EL JUDAICO FIN DEL IMPERIO ESPAÑOL

Hablabamos en el post sobre el judaico reinado de los Reyes Católicos de como la judería se instala en el poder con los métodos más sucios y desde ahí, no contenta con dominar a una nación y degradarla, decide expandir su negocio construyendo un terrible imperio colonial.

Hoy vamos a ver como cuando ya se han sonado los mocos con un imperio y este ya no da más de sí, cambian a caballo ganador. Hay un momento muy signficativo en la historia de España que refleja a la perfección esa situación: el verano del 98

Me serviré básicamente del libro del periodista Jose Antonio Plaza “El maldito verano del 98” para estos menesteres.

Nos situamos pues, en ese año en Cuba, a la que se llamó “la llave del nuevo mundo”, base estratégica para la creación de ese imperio colonial español en América. Hace tres años que el masónico lider independentista José Martí murió en combate contra las fuerzas españolas.

Una curiosidad que no está de más comentar es que el único hijo de Martí, José Francisco Martí Zayas-Bazan, apodado «Ismaelillo», quien estudiaba en Rensselaer Institute of Tecchnology, en Troy, New York cuando se enteró de la muerte de su progenitor fue asistente de William Taft-masón de la Gran Logia de Pennsylvania- antes de que éste fuera presidente de Estados Unidos. En 1912, el presidente William H. Taft afirmaba en relación con la política exterior de su país:

“No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá, y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente”

También contaba el Ejército insurrecto, compuesto por más de 20.000 hombres apoyados por la industria tabaquera americana, con un cabecilla de curioso apodo Jesús Rabi. No puedo asegurar nada, la explicación que he encontrado está en estrecha relación con su padre, el cual era llamado así, por todo el que lo conocía y cuya significación era maestro. Que humor tendrían que tener en la familia al ponerle el nombre del salvador si fuera el caso que sospechamos. Aparte de eso el apellido de su padre, Sablón, hace referencia al barrio judío de Sablon en Bruselas. El segundo apellido de su padre, Manach, significa contar en arameo.

Suposiciones en torno a judeidades aparte, en nuestro país Cánovas del Castillo, presidente del Gobierno español muere asesinado a manos de un anarquista italiano, que muy posiblemente pudo estar financiado por círculos independentistas cubanos radicados en París, la politica de “mano dura” del general Weyler fue abandonada por el Gobierno liberal de Sagasta.

Sagasta fue caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro, I Bailío Presidente (Lugarteniente General) de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén y creador del I Capítulo de la Orden en Madrid. Recibió las Grandes Cruces de la Real y distinguida Orden de Carlos III, Orden de la Concepción de Villaviciosa, de la Orden de la Torre y Espada, Orden de San Mauricio y San Lazaro. Sagasta fue un destacado masón, llegando a alcanzar el grado 33 y como tal el de Gran Maestre del Gran Oriente de España, hasta, que en enero del año 1885 decide apartarse de la masonería de forma privada. El 14 de noviembre de 1894 en defensa de sus propias creencias y de la Monarquía, manifiesta de forma pública-por cojones ya que en este país no gusta tener un presidente masón- ante el Congreso de los Diputados su supuesta separación de la Masonería.

El naciente imperialismo yanki

“En el inicio de 1890 los Estados Unidos entraron de lleno en la vía del expansionismo. Cuba por su proximidad, era un objetivo claro para su comercio exterior. Los medios financieros de Nueva York se refieren a la isla como “esa bella planta tropical que prontó florecerá para nosotros”.

Desde hace 8 años la Marina de los Estados Unidos alentada por la filosofía expansionista del capitán Alfred Mahou, construye una flota moderna y poderosa. “Una gran armada que garantice los mercados exteriores tan necesarios para la prosperidad americana”.

La idea de anexionar Cuba se planteó en reuniones financieras y debates políticos, fomentando la idea mediante la compra y el respaldo unánime de las ricas familias criollas, que se sienten en muchas ocasiones , por razones de egoísmo mercantil, más cerca de los Estados Unidos que de España.

El senador Henry Cabot Lodge- a posteriori gran partidario de las Naciones Unidas como institución encargada de promover la paz internacional- ha aconsejado a la Casa Blanca “que declare inmediatamente la guerra a España y se anexione sin dilación la isla de Cuba`para luego mirar hacia el Pacífico y poner la bandera de las barras y estrellas desde las islas Hawai hasta Filipinas”

Muchos senadores y diputados del Capitolio han reconocido ya públicamente que “si los Estados Unidos no actúan con rapidez se encontrarán con una Cuba independiente”

La explosión del Maine

Con la excusa de asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla, el gobierno estadounidense envió a La Habana el acorazado de segunda clase Maine. El viaje era más bien una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en el rechazo de la propuesta de compra realizada por los Estados Unidos sobre Cuba y Puerto Rico. El 25 de enero de 1898, el Maine hacía su entrada en La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas tanto de la época como actuales. En correspondencia a este hecho, el gobierno español envió al crucero Vizcaya al puerto de Nueva York.

A pesar de lo inoportuno de la visita, la población habanera permanecía tranquila y expectante y parecía que el capitán general, Ramón Blanco, controlaba perfectamente la situación. Por otra parte, a pesar de que el Maine tuvo un gélido recibimiento por parte de las autoridades españolas, Ramón Blanco y el capitán del navío, Charles Sigsbee, simpatizaron desde el primer momento y se hicieron amigos.

Sin embargo, a las 21:40 del 15 de febrero de 1898, una explosión ilumina el puerto de La Habana. El Maine había saltado por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 254 hombres y 2 oficiales. El resto de la oficialidad disfrutaba, a esas horas, de un baile dado en su honor por las autoridades españolas.

Sin esperar el resultado de una investigación, la prensa sensacionalista de William Randolph Hearst publicaba al día siguiente el siguiente titular: «El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo».

Y adivinen quién fue “casualmente” testigo ocular del estallido del acorazado Maine. Un judío Rothschild!! Más aún, al testificar ante una corte norteamericana, fue el creador de la teoría de que la explosión había sido intencional. De más está decir que los Rothschild tenían grandes intereses tanto en las finanzas de la corona española como del gobierno norteamericano.

A fin de determinar las causas del hundimiento se crearon dos comisiones de investigación, una española y otra estadounidense, puesto que estos últimos se negaron a una comisión conjunta. Los estadounidenses sostuvieron desde el primer momento que la explosión había sido provocada y externa. La conclusión española fue que la explosión era debida a causas internas. Los españoles argumentaron que no podía ser una mina como pretendían los estadounidenses, pues no se vio ninguna columna de agua y, además, si la causa de la explosión hubiera sido una mina, no tendrían que haber estallado los pañoles de munición. En el mismo sentido, hicieron notar que tampoco había peces muertos en el puerto, lo que sería normal en una explosión externa.

Tradicionalmente ha sido una opinión muy extendida entre los historiadores españoles el creer que la explosión fue provocada por los propios estadounidenses para utilizarla como excusa para su entrada en la guerra. Algunos estudios actuales apuntan a una explosión accidental de la santabárbara, motivada por el calentamiento de los mamparos que la separaban de la carbonera contigua, que en esos momentos estaba ardiendo.

Otros estudios recientes han señalado que, dados los desperfectos causados por la explosión, si la misma hubiera sido provocada por algún artefacto externo, ésta habría hecho al barco saltar (literalmente) del agua. Algunos de los documentos desclasificados por el gobierno de EE.UU. sobre la Operación Mangosta (proyecto para la invasión de Cuba posterior al fracaso de Bahía de Cochinos) avalan la polémica hipótesis de que la explosión fue causada en realidad por el propio gobierno de EE.UU. con el objeto de tener un pretexto para declarar la guerra a España.

España negó desde el principio que tuviera algo que ver con la explosión del Maine, pero la campaña mediática realizada desde los periódicos de William Randolph Hearst, hoy día el Grupo Hearst, uno de los principales imperios mediáticos del mundo y desde el New York World del judío Joseph Pulitzer convencieron a la mayoría de los estadounidenses de la culpabilidad de España.

Un inciso para hablar de William Randolph Hearst: el inventor de la prensa amarilla retratado en la película Ciudadano Kane del sádico Orson Welles (la palabra «Rosebud», que sirve de hilo conductor de toda la narración, es el apodo con el que Hearst llamaba a cierta parte íntima de Marion, actriz benefactora de los caprichos del magnate y político, la leyenda urbana cuenta que en una fiesta privada en su yate encontró a Marion besándose con Charles Chaplin, le disparó a éste, y, por error, mató a Thomas Harper Ince (justo en el día de su cumpleaños, de ahí la fiesta), ocultando el incidente astútamente sin que las autoridades supieran nada del asunto)

Seguramente no fue este el único crimen dado en las dependencias de Hearst que quedó impune, recuerden el horripilante caso de la dalia negra en el que curiosamente se tiene como sospechoso al director de cine.

Kennedy impulsó a su amigo William Randolph Hearst a ayudar a Hitler a mejorar su imagen en los Estados Unidos. Hearst no necesitaba esta sugerencia, venía cortejando al fascismo desde mucho tiempo antes, casi al mismo tiempo que prestaba su apoyo y ayuda al judío Roosevelt y al New Deal. Desde 1927 hasta mediados de los años treinta, Hearst solicitó y publicó en sus periódicos, columnas de Mussolini y de Hitler. Con Mussolini compartió Hearst amante, la judía Margherita Sarfatti a quien invitó a su residencia en San Simeón siendo recibida con honores en Estados Unidos por el presidente Roosevelt y su esposa Eleanor.

En fin, este tipejo fue el que metió mas cizaña contra nuestro país.

EE.UU. acusó a España del hundimiento y declaró un ultimátum en el que se le exigía la retirada de Cuba, además de empezar a movilizar voluntarios antes de recibir respuesta. Por su parte, el gobierno español rechazó cualquier vinculación con el hundimiento del Maine y se negó a plegarse al ultimátum estadounidense, declarándole la guerra en caso de invasión de sus territorios, aunque, sin ningún aviso, Cuba ya estaba bloqueada por la flota estadounidense.

Quiero añadir aquí una interesante alocución redactada por nuestro general Blanco ante las artimañas yankis: “Este proceder, sin ejemplo en la historia, pone de manifiesto la política artera de esa república ambiciosa, a cuya emancipación e independencia España prestó su decidida y generosa ayuda. Ahora descaradamente revelan los Estados Unidos sus aviesos propósitos después de haber conspirado en los últimos cincuenta años contra la soberanía española” Como nos gustaría esa acertada visión en nuestros generales actuales, mas preocupados en ganar campeonatos de golf que de velar por nuestra patria.

No puedo reprimirme en poner también esta obsevación del elocuente y visionario padre Calpena: “los yankis que quieren destronar a Dios y colocar en sus altares al dólar como nuevo ídolo universal al que adorar”

Comenzaba así la Guerra Hispano-Estadounidense, que con posterioridad se extendería a otras colonias españolas como Puerto Rico, Filipinas y Guam.

Y comenzó con engaños, otra vez, por parte de los yankis. En unos Estados Unidos empapelado de cárteles como “To hell with Spain” (Al infierno con España) y “Remember the Maine” (Recuerda el Maine) el propósito era movilizar un ejército de cerca de 125.000 soldados. En esa época sólo tenían 25.000. Su armamento era anticuado y escaso. La mayor parte de oficiales entró en combate hace ya muchos años. Pero frente a eso Herst y el judío Pulitzer ocultan los detalles a sus lectores, dándoles a conocer sin embargo noticias sobre la posible utilización en la guerra que se avecina de “poderosas” armas secretas como el submarino de guerra, el cañon de dinamita y la temible ametralladora Gatling, que vomita casi un millar de proyectiles por minuto. Insisten también mucho en la incorporación ya experimentada de “grandes globos aerostáticos” que en realidad fueron muy fáciles de deshinchar.

Como generales los yankis tenían al mataindios general Nelson A. Miles(derrotó a Toro Sentado, Caballo Loco y Gerónimo), al asesino de sioux general Shafter y al heroe del ejercito sudista Wheeler.

Ahorraré al lector los pormenores de la guerra que creen los yankis ganada exclusivamente por ellos. El teniente Rowan relató a la vuelta “su propia versión” y en ella caso no aparecía la colaboración decisiva de los insurrectos cubanos. Vendió casi dos millones de libros con su relato y posteriormente, en los primeros años del judaico Hollywood, se llegó a hacer una película de su aventura protagonizada por el judío Wallace Beery, una de las primeras estrellas del cine americano. Wallace era el marido de Gloria Swanson( Swanson estuvo relacionada sentimentalmente con el productor Joseph P. Kennedy, padre del que fuera presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, romance que le ayudó a convertirse en uno de los personajes más poderosos de la industria cinematográfica del momento)

Después de bombardear brutalmente a la población civil en San Juan(Puerto Rico) tenemos las aventuras del coronel Theodore Roosevelt, del regimiento de voluntarios, los rough riders(integrado por universitarios, deportistas, financieros de Wall Street e hijos de millonarios), secuestrando trenes y barcos para poder llegar a Cuba. Este coronel fue el que más tarde llegaría a presidente, gracias al asesinato del anterior(William McKinley) por el anarquista judeo-polaco Leon Czolgosz de la escuela de la judaica pareja Emma Goldman y el hijo de un adinerado hombre de negocios judío Alexander Berkman(quienes tras varios incidentes y acusaciones, fueron deportados a la Unión Soviética durante el Miedo Rojo de 1917, pero tras la represión en Kronstadt se mudaron a Suecia, Alemania y finalmente Francia, sin dejar de denunciar al gobierno soviético con sus libros The Bolshevik Myth (1925), Letters from Russian Prisons (1925) o El ABC del comunismo libertario (1929))

Asi fue. Emma junto con nueve personas más fue de nuevo arrestada el 10 de septiembre de 1901 por participar en el complot(judio?) de asesinato contra el Presidente William McKinley. Uno de ellos, León Czolgosz le había disparado pocos días antes. Emma, le conoció semanas más tarde y se vio con él una sola vez, al ser arrestada dijo: ¿Tengo yo la culpa de que un loco haga una mala interpretación de mis palabras?

La dulce historia de Roosevelt, que tenía antepasados judíos holandeses y los judíos tiene una curiosa anécdota. En 1902 se produjo una disputa fronteriza entre Mississippi y Louisiana. Roosevelt como presidente para investigar y calmar la situación y como era un cazador entusiasta, la gente del lugar lo llevó a cazar un oso. Cuando después de 5 días no se había logrado disparar a ninguno, uno de los hombres capturaron a un cachorro y lo ató a un árbol. Roosevelt dijo que era poco deportista y se negó a disparar el cachorro. La historia se difundió interesadamente en todo el país.

Morris y Michtom Rose, eran inmigrantes judíos europeos que habían llegado a Nueva York en 1887 y terminaron en el negocio de los juguetes. Rose, al oír esta historia, cosió un muñeco oso, lo llamó Teddy, y lo puso en la ventana de su tienda. Cuando vio que era un éxito, envió el original a Roosevelt y le pidió permiso para usar su nombre. Estuvo de acuerdo, y como todos sabemos, el nombre cuajó. En 1904 los republicanos utilizaron el osito de peluche como símbolo de una exitosa campaña para reelegir a Roosevelt.

Pero no nos vayamos lejos de Cuba. Cerca de 5.000 soldados judíos norteamericanos que se sirven en Cuba y 15 Rough Riders judíos fueron muertos o heridos en el ataque a Loma de San Juan. En un momento hubo un servicio judío en Cuba, dirigido por el rabino de la Congregación de Filadelfia. Teddy Roosevelt llegó con sus soldados y entabló con el rabino una relación que continuaría hasta sus últimos años.

Para entender mejor como era el trato yankis-cubanos nos ayudará el corresponsal del New York World Stephen Crane: “los oficiales y soldados yanquis desprecian a los cubanos y los odian”.

Otro corresponsal, Richard Harding-Davis, del New York Herald, cuando las cosas se pusieron muy feas para los norteamericanos guardó el blog de notas, cogió el fusil de un soldado herido y estuvo disparando a los españoles hasta que se acabaron las municiones. El periodista yanqui como un soldado más, nada nuevo bajo el sol.

Estos periodicos calumniaban a los españoles sosteniendo la rídicula suposición de que los soldados españoles estaban utilizando, para contener la invasión, balas explosivas, balas rociadas de cobre que envenenan la sangre y balas con una cruz tallada en el plomo para producir desgarros irreparables. Hoy dirían que vamos hasta el culo de viagra suministrada por nuestro presidente para causar violaciones en masa.

Poco después de ganar la guerra, un 10 de diciembre se firmó el tratado de París. España perdía los restos de su imperio colonial y los Estados Unidos se alzaban como gran potencia universal.

En 1975 el almirante Rickover, el más prestigioso marino del momento, padre de los submarinos atómicos, el hombre que había dado a los Estdos Unidos el arma más poderosa de su historia, promovía una nueva investigación apoyada por las más modernas técnicas de investigación y análisis. La conclusión de los más calificados expertos de la Marina de los Estados Unidos fue ésta:

“No hemos encontrado ninguna certeza técnica en la documentación examinada de que una explosión externa iniciara la destrucción del Maine. Las pruebas disponibles están en consonancia con una explosión interna. Por tanto llegamos a la conclusión de que una fuente interna fue el motivo de la explosión. La más probable fue el calor de un incendio en la carbonera contigua. La clase de carbón bituminoso es conocida como causante de incendios por combustión eespontánea, y la carbonera estaba separada por un mamparo de grueso sencillo de las cajas de pólvora del pañol contiguo. No obstante, como no hay modo de probarlo, no pueden eliminarse como posibilidades otras causas”… como un atentado de “bandera falsa”.

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5 respuestas a EL JUDAICO FIN DEL IMPERIO ESPAÑOL

  1. Racholetski dijo:

    Lo que no dice el informe de la Marina USA es que como ocurriría en Pearl Harbour, la oficialidad, -milagrosamente- no estaba en ese momento en el barco. La caída del Imperio basura español, le saldría cara al Japón unos pocos años más tarde. Mark Twain narró magistralmente más tarde la masacre total y a sangre fría de una población entera de nativos filipinos, había llegado la libertad.

    • Ernesto dijo:

      Y casualmente la mayoría de los que quedaban en el barco eran los curritos del servicio, o sea, los negros… o eran blancos mediterráneos?
      JAJAJAJAJJA
      Era broma, tranquilo. Lo que es verdad es que la mayoría eran curritos negros

  2. Racholetski dijo:

    SI;SI,SI. Me estoy convirtiendo en Anibal Baxter.

    De la página cubana ECURED (RED)

    Veintiséis eran sus oficiales y 328 sus alistados. Los negros no eran mayoría en su tripulación ni tampoco fueron mayoritarios entre los muertos. Murieron dos oficiales y 258 alistados; de ellos, 22 eran negros. Otros cinco alistados y un oficial —el oficial de guardia cuando la explosión— murieron con posterioridad a consecuencia de las heridas recibidas. Pero nunca se añadieron a las listas de bajas.

    Aunque se ha dicho que la oficialidad del barco no se encontraba a bordo en el momento de la explosión, el capitán de navío Charles D. Sigsbee, comandante del Maine, estaba en su camarote, escribiendo, al ocurrir la tragedia. Su segundo estaba también a bordo. Sigsbee fue el último de los tripulantes que abandonó el Maine.

    No es por nada, pero el afro-centrismo nace en el seno mismo de la factoría talmúdica. ¿Nunca has oído hablar del veneno de todas las naciones?

  3. Mad-Media dijo:

    Una cosa: la historia de Roosevelt que explicas se refiere al padre de Franklin D Roosevelt, no al gran presidente norteamericano de los años 30 que, judío o no, los tenía bien puestos. Esencialmente, trabajó para el pueblo, y no para las mafias corporativas. Ojalá cualquiera de los presidentes USA que ha habido en los últimos 50 años se pareciera en lo más mínimo a él.

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