(28) http://www.ugr.es/~amenende/docencia/Genes_Pais.pdf
(29) Ann Finkbeiner: Los jasones. La historia secreta de los científicos de la guerra fría, Paidós, Barcelona, 2007.
(30) Pnina Abir-Am: The discourse of physical power and biological knowledge in the 1930s: a reappraisal of the Rockefeller
Foundation’s policy in molecular biology, en Social Studies of Science, vol. 12, 1982; Lily E.Kay: The Molecular Vision of Life. Caltech,
the Rockefeller Foundation and the New Biology, Oxford University Press, 1993.
(31) Morgan: Evolución y mendelismo. Crítica de la teoría de la evolución, Calpe, Madrid, 1921, pg.84.
(32) Morgan, Evolución y mendelismo, cit., pg.50.
(33) Evolución y mendelismo, cit., pgs.51-52 .
(34) Evolución y mendelismo, cit., pgs.81.
(35) Evolución y mendelismo, cit., pgs.128.
(36) Evolución y mendelismo, cit., pgs.76 y 77.
(37) Evolución y mendelismo, cit., pgs.1, 78 y 79.
(38) Dialéctica de la naturaleza, cit., pg.170.
(39) E.B.Ford: Mendelismo y evolución, Labor, 2ª Ed., Barcelona, 1973, pgs.33 y stes.
(40) Engels: artículo necrológico sobre Carl Schorlemmer, en Vorwärts, núm.153, 3 de julio de 1892; también en Cartas, cit., pg.123.
(41) Cartas, cit., pg.88 y Dialéctica de la naturaleza, cit., pg.244.
(42) Marcel Prenant: Biologie et marxisme, Editions Sociales Internationales, Paris, 1936, pgs.99 y 106.
(43) Carta Piotr Lavrov de 12-17 de noviembre de 1875 y Anti-Dühring, cit., pg.58.
(44) V.Stoletov: ¿Mendel o Lysenko? Dos caminos en biología, Lautaro, Buenos Aires, 1951.
(45) Scientist in Russia, Penguin Books, Nueva York, 1947, pg.99.
(46) A.Bogdanov: La scienza, l’arte e la classe operaia, Mazzotta, Milan, 1978.
(47) Gennadi Fish: A People’s Academy, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1949.
(48) Scientist in Russia, cit., pgs.106 y stes.
(49) N.I.Maximov: Fisiología vegetal, Buenos Aires, 1946, pgs.381-382.
(50) Gustav A.Wetter: Filosofía y ciencia en la Unión Soviética, Guadarrama, Madrid, 1968, pg.121.
(51) En la obra colectiva Aspectos filosóficos de la Biología, Academia de Ciencias de la URSS, Moscú, 1978.
(52) http://olivier.pingot.free.fr/dossiers%20scientifiques/darwin/darwin_texte_08.html
(53) Alain Desrosières: La política de los grandes números. Historia de la razón estadística, Melusina, Barcelona, 2004.
(54) John J.Fried: El misterio de la herencia, Alianza Editorial, Madrid, 1973, pgs. 15 a 20.
(55) La genética soviética y la ciencia mundial. Lisenko y el significado de la herencia, Hermes, México, 1952.
(56) Historia económica de la Unión Soviética, Alianza Editorial, Madrid, 1973, pgs. 315-316 y 337.
(57) La economía soviética desde Stalin, Ediciones de Cultura Popular, Barcelona, 1965, pgs.140 a 147.
(58) La economía soviética, cit., pgs.157 y 158.
(59) Bertrand Jordan: Los impostores de la genética, Península, Barcelona, 2001, pgs.74 a 76.
(60) Savants sovietiques, cit., pg.124.
(61) Savants sovietiques, cit., pg.130.
(62) Savants sovietiques, cit., pg.130.
(63) Cfr. Biografía en la revista Investigación y Ciencia, núm.187, abril de 1992.
(64) Ciencia falsa y pseudo ciencias, cit., pgs. 43 y stes.
(65) American Hegemony and the Postwar Reconstruction of Science in Europe, MIT Press, 2006.
(66) María Jesús Santesmases: ¿Artificio o naturaleza? Los experimentos en la historia de la biología, Theoria, Segunda Época, Vol.17/2, 2002, pg.290.
(67) Le hasard y la necessité. Essai sur la philosophie naturelle de la biologie moderne, Seuil, Paris, 1970, pg.67.
(68) La lógica de lo viviente, cit., pg.174.
(69) Rise and Fall of T.D.Lysenko, Columbia University Press, 1969.
(70) The Lysenko affair, University of Chicago Press, 1970.
(71) The significance of responses of the genome to challenge, en Science, 16, noviembre de 1984
(http://nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/1983/mcclintock-lecture.pdf)

Otra biliografía es posible

Obras de Lysenko:

– La herencia y su variabilidad, La Habana, 1946.
– Heredity and its variability, King’s Crown Press, Nueva York, 1946.
– Soviet Biology: Report to the Lenin Academy of Agricultural Sciences, Moscú, 1948 (también en Birch Books, Londres, 1948)
– The science of biology today, International Publishers, 1948.
– New developments in the science of biological species, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1952.
– Agrobiology: Essys on Problems of Genetics, Plant Breeding and Seed Growing, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1954.
– Agrobiologie. Arbeiten über Fragen der Genetik, der Züchtung und des Samenbaus, Verlag Kultur und Fortschritt, Berlin, 1951.
– Agrobiologie. Génétique, sélection et production des semences, Editions en Langues Etrangères, Moscú, 1953.
– Soil Nutrition of Plants, Foreign Languages Publishing, Moscú, 1957.
Documentos:
– Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de la URSS: La situación en las ciencias biológicas. Actas taquigráficas de la sesión de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de la URSS. 31 de julio-7 de agosto de 1948, Editorial Sendero, Buenos Aires, 1949.
– Michurin, Ivan V.: Selected works, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1949.
– Murneek, A. E. y Whyte, R. O.: Vernalization and Photoperiodism: A Symposium, Waltham, Mass: Chronica Botanica, 1948
– Safonov, Vadim A.: El país verde, Futuro, Buenos Aires, 1945.

Obras lysenkistas:

– Bacarev, A.N., Miciurin grande trasformatore della natura, Universale Economica, Milano 1953.
– Clements, Frederic et al.: Adaptation and Origin in the Plant World: The Role five years of Soviet natural science, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1944.
– Fraser, Allan: Animal husbandry heresies, Crosby Lockwood & Son Ltd., Londres, 1960.
– Fish, Gennadi: A People’s Academy, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1949.
– Fyfe, James: Lysenko is right, Lawrence and Wishart, Londres, 1950.
– Khalifman, I.: Bees: a Book on the Biology of the Bee-Colony and the Achievements of bee-science, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1951.
– Lévy, Jeanne: L’oeuvre de Lyssenko et l’evolution de la génétique, en La Pensée, núm. 21, noviembre-diciembre de 1948.
– Mathon, Claude-Charles y Maurice Stroun: Température et floraison: la vernalisation, Presses Universitaires de France, 1962.
– Mathon, Claude-Charles y Maurice Stroun: Lumière et floraison: le photopériodisme, Presses Universitaires de France, 1960.
– Mathon, Claude-Charles: La vie des plantes, Presses Universitaires de France,
– Mathon, Claude-Charles: La greffe végétale, Presses Universitaires de France, 1959.
– Mathon, Claude-Charles y Maurice Stroun: Études mitchouriniennes sur les céréales,
– Mathon, Claude-Charles: La greffe végétale, Presses Universitaires de France, 1968.
– Mathon, Claude-Charles: Biogéographie des plantes alimentaires de ramassage en Europe de l’Ouest (Écologie et biogéographie), Faculté des sciences, 1983.
– Mathon, Claude-Charles: L’origine des plantes cultivées: Phytogeographie Appliquee, Masson, 2007.
– Maximov, A.N.: Fisiología vegetal, Buenos Aires, 1948.
– Molodcikov A.: Miciurin, Lysenko, Burbank trasformatori della natura, Firenze, Macchia, 1949.
– Pérez Hernández, J.M.: Problemas filosóficos de las ciencias modernas, Contracanto, Madrid, 1989.
– Segal, J.: Miciurin, Lysenko e il problema dell’eredit, Universale Economica, Milano 1952.
– Shaw, George Bernard: The Lysenko Muddle, en Labour Monthly, enero de 1949.
– Shaw, George Bernard: Behind the Lysenko Controversy, en The Saturday Review of Literature, 16 de abril de 1949.
– Stoletov, V.: ¿Mendel o Lysenko? Dos caminos en biología, Lautaro, Buenos Aires, 1951.
– Stoletov, V.: Principes élémentaires de biologie mitchourinienne, Editions en langues étrangères, Moscú, 1951.
– Stoletov, V.N.: The Fundamentals of Michurin Biology, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1953 (también en University Press of the Pacific, 2002).
– Tsitsin, N.: Science at the Service of Soviet Agriculture, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1939.
– Vasilyev, L.M.: Wintering of plants, Amer. Inst. Biol. Sciences, Wash., 1961.
Obras generales:
– Ashby, Eric: Scientist in Russia, Penguin Books, Nueva York, 1947.
– Ashby, Eric: Genetics in the Soviet Union, reimpreso por Nature: The Tension Between Mendelism And Michurin Genetics, 1948.
– Bogdanov, A.: La scienza, l’arte e la classe operaia, Mazzotta, Milan, 1978.
– Gayon, Jean y Daniel Jacobi: L’éternel retour de l’eugénisme, Presses Universitaires de France, 2006.
– Goldschmidt, Richard: Le Déterminisme du sexe et l’intersexualité, Félix Alcan, 1937.
– Goldschmidt, Richard: The Material Basis of Evolution, New York University Press, 1940.
– Graziosi, F.: La discussione sulla genetica nell’URSS, en Società, núm. 1, 1949.
– Haig, David: Weismann Rules! OK? Epigenetics and the Lamarckian temptation, en Biology and Philosophy, 22, 2007
(www.oeb.harvard.edu/faculty/haig/Publications_files/Weismann.pdf)
– Hudson, P.S. y R.H.Richens: The new genetics in the Soviet Union, Cambridge, 1946.
– Manevich, Eleanor D.: Such were the times: A personal view of the Lysenko era in the USSR, Pittenbruach Press, 1990.
– Margulis, Lynn y Dorion Sagan: Captando genomas: una teoría sobre el origen de las especies, Kairós, Barcelona, 2003.
– Margulis, Lynn y Karlene V. Schwartz: Cinco reinos: guía ilustrada de los phyla de la vida en la Tierra, Barcelona, Labor, 1985.
– Margulis, Lynn y Dorion Sagan: Microcosmos: cuatro mil millones de años de evolución desde nuestros ancestros microbianos, Barcelona, Tusquets, 1995.
– Margulis, Lynn: El orígen de la célula, Reverté, Barcelona, 1986.
– Margulis, Lynn: Planeta simbiótico: un nuevo punto de vista sobre la evolución, Debate, Barcelona, 2002.
– Margulis, Lynn y Dorion Sagan: ¿Qué es la vida?, Tusquets, Barcelona, 1996.
– Margulis, Lynn: Una revolución en la evolución: escritos seleccionados, Universitat de Valencia, Valencia, 2003.
– Morange, Michel: Histoire de la biologie moléculaire, La Découverte, Paris, 2003.
– Morange, Michel: Quelle place pour l’épigénétique?, M/S: médecine sciences, vol. 21, núm. 4, 2005.
– Oparin, A.I.: El origen de la vida, Losada, Buenos Aires, 1960.
– Prenant, Marcel: Biologie et marxisme, Editions Sociales Internationales, Paris, 1936.
– Prenant, Marcel: Un débat scientifique en URSS. Entre la ‘génétique classique’ et la ‘génétique nouvelle’, en La Pensée, núm. 21, noviembre-diciembre de 1948.
– Prenant, Marcel: Les problèmes biologiques. Une mise au point, en La pensée, núm. 72, 1957.
– Sandín, Máximo: Lamarck y los mensajeros: la función de los virus en la evolución, Istmo, Madrid, 1995.
– Sapp, Jan ed.: Microbial Phylogeny and Evolution: Concepts and Controversies, Oxford University Press, Nueva York, 2005.
– Sapp, Jan: Genesis: The Evolution of Biology, Oxford University Press, Nueva York, 2003.
– Sapp, Jan: What is Natural? Coral Reef Crisis, Oxford University Press, Nueva York, 2003.
– Sapp, Jan: Evolution by Association. A History of Symbiosis, Oxford University Press, Nueva York, 1994.
– Sapp, Jan: Where The Truth Lies. Franz Moewus and the Origins of Molecular Biology, Cambridge University Press, Nueva York, 1990.
– Sapp, Jan: Beyond the Gene: Cytoplasmic Inheritance and the Struggle for Authority in Genetics, Oxford University Press, Nueva York, 1987.
– Sapp, Jan: The Nine Lives of Gregor Mendel, en Experimental Inquiries, H.E.Le Grand Ed., Kluwer Academic Publishers, 1990
(http://www.mendelweb.org/MWsapp.intro.html)
– Sapp, Jan: The Prokaryote-Eukaryote Dichotomy: Meanings and Mythology, Microbiology and Molecular Biology Reviews, 69, 2005.
– Sapp, Jan: The Bacterium’s Place in Nature, en J. Sapp ed., Microbial Evolution Concepts and Controversies, Oxford University Press, Nueva York, 2005.
– Sapp, Jan: The Dynamics of Symbiosis. An historical overview, Canadian Journal of Botany, 82, 2004.
– Steele, Edward J., Robyn A. Lindley y Robert V. Blanden: Lamarck’s Signature: How Retrogenes Are Changing Darwin’s Natural Selection Paradigm, Reading, Mass., Perseus, 1998.
– Varmuza, S.: Epigenetics and the renaissance of heresy, Genome, Vol. 46, Num. 6, diciembre de 2003.

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50 respuestas a GUERRA IMPERIALISTA CONTRA LA CIENCIA SOVIETICA

  1. Quico dijo:

    Aún no he leído ni éste ni el anterior, pero he visto ésto:

    http://noticies.sirius.cat/2012/03/eua-tot-pel-poder-lholocaust-la-mentida.html

    Todo un candidato…

    Siendo así, cómo dudar de que el petróleo ha sido “encontrado” en los alrededores de Isra-hell para su prevista futura expan-sión?
    ¿De qué no son capaces?
    Y una cosa que no paro de preguntarme:

    ¿Con cuánto tiempo de antelación saben de sus planes?
    ¿Serán verdad las cartas de Pike, con la confirmación de que los hacen a cientos de años vista?

    Saludos

    • Ernesto dijo:

      La carta de Pike sólo aparece en un libro de un ex diplomático, pero nadie la vió, esa carta no sirve para apoyar ni argumentar nada.
      Es igual que los supuestos cheques de Rothschild a Marx, en el museo británico, son la hostia, pero aún lo serían más si alguien los pudiera ver, porque parece que sólo los vió el que escribió otro libro sobre el tema.
      Con estos “datos” no se puede argumentar ni probar nada, porque te darían en toda la frente, aunque sean ciertos, cosa que no sabemos.
      Y sobre Lysenko y el “imperialismo judeo-yankie y sus esbirros ridiculizaron a la ciencia sovietica,sobre todo en la época de Stalin… El asunto llego a calificarse de “complot judío” por el periódico Pravda en 1953,”
      En la época de Stalin el politburó soviético era aún más judio que el yanki, el propio Estalin se apellidaba Djugashvilli, Iosif David Vissarion Djugashvilli, Los nombres Iosif (José) y Vissarion, no son utilizados por la población ortodoxa del Caúcaso, y generalmente, al ser bautizados, los ortodoxos no reciben nombres de origen judío, sino de origen latino, griego, eslavo, y locales. “Djugashvilli” en georgiano significa: “hijo de judío”, o “descendiente de judíos”.
      En la lengua georgiana para la palabra “judío” está la expresión “uria”, pero también la palabra “djuga” sinónimo de “uria”, indicando a los judíos de Caucasia según su origen, La otra parte del apellido de Stalin, “villa”, significa “hijo”.
      Vissarionovich, significa, en ruso, hijo de Vissarion, un nombre corriente entre las comunidades hebreas de Caucasia.
      El ex funcionario soviético Iván Krylov afirma que:
      “El apellido de Stalin, Djugaschvili, significa, en georgiano, hijo de israelita; “chvili”, hijo, y “Djuga”, israelita. La familia Djugaschvili, de religión cristiana ortodoxa, desciende de leñadores judíos de las montañas del Cáucaso, convertidos, al menos oficialmente, a la religión del Estado, a comienzos del siglo XIX.”
      Imán Ramuza, escribió a propósito de los padres de Stalin, Vissarion y Cato Djugaschvili:
      “Vissarion poseía una zapatería… era un judío nacido en Tskinvali (ahora Stalinessere). El padre de Cato (la madre de Stalin) era un vendedor ambulante hebreo y vivía en Koutaisi. También poseía un pequeño almacén.”
      El nombre de Kochba o Koba, el mote de Stalin como revolucionario en Caucasia, no es otra cosa que el nombre de otro revolucionario judío llamado Bar-Kochba, que durante el año 165 dC dirigió una revolución de los judíos contra los romanos en la época del Emperador Adriano (joder, pero no dicen que fueron expulsados de Israhell? Pues parece que todavía quedaban unos pocos para revolucionarse. Antes se pilla a un mentiroso…)
      Stalin fue miembro del Bund, organización marxista prerrevolucionaria exclusivamente reservada a judíos.
      Stalin estuvo casado sucesivamente con tres judías: Ekaterina Swanidtze, Nadia Allelujevna y Rosa Kaganovich, hermana ésta última del jerarca Lazar Kaganovich.
      El llamado “antisemitismo” de Stalin -al igual que el posterior “antisemitismo” de Krutschev, casado con una judía, rodeado de judíos y posiblemente judío él mismo- no son más que mentiras propagandísticas, como siempre.
      Después de las purgas “antisemitas” de Stalin, entre el 75 y el 85% del funcionariado soviético continuaba siendo judío. Sólo cambió a unos judíos por otros.
      “¿Expresó alguna vez Stalin odio o incluso un agudo rechazo de los judíos? No; en realidad declaró que habría que fusilar a todo antisemita.” Israel Shamir.

      Y sobre Lysenko que voy a decir? Sólo sé que si estaba en lo cierto, fue un desastre, viendo las continuas veces que la URRS tuvo que acudir al mercado exterior para comprar grano debido a sus desastrosas cosechas.

      • danipirata80 dijo:

        Lo bueno del articulo es que no hace maniqueismo alguno, no es que tuviera razon(que por lo que se ve algo tenia) y los capitalistas estuvieran equivocados. Si no que destaca como la ciencia parecio dividirse absurdamente por razones ideologicas retrasando unos cuantos años muchos descubrimientos por no querer ni escuchar muchas ideas que luego han resultado validas solo por que no coincidia con su capitalista modo de ver la vida.

        Sobre Stalin, llevo unas semanas indagando y aun le estoy dando vueltas. Curiosamente ayer me tope con una pagina nazi en el que uno de los participantes(nazi) dudaba de su adscripcion al judaismo coincidiendo con otro escritor nazi que descubri la semana pasada que decia que Stalin trato de salvar al pueblo ruso del poder judio. En fin, complejo tema, muchas manos y manazas en la URSS. ¿Coincides con la teoria del libro “Bajo el signo del escorpion”?

  2. Ernesto dijo:

    Los hechos sobre Estalin ahí están, su apellido ahí está, sus esposas ahí están, sus hijos ahí están, los funcionarios judíos de su gobierno ahí están, y sus estudios en un colegio cristiano ortodoxo se los pagó un tío suyo, creo recordar.
    No sé si era judío o no, cosa que me la trae un poco floja, con perdón, lo que sé es que no era antisemita, y que su gobierno estaba plagado de judíos, como en toda la historia de la URSS.
    También sé que fue el primero en apoyar la creación de Israel, incluyendo armas, aviación militar, entrenamiento de los pilotos etc… en su guerra de invasión contra los árabes en el 48. Lo de que apoyaba a los árabes es otra farsa. No creo que los palestinos estén muy contentos con el padre del proletariado. Y también sé de su amistad con una hija de la gran puta como Golda Meyer.
    Decir que Estalin era antisemita, o que apartó del poder a los judíos es un diparate, o eso me parece a mi. También sé de una república soviética judía, cuando una república cristiana era algo impensable, en esa república había, y hay, un pedazo de candelabro en la plaza pública que te cagas. Todo esto mientras las iglesias y catedrales servían como mucho para los turistas, pero noo, las sinagogas noo, por yavhé, esas ni tocarlas. Birobidján se llama esa república. Aunque no tuvo mucho éxito, a pesar de su riqueza, no es precisamente un desierto.
    Y no sé cual es la teoría de Juri Lina, le heché un vistazo una vez, y no sé el motivo pero me echó para atrás, es posible que por sus continuas referencias a los illuminatis, y cada vez que leo “illuminati” paso a otra cosa.
    Dime si vale la pena leerlo, te haré caso si me dices que sí, pero no te acostumbres, oi?
    JAJAJAJA
    Pero como empiece a hablar de cartas de no sé qué rabino a Marx, de la carta de Pike, de los famosos cheques de Rothschild etc… que nadie puede comprobar, como que paso.
    Espero impaciente tu consejo.

    • Ernesto dijo:

      Y sobre Estalin y URRS recuerda mi discusión en el blog de Dizdira, todo lo que ahí dejé son datos que se pueden contrastar, así que no creo que se llevara muy mal con los judíos que gobernaban Wall Street, ya que le salvaron el culo varias veces.
      Al menos hay un magnate judío que se llevaba que te cagas con Estalin y la URSS, un tal Armand Hammer y su Occidental Petroleum.

    • danipirata80 dijo:

      yo creo que hay muchas cosas que te interesarán,da un montonazo de datos. Y,hombre, los iluminatis existieron, eso seguro. Lo que pasa es que los ultraconspiranoicos fachas le dan mucha importancia. Lo de Stalin me sigue pareciendo muy complejo, no creo que fuera antisemita(ni creo que haya que serlo), pero creo que pudo darse cuenta(aunque tardíamente) de un proyecto globalista o apropiación de la revolución/sabotaje llevado por una poderosa élite. No creo que fuera todo teatro, en occidente(tal como hemos repasado estos meses) lo ponian a parir hasta los pseudomarxistas (muchos de ellos judíos). Y stalin mandó al Gulag a mucho sinvergüenza allá. Creo que el candidato de la mundialista élite era Trostky y no Stalin. Algo pudo fallar(he leido que porque Trostky estaba pachucho cuando murió Lenin),coño, no van a ser siempre infalibles.

      • Ernesto dijo:

        Le he echado un vistazo por encima, sobre todo lo del apoyo occidenatl a la URSS.
        Pero da muy pocos datos.
        Si quieres datos públicos y oficiales (con referencias incluídas), datos y más datos, hasta aburrir, sobre el apoyo, financiación, mantenimiento, de Occidente a la URSS, antes, durante, y después de su creación, y antes, durante, y después de Estalin (sí, con Estalin también) estudia el libro Vodka-Cola, de Charles Levinson, editorial Argos Vergara, Barcelona.
        Yo lo conseguí de segunda o tercera mano, por internet, es del año 1977. Ahí tienes 400 páginas con todos los “acuerdos” (financiación) bilaterales (como lo llaman ahora) entre el mundo “libre” (OTAN) y la patria del “proletariado”.
        En el blog de Dizdira dejé bastantes comentarios con algunos de estos datos, por eso no cas muy bien lo de que Estalin fuera independiente, con toda la ayuda que recibió de su eterno enemigo capitalista, ahora no entro en si era o no antisemita etc, ahora sólo me remito a los hechos, y las cosas no cuadran.
        Luego tienes el libro, este sí en la red, de Antony Sutton, Wall Street y los Bolcheviques, de cómo se financió esta por parte de Occidente. Aunque esta obra se centra más en los primeros años, tiene detalles muy sabrosos. Y esta obra también intenta exculpar a los judíos, así que no me vengan con que es te tipo es un nazi o un antisemita, y no lo digo por ti, Dani. http://www.laeditorialvirtual.com.ar/Pages/Sutton_Anthony/WallStreet/WallStreet_00A_Tapa.html
        Este tema es tan peliagudo que ami me llamaron en el blog de Dizdira desde maricón, hasta nazi. Así están las cosas en la izquierda patria. Parece que de estos temas sólo se puede hablar en páginas nazis, tiene cojones.
        Y para Adolfo el Grande, estos mismos que financiaron a la URSS, también financiaron a Hitler, amigo, a ver si abres los ojos tú también, y uno de esos financiadores era un tal Warburg, te suena? Warburg, Reserva Federal USA… lo vas pillando? Warburg era uno de los directores de la I.G.Farben, y no creo que tenga que recordarte (por lo que te he leído) que sin IGFarben, no hay partido nacional socialista. Una IGFarben socia de toda la industria química USA, por ejemplo. Mira que curioso, que durante la WWII ninguna instalación de la IGFarben fue bombardeada, ni siquiera la de Auswitch, y mira que bombardearon ese campo.
        Te dejo este valioso libro del autor que mencioné anteriormente, y publicado en una página nada sospechosa de ser una roja masónica:
        Wall Street y el Ascenso de Hitler
        http://www.mov-condor.com.ar/wstreetnazi.htm
        En fin, que ya no sé ni por dónde iba, cada vez me salen más largos los comentarios, me disculpo.
        Ehhh, un momento, mírate esto, Dani: The COMMUNIST-CAPITALIST ALLIANCE
        The COMMUNIST-CAPITALIST ALLIANCE
        http://www.sodahead.com/fun/the-communist-capitalist-alliance/blog-237599/
        Aquí también hay un huevo de datos, pero un huevo.
        Y termino, ahora sí, con esto:
        “…Los miles de millones de dólares en la tecnología occidental, de hecho algunas de las tecnologías más avanzadas en el mundo, no impidieron lo que puede muy bien haber sido el hambre más devastadora en la historia mundial (1933). Naturalmente, los rusos eran incapaces de aguantar mucho más y líderes comunistas planificaban salvar el Partido derrocando a Stalin y culpándolo a él del fiasco soviético económico. Stalin lo sabía y necesitaba una salida.
        Fue en este momento crítico cuando, para sorpresa del resto del mundo, Estados Unidos optó por reconocer a la URSS.
        Tan pronto como la legitimidad Comunista fue reconocida por la nación capitalista más grande del mundo, el prestigio de Stalin inmediatamente se recuperó. El crédito financiero a los comunistas se disparó del día a la noche. A su vez, Maxim Litvinov aseguró a Franklin Roosevelt que los comunistas americanos ya no buscarían derrocar al gobierno de Estados Unidos”

      • danipirata80 dijo:

        Ostias, está en ingles, idioma que no controlo mucho. De todas maneras seguí el interesante debate en el blog de Dizdira y no niego los datos, de lo que dudo es de la interpretación que se hace de ellos. Pongamos que si, se apoyó, porque se pretendía salvar a la URSS. De lo de salvar a Stalin no estoy tan seguro. ¿Por que finalmente dejaron caer la URSS? ¿Es para ti Putin el nuevo Stalin? ¿Hay alguna experiencia historica que merezca la pena? ¿era mucho mejor el zar? ¿todo comunismo en esa epoca servía a wall street? ¿nunca han fallado?

      • Ernesto dijo:

        Como una vez más el puto y jodido comentario está PENDIENTE DE MODERACIÓN, ya me dirás si te llegó o no.
        Me emoieza a tocar un poco los huevos esto de Pendiente de moderación.
        Conseguirá que no comente una puta mierda.

      • danipirata80 dijo:

        Paciencia, Ernesto, parece que el sistema de moderación te ha pillado manía. No dejes de comentar por nada del mundo

      • Ernesto dijo:

        Bueno, como se nos escapan muchas cosas, en este mundo no se puede asegurar nada, sólo observar los hechos, y ver quién se beneficia, el famoso Cui bono. Claro que fallan los putos amos, y claro que no todo les sale rodado, siempre hay emprevistos.
        Lo que sabemos es que durante la época de Stalin Occidente también contribuyó, apoyó, fianció, y salvo el culo a la URSS. Eso es lo que se puede comprobar con los datos que hay. ¿Si querían salvar a la URSS y no a Stalin? Pues ni puta idea, pero no creo que eso tenga mucha relevancia, lo que importa es que siguieron con esa colaboración también en la época de Stalin.
        Por qué cayó la URRS? Creo que la hacienda pública USA ya no podía seguir sufragando ese ingente gasto, así que la URSS cayó por su propio peso. No sé si alguna vez sabremos lo que realmente pasó.
        Ahora Putin, pues este tío cada vez me gusta más, que quieres que te diga, me parece que es un grano en el culo de la élite. Pero no pongo la mano en el fuego ni de coña. Habrá que dejar que pase el tiempo para poder decir nada.
        Alguna experiencia historica que merezca la pena? Ya te digo, del 36 al 37 en parte de España, creo que se me entiende. También me viene a la cabeza La Majnovchina, aunque apenas tuvo tiempo de desarrollar nada, estuvieron en una continua economía de guerra, graciaqs entre otros a los “amigos” del proletariado.
        Sobre el Zar, pues lo de siempre, sólo nos llega la propaganda oficial, oficial izquierdista y oficialista, que en este caso coinciden como dos gotas de agua, seguramente es pura casualidad, seguramente.
        Sólo te diré que a la élite no le gustaba el Zar, y la consigna era derrocarlo a cualquier precio. La guerra ruso-japonesa (1904-1905) la instigaron y financiaron (a Japón) los mismos que luego financiaron la revolución. El Imperio ruso comenzaba a indutrializarse, y comenzaba a estar al mismo nivel que Inglaterra. Y lo más importante, comenzaba a ser una muy pero que muy seria competencia al capitalismo occidental.
        Aparte de que comenzaba su avance hacia una monarquía parlamentaria como la inglesa, o cualquier otra europea que se preciara de ser parlamentaria.
        Todo el comunismo servía a Wall Street? Pues ni puta idea, pero lo que está claro es que no todos los comunistas sirven a la élite.
        Te pongo el ejemplo del Che Guevara, ya lo comenté en el blog de Dizdira. También es casual, seguro, que en su último discurso denunciara a la URRS y su connivencia con Occidente, discurso de Argel.
        Ya deje la parte donde denuncia estas extrañas coincidencias.
        Ahora espero que no me pongan a parir como en el otro sitio, aunque me espero cualquier cosa.

      • Ernesto dijo:

        Esto, Dani, es como lo de Mayo del 68, hasta años después no nos dimos cuenta de los intereses bastardos que había detrás de ess “revolución”, y qué país salió más beneficiado de todo aquel montaje.
        O como lo del Caso Dreyfus, que una vez pasados muchos años uno puede sacar ciertas conclusiones. Quién se benefició en todo este asunto? Recuerda el cui bono. Se benefició Inglaterra, todo este proceso acabó, finiquitó, destruyó, una alianza que le quitaba el sueño a su graciosa majestad y a la camarilla que manejaba las finanzas de esa pérfida albión. Dio por terminada la primera alianza conservadora-cristiana (y muy poco projudía) entre tres potencias europeas, Francia-Alemania-Rusia, casi nada.
        Bien, Dreyfus no era un agente alemán, de acuerdo, pero y si lo era inglés? Y si lo era judeo-inglés?
        Después de todo, la familia Dreyfus no es una hermanita de la caridad, es una de las familias monopolistas del comecio alimenticio, del grano.
        No entraremos tampoco en la Trata negrera, pero ahí queda.
        En fin, que no tenemos ni puta idea de casi nada.

  3. Adolfo el Grande dijo:

    AHORA NO ME VIENE EL NOMBRE A LA CABEZA DE UNA FAMOSA JUDIA MARXISTA QUE DECIA EN SU BOIGRAFIA QUE EN LA SINAGOGA DONDE MAS SE ENCONTRABA A GUSTO ERA EN LA DE MOSCU . NEGAR A ESTAS ALTURAS QUE EL COMUNISMO TIENE BASE JUDAICA ES COMO NEGAR QUE EISNTEEN NO FUERA O FUESE JUDIO . QUE EL MITO DEL HOLOCAUSTO CAIGA NO LE DA DERECHO A LOS MARXISTAS EN INVENTARSE MAS HISTORIAS DE DESPRETIGIOS CONTRA EL NS . EL NS DIO EN LA CLAVE , ACABAR CON LA USURA Y FUE RUSIA QUE SE ALIO A LOS USA . ASI QUE EMPECEMOS ABRIENDO LOS OJOS QUE YO YA LOS ABRI HACE TIEMPO . DESDE ENTONCES MI HOZ Y MI MARTILLO ESTAN MAS QUE ENTERRADA .

  4. Adolfo el Grande dijo:

    GOLDA MEYER ME REFERIA

  5. Adolfo el Grande dijo:

    “profecía” de Pike.
    Los datos parecen dar a entender que esa carta a Mazzini habría sido escrita bastantes años después de la 2ª guerra mundial y no precisamente por el señor Pike como puede entenderse.
    Muchos quieren presentar al Tercer Reich como la segunda parte de la “profecía” o el plan, es decir, un aborto más de los globalistas y las élites mundiales.
    El mismo Julius Évola en una entrevista en sus últimos años daba a entender que pudo ser así cuando se refería a unos panfletos que aparecieron antes de la guerra explicando el plan.
    Pero, si bien hubieron traidores internos, el Reich alemán fue una creación genuina del genio ario.
    La oligarquía mundial no crearía ni apoyaría un movimiento como el NS y en su lugar se limita a crear abortos como Al Qaeda o organizaciones monstruosas y criminales y bandas de pillos y busca vidas.
    Leer ” Los Protocolos de los sabios de Sion” es la referencia de los planes del futuro de Dominacion Mundial.
    Lo rojos, son victimas de un engaño, unos mas dentro de un engranaje diabolico.
    Saludos.

  6. Quico dijo:

    Yo creo como Ernesto que sus planes no siempre se cumplen en la agenda prevista, que por el camino han de sortear imprevistos, de “luchar” entre ellos… Hablo de distintas corrientes dentro de la élite, como se pone de manifiesto en casos como el de DSK o las recientes llamadas de Isra-hell a tomar “la iniciativa” en Irán. Pero tras muchos siglos, seguro que saben incluir los imprevistos dentro de los planes, para que no descuadren el calendario.

    Aunque viendo la que montaron en un mundo presuntamente dividido en bloques, para defenestrar a un científico sólo por aplicar el asociacionismo a la idea de evolución genética (si mal no he leído), cuesta imaginar que algo se les escape…

    Desde mi punto de vista todos tenemos una parte divina, el alma.
    Y aplicar el asociacionismo en éste sentido… No suena nada bien para “ellos”.
    Quizás por eso Punset tiene tanto interés en convencernos que sólo somos reacciones químicas.

  7. Blas dijo:

    – Ernesto, de joven te fumaste medio bosque de cannabis para ser el más guay, tú mismo lo reconoces hoy.

    Pero veo que sigues en las mismas, solo que ahora te fumas todo el monte bajo de teorias y conspiraciones flipantes para seguir siendo el tío más listo del barrio. Ya vemos cómo termina eso, flipando con NS.

    – Te pillé, aunque hables bajito de tus heroicas gestas: “Alguna experiencia historica que merezca la pena? Ya te digo, del 36 al 37 en parte de España, creo que se me entiende.”

    ¿”del 36 al 37 en parte de España”, en un Planeta de 510.101.000 Km.2 y 300 años de Historia Contemporánea?: Necesitáis un pedestal, (los anarko-porretas), no sé a qué esperáis pa encargarlo, seguro que millones van a la “unuguración”.

    P.D: Dani, me perece muy intrigante e interesante tu perspectiva sobre SION, afínala más, racionalíza y sistematíza, y no te dejes que se te vaya la olla, ya me entiendes, rizando el rizo, porque si llegas a flipar con que Fidel y “Estalin” son judíos por parte de tío tercero, entonces ese carácter disoluto que denuncias lo adoptarías tú mismo. Y atención a los polizones que pueden subir a tu barca y hundirla.

    Blas.

    • danipirata80 dijo:

      A mi también me parece intrigante, lo que voy descubriendo os lo voy dando (a ver lo que sale,eso no lo se ni yo). Por ahora al tio Fidel y a Stalin los salvo, pero ya te digo que no me cierro.

      No creo que Ernesto la vaya a flipar ningun dia con los nazis. Suelo funcionar por instinto y no suelo equivocarme. Desde hace ya algun tiempo participamos en este blog en una linea en la que se destruyen mitos de la izquierda; si quieres que te diga la verdad- a tenor de esto-llevo un buen tiempo sin pisar suelo seguro. Puede que los que nos movemos por aqui nos pasemos un poco y tendamos a desconfiar mas de la cuenta, pero creo que estamos en el mismo bando( y encima somos cuatro gatos, asi que no es cuestión de dividirnos por chorradicas). Recuerda a los Sham69: If the kids are united…”. Tenemos mas en común que lo que nos divide

    • Ernesto dijo:

      Blas, cuando quieras te lo explico tête à tête (has visto qué guay?), porque ya me estás tocando los cojones, así conocerás una “heróica gesta” de cerca, pedazo de gilipollas.
      Además de cobarde eres bobo, chiquillo, ya he dejado datos con los que con un poco de paciencia me puedes encontrar, yo no me escondo. Puedes mirar en la página de facebook que dije, o preguntar en el RASH Madrid o en la Coordinadora Antifascista, soplapoyas.
      Creo que en el fondo te gusto, porque apareces por aquí y lo primero que vomitas son estupideces sobre mi.
      Así que ya sabes, cuado quieras, el más “guay” te mete la N y la S por donde más gusto y placer te produce, así te quedarás tranquilito, y muy agustito.
      Por cierto, a ver si alguna vez dejas algún argumento.
      Aunque no creo que puedas, porque no entiendes una mierda de lo que se dice. Eres realmente cortito, chaval.
      Es que tiene cojones, tanto gilipollas niñato sin nada que hacer, vete de caza, imbécil, al menos joderás a un cerdo y te relajarás un poquito.

    • Ernesto dijo:

      Me cago en su puta madre, pero será gilipollas.
      Ahora a tocar los huevos viene el imbécil este.
      Y encima es que no aporta nada.

    • Ernesto dijo:

      Olvídalo, Blas, olvídame.
      La verdad es que no vale la pena seguir con estas gilipolleces, ya se me paso el calentón.
      Por mi parte correré un tupido velo, y haré como si no hubieras dicho nada, así que haz un esfuerzo y no me meciones para nada, a no ser que quieras aportar algo sobre alguno de los muchos temas de los que hablamos. Porque si apareces sólo para insultarme, te aseguro que es una desagradable pérdida de tiempo que no conduce a
      nada.

  8. Hola Ernesto, creo que a pesar de tirarnos los trastos a la cabeza no debe haber aquí nada personal. Eres temperamental y vehemente, eso me gusta. A veces dices cosas que me dan por saco pero algunas otras me parto el nabo.

    En este internete de los collons, (no sé si sirve de nada lo que hacemos, el mundo se vá a tomar por culo igual o más, es realmente descorazonador), como no se habla con personas con nombre y apellidos, pues nos permitimos unas libertades dialécticas, incluso un cierto borderío que en otro contexto nunca adoptaríamos. Cuando yo doy caña a “Ernesto”, (o a otros foristas con apodo), ataco al personaje y lo que dice, no a la persona, pues lo presupongo protegido por su anonimato. Por eso tampoco me afecta lo más mínimo, (en mi dignidad personal), que den borra a tutiplén a mi personaje opinador “Blas”.

    Pero parece que “Ernesto” sí es conocido en determinados ámbitos reales, cosa que yo ignoraba, lo cual cambia por completo las normas. Así que lo tendré en cuenta. (Reitero que en ámbitos de libertad total como este tipo de foros, es mejor figurar con un alias puntual, que no te conozca ni jesucristo).

    Por otro lado nunca me dirigiría de esa misma forma a un propietario de foro-blog, pues considero que estoy en su casa y nunca me pareció correcto ir a faltar a domicilio.

    P.D.: Entiende que namás entrar en el foro yo sacase el hacha de guerra: Empezaste a insinuar que estalin era “medio judío”, (y otra serie de fascistadas como que la URSS resultó gracias a EEUU y el judaismo) y “tomáticamente” ¿qué curioso no?, se subió a tu vespa Adolfo el Grande.
    Y es que parece una bobada, (en los tiempos de la postmodernidad y el “Fin de la Historia”), pero ese Adolfo el grande se cargó nada más y nada menos que a 20.000.000. de “estalinistas”.

    Ya puestos, también te digo con franqueza, yo cambiaría gustoso la vida de esos “estalinistas” por la de 20.000.000, (mucho suponer que haya en todo el universo siquiera una décima parte), de anarquistas y troskistas.

    Si alguien desea ver lo que intento aportar, (iosubisarionea tb. es seudónimo), lo tiene en Orden en la Red

  9. Racholetski dijo:

    Saludos,

    Me gusta mucho el blog que es muy interesante y si me lo permiten, quizás entre en los comentarios más veces, si es que no les resulto excesivamente políticamente incorrecto.

    Por mi parte creo que -si no lo han tratado antes- vale la pena que unan a toda la información que manejan al movimiento más preponderante en nuestros días que no es otro que el movimiento neocón. Tiene 2 perspectivas, la política y la religiosa. Ambas hunden sus raíces descaradamente en el sionismo. Para más inri, estos intelectuales son en su mayoría de origen trotskista. La prensa liberal como la de izquierdas nos los presentan como nacional socialistas, pero la realidad es que se trata de troskistas sionistas que vuelven al regazo del liberalismo, madre de las ideas izquierdistas y de todas las libertades. El comunismo tuvo que tener por lógica verdaderos idealistas no manipulados por sión en un país tan grande, como los tuvo declaradamente cabalistas internacionales. El hecho de que en todos los dirigentes soviéticos haya alguna linea de familia con la cábala no quiere decir que figuras como Stalin fuera partícipe de un plan financiero-sionista. Stalin tuvo pudo haber sido apoyado por EEUU en determinados momentos por otros motivos, y se pueden tener conexiones con la cábala financiera siendo cabalista, sin estar integrado plenamente en sus conspiraciones.

    El tema del NS no se estudia con suficiente desapasionamiento. Me parece ridículo que se aluda a financiación imprescindible de alguna empresa en su configuración. Obviamente que hubo financiación de bancos y empresas, pero posterior, y esto es normal hasta para IU, pero la finanza no es que viviera tan a gusto las políticas NS. La IGFarben, al ser una empresa fundada en 1925 creo, con capital germano-americano y establecida en Alemania hizo lo que el director del consejo de administración en Alemania creyó más interesante y no por eso se tiene que decir que obedecía a los propósitos de la cabala financiera internacional si no hay evidencias mayores. La cabala financiera estaba muy interesada como siempre en que Alemania siguiera aceptando crédito internacional, con el propósito de hacer del gobierno NS otra marioneta. Pero las evidencias indican claramente que una vez concedidos los créditosy solventado el pago de las reparaciones de Versailles, Adolf Hitler en persona prohibió contraer nuevas obligaciones crediticias con la finanza que supuestamente le hizo llegar al poder. El ministro de economía dimitió. Todos los economistas del país se tiraron de los pelos. Alemania había roto con el patrón oro y con los créditos de la banca usurera para imponer el patrón trabajo. Si los banqueros internacionales financiaron de alguna manera con el propósito de manipularle, se equivocaron completamente, me parece a mi.

    Respecto al no bombardeo de IGFarben, desconozco el dato y me parece inverosímil por cuanto una pequeña perdida económica por parte de esta empresa que a fin de cuentas era mitad alemana, hubiera supuesto la paralización del ejercito enemigo. Creo más bien que las instalaciones se reubicarían en localizaciones subterráneas, fuertemente blindadas o algo parecido, convendría conocer el detalle.

    • Ernesto dijo:

      Uno de los directores de la IG Farben era Warburg, hermano del Warburg de la Reserva Federal USA. Tradicional familia judía banquera.
      La industria IG Farben no fue bombardeada durante la segunda guerra mundial para preservar los intereses de la Rockefeller. Desde 1932, la industria IG Farben financiaba a Adolf Hitler. Sin este apoyo y según el tribunal de Nuremberg, la segunda guerra mundial no hubiera podido ser. En 1941, la Ig Farben estableció la más grande industria química en Auschwitz, sacando provecho de la mano de obra del campo de concentración.
      Después de la segunda guerra mundial, las personas que habían cometido crímenes contra la humanidad fueron juzgadas por la comunidad mundial, en un tribunal dirigido por los USA e Inglaterra en Nuremberg. Si sus crímenes eran probados se veían condenados a la horca o a la cárcel. Veinticuatro personas de Ig Farben fueron declaradas culpables de genocidio, esclavitud, pillaje y otros crímenes.
      El tribunal de Nuremberg dividió la Ig Farben en BASF, BAYER, y HOECHST. Todos los antiguos responsables fueron liberados en 1952, con la ayuda de Nelson Rockefeller, su antiguo aliado comercial. Entonces era ministro de Asunto Exteriores de USA.
      Una vez liberados, los dirigentes de IG Farben infiltraron las más altas funciones de la economía alemana; hasta los años 70, los dirigentes de las sociedades BASF, BAYER, Y HOECHST fueron antiguos miembros del partido nazi. A partir de 1959 financiaron al joven Helmut Kohl. Con el apoyo político de este último, las 3 filiales salidas de IG Farben son en la actualidad 20 veces más grandes que la casa fundadora de 1941.

    • Ernesto dijo:

      Escribe James Stewart Martin, Jefe de la Sección Económica de Guerra del Departamento de Justicia para la investigación de la estructura de la industria nazi:
      “Poco después que los ejércitos alcanzaron el Rin en Colonia, nosotros estábamos manejando a lo largo del banco oriental dentro de la vista por el río de la planta ilesa de IG Farben en Leverkusen. Sin saber algo sobre mí o mi negocio él (chofer del jeep) empezó a darme una conferencia sobre IG Farben y para apuntar al contraste entre la ciudad bombardeada de Colonia y el trío de plantas intactas en la franja: Ford y United Rayon trabajan en el banco oriental, y Farben trabajan en el banco oriental.”

    • danipirata80 dijo:

      Bienvenido, como en tu casa. He estado viendo por encima el tuyo y promete. Tendré que dedicarle tiempo gustosamente.

  10. Ernesto dijo:

    El Embajador de los USA en Alemania, William Dodd, escribió a Roosevelt, desde Berlín, el 19 de octubre de 1936 (tres años después de que Hitler llegara al poder), en relación con los industriales de América y su ayuda a los nazis:
    “…DuPonts tienen tres aliados en Alemania, que están ayudando en el negocio armamentista. Su principal aliado es la empresa IG Farben, que es del Gobierno y está dando 200.000 marcos al año a una organización de propaganda para influir en la opinión pública americana. La Standard Oil Company envió aquí $2.000.000 en diciembre de 1933 y ha mandado 500.000 dólares al año para ayudar a los alemanes en la gasística Ersatz para fines de guerra, pero la Standard Oil no puede sacar sus ganancias fuera del país, salvo en bienes. Esta empresa declara sus ingresos en USA, pero no explica los hechos. El presidente de la International Harvester Company me dijo que sus negocios aquí aumentaron el 33% al año (se dedican a la fabricación de armas, creo), pero no pueden sacar nada. Incluso los nuestros que se dedican a la fabricación de aviones tienen acuerdos secretos con Krupps. General Motor Company y Ford hacen enormes negocios aquí a través de sus filiales y no se llevan los beneficios…”
    Ojo, sin poder sacar los beneficios.

    • Ernesto dijo:

      Continua el embajador USA:
      “¿Por qué la Standard Oil Company de Nueva York envió más de $1.000.000 en diciembre de 1933, para ayudar a los alemanes para fabricar gasolina a partir del carbón para emergencias de guerra? ¿Por qué la gente de la Internacional Harvester sigue fabricando en Alemania cuando su empresa no saca nada del país y cuando ésta no ha conseguido recuperar las pérdidas de guerra? Comprendió mi posición y estuvo de acuerdo en que si estallaba otra guerra habría aún más pérdidas”

  11. Ernesto dijo:

    Farben era Hitler y Hitler era Farben. (Senador Homer T. Bone al Comité del Senado en Asuntos Militares, 4 de junio de 1943.)

  12. Ernesto dijo:

    Estas compañías fueron unidas para volverse Internationale Gesellschaft Farbenindustrie A.G. o IG Farben para abreviar. Veinte años después el mismo Hermann Schmitz fue puesto en juicio en Nuremberg por crímenes de guerra cometidos por el Cartel IG. Otros directores de IG Farben se llevaron a juicio pero los asociados y directores de IG Farben del propio IG fueron olvidados calladamente; la verdad se enterró en los archivos. Son estas conexiones americanas en Wall Street la que nos involucran.

    Sin el capital proporcionado por Wall Street, en primer lugar no habría habido ningún IG Farben y casi ciertamente ningún Adolf Hitler ni Segunda Guerra Mundial. Los banqueros alemanes en el Farben Aufsichsrat (la Mesa de supervisión de los Directores)[1] en los finales 1920s incluían el banquero de Hamburgo Max Warburg cuyo hermano Paul Warburg era un fundador del Sistema de la Reserva Federal en los Estados Unidos. No coincidentemente, Paul Warburg también estaba en la Mesa americana de IG Farben, la subsidiaria americana totalmente poseída.

    Además de Max Warburg y Hermann Schmitz, la mano guía en la creación del imperio Farben, el inicial Farben Vorstand incluía a Carl Bosch, Fritz ter Meer, Kurt Oppenheim y George von Schnitzler. [2] Todos exceptuando a Max Warburg fueron acusados como “delincuentes de guerra” después de la Segunda Guerra Mundial. En 1928 las tenencias americanas de I. G. Farben (es decir, Bayer Company, General Aniline Works, Agfa Ansco y Winthrop Chemical Company) estaban organizados en una compañía holding suiza, IG Chemic (Internationale Gesellschaft fur Chemisehe Unternehmungen A. G.), controlada por IG Farben en Alemania. En el año siguiente estas empresas americanas se unieron para volverse la americana IG Chemical Corporation, después renombrada General Aniline & Film.

    Y YA ME CANSÉ

  13. Racholetski dijo:

    Ernesto, he mirado solo la wikipedia, que con todos sus vacíos y tendenciosidades tampoco puede decir tonterías. IG Farben fueron objetivos de guerra

    IG Farben facilities were bombing targets of the Oil Campaign of World War II, and up to 1941, there were 5 Nazi Germany Buna plants that produced Buna N by the Lebedev process.[36]:15
    Dwory
    The Buna Chemical Plant at Dwory was under construction by 1943,[37] after a March 2, 1942 contract with “IG Farbenindustrie AG Auschwitz.”[38] The Buna Werke plant, which produced synthetic oil and rubber (from coal), was the beginning of SS activity and camps near Auschwitz III-Monowitz during the Holocaust.[citation needed] At its peak in 1944, this factory made use of 83,000 slave laborers.[39] Today, the plant operates as “Dwory S.A.” [40]
    Frankfurt
    In addition to the “cavernous” IG Farben building at Frankfurt, a Hoechst AG chemical factory in Frankfurt was bombed by the RAF on September 26, 1944.

    El edificio de la IGFarben en Berlín también fue bombardeado, incendiado.

    El de Frankfurt no fue bombardeado por orden expresa del judío Eisenhower. No así las plantas de producción.

    General Eisenhower issued orders to preserve the building during the bombardment of Frankfurt, because he intended to use it after the war as his headquarters. However, it may have been that the building was saved by its proximity to Grüneburgpark with its prisoner of war camp holding captured American airmen.

    Era además, un edificio de oficinas.

    Auswitz no fue bombardeado por lo poco que se. Esto lo dicen los mismos judíos y explican los motivos.
    http://www.britannica.com/holocaust/article-9342910

    Con otra rápida búsqueda, obtuve un documento miltar original que da fe del bombardeo de una planta de IGFarben: 303rd BG (H) Combat Mission No. 236
    5 September 1944 Target: I.G. Farben Plant at Ludwigshafen, German. El enlace:
    http://www.303rdbg.com/missionreports/236.pdf
    Por tanto, nada de nada de que no se bombardeó a IGFarbem.
    El embajador americano dice que IGFarbem fue nacionalizada, curioso.

    El caso es que las empresas, incluidas las grandes empresas multinacionales en la Alemania NS no podían repartir más del 6% en dividendos a los accionistas, por ley, un pésimo negocio para los inversores, por cierto. Tampoco se podían sacar del país (nadie aceptaba dinero nazi). Creo que estas empresas siguieron funcionando y simplemente incrementaban sus activos, otra no les quedaba. De paso se ponían a la vanguardia tecnológica, que este es un serio interés para empresas punteras, al menos te pones al corriente de los avances tecnológicos del enemigo. Todo lo contrario que las inversiones en la URSS, al menos durante los primeros 20 años, para ser condescendientes.

    Las donaciones de empresas nacionales o privadas en Alemania a la causa nazi, tampoco puede sorprender a nadie. Internacional Harvester, fabricante de tractores agricolas y motores, ¿Para que tenía que dejar de producirlos si tenía planta en Alemania? ¿Acaso esta empresa estaba en guerra? En el año 1933, ni siquiera los bancos podían imaginar que Hitler llegara a cortar con el sistema financiero internacional. En cualquier caso, si se firmaba un armisticio o uno de los bandos ganaba la guerra, la empresa quedaría en un optimo lugar para importar y exportar sus productos en 2 continentes. Las relaciones comerciales no tienen SIEMPRE un componente sionista y en ocasiones aún teniéndolo, el interés propio puede compaginarse bastante bien con las exigencias de las políticas “nacionales” para sorpresa del embajador. ¿Que es una nación para una gran corporación sionista? Nada, o mejor dicho, lo peor. Hasta el 1936 las grandes firmas de la finanza aún mantenían la esperanza de poder seguir chupando de la teta del crédito, y el crédito, como en todo negocio, se trabaja con detalles hacia el que puede comprarlo. Menudo negocio como para romper relaciones ni siquiera con Stalin o Hitler. Las relaciones las rompieron los Alemanes, y no viceversa. Creo que es importante darse cuenta de esto y recordarlo.

  14. Racholetski dijo:

    No soy un experto en la II GM, pero de todas maneras algo de razón debes de tener en que se bombardeó Auswitz. Pero parece un objetivo demasiado al este (Polonia), más propicio para la URSS y debía de suponer cierto riesgo para los norteamericanos. Lo que si que se bombardearon fueron las vías de comunicación, vía férrea principalmente, especialmente los trenes y las estaciones, quizás más efectivo y seguro ya que si a un gran complejo industrial le privas de materias primas, es casi mejor que intentar bombardear una zona que estaría fuertemente protegida y lejana (hay que volver de la misión).

  15. Racholetski dijo:

    Aún hay más. El rollo de que no se bombardeó Awscitz, es oro cuento para sentimentales. Se bombardeó (tenía su dificultad como anticipé) y en concreto el complejo de IGFarben, dejándolo muy mermado.

    On September 13, 1944, an attack flown by 96 B-24 Liberator bombers heavily damaged the I.G. Auschwitz construction site. The main camp and the Auschwitz II camp (Birkenau) were hit. In this airstrike, an estimated total of 300 people, including SS men, were injured and killed. A further air raid on December 18, 1944, heavily damaged the pump and compressor stations of I.G. Auschwitz. As an Allied assessment report mentions, five barracks of the concentration camp also suffered damage in the strike. The fourth airstrike on I.G. Auschwitz, on December 26, 1944, was rated a success by Allied aerial reconnaisance because of the serious damage done to the plant. The last attack by the U.S. Air Force took place on January 19, 1945, one day after the start of the evacuation of the camp complex, when the SS forced the prisoners to begin a westward death march.

    El enlace da más información, hasta hay fotos:
    http://www.wollheim-memorial.de/en/luftangriffe_en

    Cuentos son cuentos.

    • Ernesto dijo:

      Nadie negó que se bombardeara Auschwitz, eso es de sobras conocido. IG Farben y el tramado industrial alemán no era sólo Auschwitz, ya dejé alguna muestra.
      Lo que intento decir es que al final de todo, tras la financiación de Hitler y su partido estaba la plutocracia de siempre, y como siempre, protegiendo sus intereses.
      Sin Wall Street no hay IG Farben, y sin IG Farben no hay NSDAP. Y sin Tratado de Versalles-Wall Street-IG Farben-NSDAP, no hay 2ª Guerra mundial.
      Otra cosa, con esta guerra los banqueros se forraron, como con todas, además de meter a Occidente en otra espiral de deuda eterna. Alguien endeudado es un esclavo.

    • Ernesto dijo:

      Imagino que ya sabrás que esas fotos aéreas de Auschwit también demuestran otras cosas, cosas sobre los famosos crematorios. Lo que pasa que es complicado mencionar esas cosas, uno sería tildado automáticamente de nazi etc…

  16. Racholetski dijo:

    Pues no saco muchas conclusiones de las fotos.

    Vamos a ver: Todo partido político necesita financiación para crecer. Los financiadores de cualquier partido, pertenecen lógicamente a la plutocracia. Los miembros de la plutocracia, cuando financian, intenta salvaguardar sus intereses ¡Solo faltaba!. Sus intereses de unos plutócratas pueden no coincidir con los de otros miembros de la plutocracia. Por ejemplo, los intereses de Ford no son el mantenimiento del FED de la banca internacional, sino de un emisor de moneda público, no privado. Asi pués, si Hitler recibió financiación cuando se vió que era sumamente popular, fue con intenciones varias, según que miembros de la plutocracia. Luego ya vemos en quedaron estos deseos por lo que respecta a la finanza internacional.

    Lógicamente no hay guerras sin financiación (Wall Street), pero el NSDAP ya existía antes de recibir un solo marco de nadie, y hubiera llegado bastante lejos independientemente de esta ayuda, solo que más lentamente.

    Finalmente, creo que estas muy equivocado respecto a “Y sin Tratado de Versalles-Wall Street-IG Farben-NSDAP, no hay 2ª Guerra mundial”. Tratado de Versailles-Wall Street, obviamente es condición sine-quae-non, pues Versailles contiene las condiciones previas que Wall Street impone para que se produzca la II GM. La segunda, IG Farben-NSDAP, es errónea a más no poder: no importa quien hubiera gobernado en Alemania, la II GM se hubiera producido igualmente, tenlo por seguro. Y ponle también algo de responsabilidad en la guerra al gobierno británico de Wiston Churchill, ya que la guerra era perfectamente evitable, pues tras la invasión ruso-gérmánica de Polonia, Hitler ofreció a Inglaterra retener solo los territorios alemanes perdidos en Versailles a cambio de la paz, y hubo más de 20 ofertas de paz por parte de Alemania a G. Bretaña que fueron rechazados en un momento que Inglaterra había fracasado en sus invasiones a los países nórdicos y la paz hubiera sido bastante sostenible. Lo británicos se lanzaron a una guerra suicida que no beneficiaría a nadie, excepto a Israel: Churchill trabajaba para los negocios del señor Rotschild especialmente su división petrolífera y la familia Churchill era sionista desde el siglo XVIII, lo cual te puedo demostrar.

    • Ernesto dijo:

      Respecto a la financiación del NSDAP, hubo una de las elecciones en las que perdió un huevo de votos, el partido se iba a pique, y fue precisamente en ese instante cuando más financiación recibió. Ahora no recuerdo las elecciones exactas, tendría que buscarlo. Qué quiero decir con esto? Que el partido no recibió financiación únicamente cuando “Hitler recibió financiación cuando se vió que era sumamente popular”, la recibió antes de ser popular, cuando ya lo era, y cuando no lo era tanto. La mayor popularidad de Hitler se consiguió con la recuperación de Prusia Oriental (los teutones cabeones JAJA) y el corredor de Danzig, y cuando Londres y París le declararon la guerra.
      Ford ya sabemos que financiaba honestamente, ya que compartía ideología, pero los miembros judeo-sionistas de la FED? Y esos sí que tenían fuerza y poder, lo mismo que su socio Rockefeller y sus petroquímicas. A Ford ni siquiera lo considero de la plutocracia, lo considero un multimillonario, como los Thyssen, pero no con el poder que tiene la FED, por ejemplo.
      Parece claro el por qué los sionistas querían a Hitler, tenían los mismos fines, aunque a primera vista parezca una contradición, aparentemente.
      Dices “la II GM se hubiera producido igualmente”, completamente de acuerdo, me habré expresado mal. Hitler no quería la guerra con Occidente, y Churchill fue uno de los máximos responsables de la guerra, aunque fuera como mero títere, no en vano llamaban a su partido, “el partido de la guerra”. Uno de los ejemplos de las pocas ganas que tenía Hitler de guerra con Londres fue el caso de Dunkerque.
      Cuando hago la cadena “Tratado de Versalles-Wall Street-IG Farben-NSDAP, no hay 2ª Guerra mundial” me refiero a que eran causas necesarias para desatar la conflagración, acción-reacción, y si no hubiera sido Hitler, hubieran encontrado a otro.
      No sé si me habré explicado.
      Un saludo.

    • Ernesto dijo:

      En el 32 el partido de Hitler perdió 32 escaños, creo que eran 32, esta fueron las últimas elecciones plenamente “democráticas”, atendiendo a los estándares democráticos que nos venden.
      Ahí recibió la financiación necesaria para no seguir cayendo.

  17. Racholetski dijo:

    Bueno, de acuerdo con tus explicaciones ahora más ajustadas. Sin embargo no creo que puedas afirmar fehacientemente que al principio, cuando era un ilustre desconocido, el partido de Hitler estaba finanaciado por ninguna banca y como opiné antes, los hechos fueron que de poco sirvió dicha financiación para la banca, que se quedó sin Alemania de cliente. Tampoco creo que los plutócratas fueran muy felices con un límite el 6% a los dividendos, y sin poderlos internacionalizara sacándolos del país. Respecto a que tuvo un gran bajón, ningún partido y menos si es nuevo los deja de tener, y se recuperan o no conforme cambian las circunstancias, especialmente si los que han ganado la cagan, como sucedió.. La prensa liberal no les ayudó lo más mínimo, solo disponían de su propio periódico, los partidos de derechas y crisitianos le veían como un incordio y sus votantes de centro-derecha ni siquiera en el 33 se cambiaron al partido de Hitler. Hitler llegó a canciller por el juego político derivado de las elecciones, porque la constitución hacía casi imposible una presidencia y un gobierno unificados. Del evidente bajón se recuperó por varios motivos, no por la financiación. Uno sumamente importante, quizás el que más, fue la quiebra de una entidad de fondos y pensiones austriaca, es bien conocido. Hay que tener presente que desde el principio, las teoría económicas de Feder, el lado más izquierdista del partido, iban en contra de la usura y la gente andaba muy quemada con ésta y con los cabalistas. La campaña electoral del partido de Hitler fue brutal, pero en ella había más esfuerzo de los afiliados que dinero, no eran elecciones de cartelitos y anuncios a la americana como ahora, se persuadía a la gente a base de mitines y conferencias sin fin, y estarás de acuerdo conmigo que no fue el voto de la oligarquía quien decantó lo resultados. La banca y aún menos la FED no apoya partidos por identidad de objetivos con su ideario, sino para tener a ese partido controlado por si llega o se aproxima al poder, por ejemplo en España, Izquierda Unida. Suele funcionar. No creo que hubiera nada en el NSDAP que gustase a la banca, salvo el deseo de manipularlo a placer, pues realmente no se lo habían tomado en serio. Curiosamente Hitler ni siquiera tenía nacionalidad alemana y no hubiera podido optar a Canciller si le hubieran seguido negando dicha nacionalidad los poderes judiciales. La consiguió por los pelos, después de años de trabas burocráticas y el cargo de canciller, para ejercer el poder, ¡ Era el que valía! Los votantes de Hitler además, no cayeron de un árbol, fueron muchos millones y muchos provenían de partidos de izquierda. Hay que tener en cuenta que en Alemania se presentaban regularmente 70 partidos políticos, una fórmula ideal para que no se logre un gobierno fuerte y manejar la política fácilmente desde los resortes financieros. No comparto tampoco que las últimas elecciones no se puedan considerar democráticas, no se en que te basas. Los millones de votos en el entramado electoral de la época tendrían un valor inmenso en un sistema electoral menos atomizado y en un entorno menos estigmatizador. Pero eso ya es historia.

    • Ernesto dijo:

      Precisamente por todo esto que dices, es aún más sospechosa la financiación de la banca a este partido, puede que los beneficios no se acotaran a Alemania, si no al ámbito internacional, puede que en Alemania no ganaran mucho, pero con la Guerra ganaron hasta jartarse, engordaron sus bolsilllos como nunca lo habían hecho, además de dejar endeudado a medio mundo, y un país endeudado con la banca se convierte en ecsclavo de esta.
      La Banca fue la gran beneficiada con la guerra, no limites tus miras sólo a Alemania, que los árboles no tapen el bosque.
      Otra cosa, en el 28, el partido casi desaparece, los votos conseguidos fueron de miseria, mucho menores que en las elecciones del 24.
      Y bueno, es una larga historia que se puede eternizar, aunque es muy interesante.

    • Ernesto dijo:

      Mira, te recomiendo este libro, en abierto en la red:
      http://www.1984nwo.net/1984/index.php?topic=3764
      “Wall Street y el Ascenso de Hitler”
      Antony Sutton
      Introducción – Introducción: Facetas Inexploradas del Nazismo

      Parte Uno: Wall Street Construye la Industria Nazi
      Capitulo 1 – Wall Street Pavimenta el Camino Para Hitler
      Capitulo 2 – El Imperio de Ig Farben
      Capitulo 3 – General Electric Financia a Hitler
      Capitulo 4 – Standard Oil Alimenta La Segunda Guerra Mundial
      Capitulo 5 – ITT Trabaja en Ambos Lados de la Guerra

      Parte Dos: Wall Street y Fondos Para Hitler
      Capitulo 6 – Henry Ford y Los Nazis
      Capitulo 7 – Quién Financió a Adolf Hitler
      Capitulo 8 – Putzi: Amigo de Hitler y Roosvelt
      Capitulo 9 – Wall Street y El Círculo Interno Nazi
      Capitulo 10 – El Mito de Sidney Warburg
      Capitulo 11 – Wall Street-Nazi Colaboración en la Segunda Guerra Mundial
      Capitulo 12 – Conclusiones

  18. Racholetski dijo:

    Gracias por el enlace, voy a leerlo, me parece muy interesante. La entrada no se corresponde demasiado con lo que estamos hablando, yo sigo la conversación, aunque no quisiera ser pesado.
    Respecto a que la banca invirtiera y financiara en Alemania con vistas a acelerar una guerra… bueno, cuando se tiene casi todo el dinero en la mano, todo ayuda a realizar tus planes, y por tanto podemos sospechar algo, pero en resumidas cuentas son cábalas. Lo importante es que H. quería reducir a la finanza al servicio de la nación y por tanto acabar con el chollo de los financieros. Los financieros, además de su gran negocio tienen otra faceta distinta que es la de accionistas de casi todas las grandes corporaciones, en esa faceta siempre han luchado con industriales como Ford y contra la pequeña industria (para aniquilarla), y estos curiosamnete también apoyaron a H. Más tarde, el régimen obligó a muchas medianas empresas a fusionarse para crear empresas más fuertes que pudieran competir con las grandes, obligandoles a unir sus capitales (cosa que a alguno tampoco le haría demasiada gracia). Pero también se apoyó a las puequeñas empresas, a la artesanía y se repobló el campo con ayudas muy fuertes par quien retornase a la agricultura. En este último aspecto las ideas un tanto lunáticas de H. se apoyaban en Spengler, quería una vuelta al campo y veía en la proliferación de las grandes ciudades la causa de la decadencia de las sociedades burguesas. Así que H. jugaba con todas las bazas a su disposición, tenía sus propios planes de futuro y al tiempo planes para el inmediato presente, sumamente bélico e industrial. Hitler en realidad era un conglomerado de las ideas existentes más relevantes de la época: socialismo, darwinismo, ecologismo, romanticismo, anitliberalismo y hasta de los pensadores y científicos más locos de la época. Al mismo tiempo deseaba volver al pasado, al mundo clásico, algo verdaderamente dificl, ambicioso y de consecuencias imprevisibles.

    Ya le he echado un vistazo al libro, la introducción, las conclusiones y quien financió a Hitler. El libro parece que se escribió para incluir a los nazis en la saga de los movimientos manipulados por la finanza, para compensar, pero es el que menos se sostiene, pues los otros son una catarata de datos. Estoy de acuerdo en que la finanza estaba detrás de crear un control mundial político, pero no estoy nada seguro de que H. estuviera por la labor. Creo sinceramente que tal como afirmaron miembros del ejercito y de la finanza, pensaron que H. sería fácil de manipular y de hecho fue entre los militares y los adláteres de la finanza internacional en quienes tuvo, posteriormente, sus mayores enemigos. Hay mucho que decir de todas estas insinuaciones. Para centrarlo en el libro, la introducción es altamente tendenciosa. Lo primero una gran vaguedad en sus afirmaciones. Después citar los juicios de Nuremberg como argumento, un juicio tan parcial y lleno de falsedades donde no hubo derecho a la réplica no me parece muy serio.
    El prólogo echa mano del esoterismo, aludiendo al supuesto paganismo de H. Tener necesidad de tamaña majadería le vuelve a hacer un flaco favor a su tesis. H. no era paganista e incluso se quejaba a menudo de las ideas de Himmler al respecto. Hitler no era especialmente devoto ni afecto al catolicismo, eso le importaba bastante poco, lo suyo era el nacionalismo alemán y en la practica respetaba a las Iglesias establecidas, no iba más allá en esos asuntos, estos asuntos no pintaban gran cosa en sus propósitos.

    A lo largo de lo leído, a mi entender el autor distorsiona permanentemente la presentación cronológica de los hechos para dar credibilidad a su punto de vista. Entre líneas pero sin sacar conclusiones que podrían desbaratar su tesis, está la información veraz: el apoyo de parte de la plutocracia americana a Alemania venía de mucho más atrás. Sumémosle a esto la poca consideración en que tenían a que H. se convirtiera en un verdadero enemigo con sus locas ideas y añadámosle la creencia general en que sería alguien fácilmente manipulable, un 15M fascista de la época y creo que se estará más cerca de la realidad. Un pintor de fachadas, pobre cabo y sin estudios que se apoyaba en masas desesperadas nunca les pareció un obstáculo frente a un poder sustentado por décadas de fino trabajo manipulador y experto en inteligencia social, política y militar, con todos los ases en la manga.

    A medida que me informo más sobre la época, observo que H lo que tenía en mente era sobre todo aglutinar y fortalecer a su país, hablaba con todos los grupos de interés y buscaba apoyos y acólitos incluso entre los comunistas, pareciera que para él solo importaba Alemania. Con poca fuerza propia pero con mucha más determinación que nadie, fue pactando y tensando la cuerda con todos los partidos e intereses que se movían en su país y la gran crisis de la democracia de Weymar y de la economía nacional le llevaron al poder por medio de las elecciones, una posibilidad muy remota para un ideario tan extremo desde el punto de vista y los presupuestos de una democracia liberal. La crisis fue su principal aliado. un error como éste nunca volverá a ocurrir.
    Sin querer caer en la falta de rigor cronólogico que he observado en el libro, Schacht acabaría -finalmente- en Dachau y reconocería haber estado boicoteando el régimen desde dentro. Hay que tener muy en cuenta que la idea de sociedad de H. no pretendía eliminar la iniciativa privada, sino ponerla al servicio de la nación. Pese a la fuerte oposición ideológica frente al liberalismo y a la finanza internacional, relaciones económicas como las que se citan en el libro eran inevitables e imposibles de eliminar de la noche a la mañana, especialmente en el terreno de las corporaciones y por tanto no ameritan tirarse de los pelos ni pensar en confabulaciones esotéricas de tres al cuatro ni en una linealidad conspirativa que el autor del libro, de poder haberla verificado, hubiera sido mostrada ferozmente. He leído que personas cercanas a H. dijeron que era imposible saber lo que realmente pensaba. A sus “aliados” que sería fácil de manipular. A él mismo que todos estos liberales económicos se llevarían una gran sorpresa, así que no sabemos a donde iría a parar todo aquello porque la realidad práctica no dió tiempo para comprobarlo. Indudablemente, el poder de la finanza y de la burguesía horada cualquier idea que se interponga en su camino y oponerse a esto, como supongo les ocurrió a los comunistas es muy difícil, pues el ser humano sucumbe fácilmente al dinero fácil y las prebendas de los abusos de la propia posición, así que solo se le puede hacer frente con una idea, un idealismo muy fanático y una sociedad muy unida y cohesionada que H. lo encontró en un nacionalismo y una ética, moral y estéticas exageradas, casi delirantes, que solo se pueden mantener en tiempos de confrontanciones nacionales muy fuertes, casi al extremo de la supervivencia física, panorama con el que se convivía en aquellos tiempos. Hoy en día esto parece impensable y lo es, es totalmente anacrónico. Pero en aquella época era una posibilidad y ante el asombro de todos, sucedió. Nunca volverá a suceder, salvo que se produzca una catastrofe planetaria, algo que no será nada grato de vivir por cierto y cuya resolución sería una inmensa incógnita, verdaderamente impredecible.

    • Ernesto dijo:

      Lo interesante del libro, y de otras informaciones, no sólo de este libro, son los datos que aporta, sus coclusiones son eso, suyas.
      No hay que estar de acuerdo con todo lo que dice un libro, es más, eso es bastante complicado, pero los datos ahí están, que es con lo que me quedo.
      Yo prefiero remitirme a los hechos, especular con esto o aquello está bastante bién, pero se queda en eso, especular.
      Yo veo unos hechos a partir de Versalles, y a partir de ahí saco conclusiones, y lo que no creo es que el estáblisment financie y alimente a su propio enemigo, con esto no quiero decir que Hitler no fuera honesto con sus ideas, no quiero decir que estuviera compinchado.
      Desde Versalles parece que todo está orientado a una nueva guerra, y esta guerra la tuvieron.

  19. Racholetski dijo:

    De acuerdo.

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