EL NINI ALBERTO GARZON OPINA SOBRE LOS GRAPO/ RESPUESTA DE PABLO HASEL

Este sospechosísimo diputado de Izquierda Hundida, nini, miembro de la secta de disidencia fabricada ATTAC y mito gay opina que “los GRAPO eran terroristas que atendían más al dogma que a la razón” y que “quienes matan y secuestran son terroristas”.

Respuesta de Pablo Hassel

El señorito que hoy ocupa una poltrona gracias a la sangre culpable que derramaron valientes hace años por nuestros escasos derechos, debe creer que las pocas libertades que tenemos se conquistaron desde una silla condenando a quienes tenían las agallas de plantar cara a la injusticia sin medias tintas. Falta al respeto a todos los revolucionarios de la historia y los llama terroristas porque desgraciadamente para hacer revoluciones se tuvo que matar y mucho. Ojala las pudiéramos hacer con abrazos, montando fiestas o repartiendo piruletas de IU, pero quien asegure como él que con las urnas conseguiremos un conato de socialismo (porque su reformismo no da para más) miente como un bellaco y si encima sabe que no será así, pero se lucra callando la objetiva realidad, entonces como dijo Bertol Brecht: es un criminal.

Garzón hace honor a su apellido e igual que el juez estrella cómplice de numerosas torturas a militantes antifascistas, usa el lenguaje de la oligarquía y no se le ocurre otra cosa que llamarles “terroristas”. Podría haber reconocido discrepancias ideológicas, podría haberse quedado en la burrada de “dogmáticos”, pero no, como cara más descafeinada del capitalismo tenía que llamarles así, sólo faltaba apuntar que desayunaban niños y que cogían las armas por capricho. ¡Diantres, hay que ser capullines para jugarse cadena perpetua con el chollo bien montado que tienen algunos como Alberto! Pero es que algunos son comunistas hasta la médula y eso de mentir al pueblo por poltronas… como que no.

Como si la oligarquía gozara de menos poder que en la Rusia de los zares, para algunos es antiguo y desfasado eso de imaginar al pueblo armado rebelándose ante la tiranía. Pero no pasa nada, el tiempo nos dará la razón porque repito que muy a mi pesar, no sólo la ley electoral impedirá que hasta las reformas más lights puedan llevarse a cabo, pues los poderosos tienen muy claro que con las armas van a seguir defendiendo sus privilegios. Entonces el juicio de la historia dejará a los de su calaña en su lugar y a quienes dieron su vida por el cambio, en el suyo. Mientras, puede seguir poniéndose a la altura de los fascistas a la hora de juzgar a revolucionarios, no sería la primera vez que les dan la razón: sólo hace falta ver lo bien que habla Ynestrillas de Julio Anguita, otro cómplice con su cobarde silencio de brutales torturas a comunistas de los GRAPO y del PCE (r) cuando se reunía entre risas con Aznar.

Si según su lógica los GRAPO eran terroristas por matar y secuestrar…¿Entonces qué son los del PCE (r) que no practican la lucha armada? Porque en este Estado fascista militar en el Partido Comunista de España Reconstituido son 11 años de cárcel sin delito de sangre alguno. Pero claro, el sinvergüenza de Garzón antes que llamar terrorista al Estado por semejante represión, prefiere lanzar sus dardos contra revolucionarios. Le da mucha más pena que los GRAPO secuestren a un explotador que un militante del PCE (r) recibiendo todo tipo de torturas (debería leer algunos relatos de estas, a ver qué cara de socialdemócrata se le queda). No son especulaciones, pues a los primeros los ataca y de las torturas jamás ha dicho ni mú, no fuera que perdiera su poltrona. Como bien decía una compañera: “es mucho más fácil llamar terroristas a quienes cogieron el fusil, que defenderlos”. Con “izquierda” así, no hace falta la manipulación de la prensa burguesa.

Según él no atendían a la razón, como si no hubiera razones para hacer la revolución. Desde luego que el no la hace, por ello desde arriba lo dejan tranquilo, es más, les hace un favor cortando fuegos, condenando a luchadores, siendo la coartada de esta dictadura para decir que aquí hay democracia. El terrorista de Emilio Botín (este sí) nos diría con la sonrisa cínica y frívola que bien le retrata: -¿Cómo dicen ustedes que no hay democracia? ¡Si pueden votar a rojos como Alberto Garzón!

Encima tiene la jeta de decir que en alguna ocasión ha dicho que aquí falta democracia. Siempre hablando con eufemismos y medias tintas, no fuera que molestaran demasiado y se les acabara el chollo. ¿Cuándo dirán alto y claro en el congreso que esto es una dictadura en la que se encierra y persigue a gente por sus ideas? ¿Cuándo que la mal llamada “transición” no fue más que maquillaje y que instituciones fascistas como la Audiencia Nacional son un tribunal político al servicio de la oligarquía heredera del franquismo?

Garzón no es un comunista y por ello no tiene la solidaridad que nos caracteriza a los que aún sin ser héroes como otros, la ejercemos bastante. Prueba de ello es que si mañana el Estado lo encerrara a él, cosa que no hará porque no le supone molestia alguna, yo denunciaría la represión y me movilizaría por su libertad ante semejante atropello fascista. Cosa muy distinta sucede cuando a diario se violan los derechos humanos de presos antifascistas y él no mueve un dedo ni lo denuncia.

Tiene que recurrir para desacreditar a revolucionarios a lo que todo reformista y mano izquierda del tío Sam acude: la acusación de dogmatismo. En este caso todo un piropazo, porque si mantenerse fiel a principios básicos del comunismo es serlo, y por ello lo dice, queda hasta bien. Pero no usa el término adecuado, pues poco hay menos dogmático que la línea marxista-leninista que hace autocrítica constante y se nutre de las experiencias. A diferencia de él, cuya autocrítica no debe ser muy aguda, tal vez nublada por la vanidad, pues de serlo comprobaría que para ser un “revolucionario” tiene al Estado demasiado contento con su labor. Alberto está siendo muy dogmático con eso de condenar usando calificativos propios de la derecha a quienes sí supusieron un problemón para la oligarquía y para quienes en la falsa transición (no como los coleguis suyos como Carrillo) no aceptaron el insulto que supuso para los antifascistas una monarquía impuesta por el caudillo y un cambio para que todo siguiera igual.

Imagino que fueron muy dogmáticos negándose a dar la mano a los fascistas mientras los cadáveres de los republicanos seguían pidiendo a gritos justicia y ellos no sólo no pedían perdón, sino que seguían con el poder económico, con la Iglesia a su lado, con la educación modelada a su favor, con la prensa y la TV controladas, vamos, con el poder a todos los niveles, el armamentístico incluido. Por ello hoy en televisiones como Intereconomía se hacen homenajes a Franco y un militante del PCE (r) pasa 11 años como mínimo entre rejas con el peor de los tratos tras recibir torturas y aquí no pasa nada, para Alberto Garzón tampoco, porque el muy traidor encajaría en la mesa de Intereconomía condenando con la misma fuerza a los GRAPO. El muy mierdas no podía quedarse en reconocer diferencias ideológicas, no, él desea que se pudran en la cárcel por terroristas porque es de ser muy malos malotes eso de volar parte del Valle de los Caídos, debe ser mucho más digno desear una pronta recuperación al fascista del Borbón como hizo su Cayo Lara. ¿En serio pensáis que no se descojona después de visitarle en la Zarzuela con las propuestas de IU?

Dentro de la pena y el asco que me da la tremenda cobardía hipócrita de apoltronados de su pelaje, estas frases-perla dignas de ser enmarcadas, vienen de maravilla para que se retraten. Lo sorprendente es que aún haya ingenuos o tarados que con una bandera comunista de avatar sean capaces de defender a quienes llaman terroristas a guerrilleros que, independientemente de que uno esté totalmente a favor o no de sus posturas, son comunistas y han dado sus vidas contra el fascismo. Ellos no se agacharon cuando los pactos de la Moncloa, entre otros planes de la burguesía, masacraban por muchísimos años nuestros derechos y libertades más básicas. Mientras la oligarquía fascista brindaba por descojonarse de la transición con todos sus privilegios intactos e incluso aumentados, hubo algunos que les hicieron temblar un poco, algo que nunca lograrán Albertos Garzones de turno. Lo menos es reconocer su valor y no ocultar una cobardía patológica atacándolos. Como dijo Martí, quien inspiró la revolución cubana de la que Alberto tampoco es muy amigo: “Si no tienes la decencia de luchar al menos respeta a quienes sí lo hacen”.

Y luchar, desde luego, no es tirar mierda sobre quienes ya tienen suficiente con las toneladas que vierte la manipuladora prensa burguesa sobre ellos, porque además se nota de sobras que Alberto no ha leído nada o bien poco salido de los GRAPO, como todos los que lo defienden sin tener ni idea, simplemente porque es de su mismo partido, pero claro, eso no es dogmatismo.

Luego pedirán unidad con un cinismo desmedido. ¿Unidad con quienes faltan al respeto a militantes antifascistas torturados y con los derechos humanos violados a diario? Y un carajo, básicamente porque tirando mierda a luchadores ejemplares son de todo menos antifascistas.

Pablo Hasel

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15 respuestas a EL NINI ALBERTO GARZON OPINA SOBRE LOS GRAPO/ RESPUESTA DE PABLO HASEL

  1. Bruno dijo:

    Hombre, en Italia hubo un momento en que el partido comunista pudo haber llegado al poder por la vía democrática. En Alemania, el socialista Hitler llegó al poder de manera puramente democrática.. Comprendo que no guste escuchar estas cosas, pero en realidad “deberíamos” estar agradecidos de que el imperio judeo-yanqui no conquiste uno a uno todos los países de la tierra, por la vía de la violencia. Frustrante, super frustrante, hiperfrustante pero real. No nos engañemos.

  2. MN dijo:

    Dani ¿No me quieres publicar la respuesta o no funciona bien la página?

    • danipirata80 dijo:

      Hombre, tu tienes licencia para comentar lo que sea. No se como se te puede ocurrir que no quiera publicar un comentario tuyo. Es el puto wordpress (y puede que mi falta de tiempo, ayer mismo trabajé 14 horas), he repasado y creo que está todo, si echas algun comentario en falta dímelo. Esta noche me pondré las pilas con el blog, ahora me tengo que ir ipsofacto

      • MN dijo:

        Gracias Dani, eres un fenómeno. Pues voy a aprovechar; un día que me encuentre con fuerzas voy a escribir algo de un nacional-revolucionario para que no falte de nada. Si lo escribo te lo envío. Tu lo valoras y lo publicas con una condición: solo si crees que vale la pena.
        Un abrazo.

      • danipirata80 dijo:

        Adelante, vía libre, me da un poco de miedo pero se que valdrá la pena

      • MN dijo:

        Es criticándolo, no te preocupes. No se si lo haré, hay tanto que decir de este individuo que no se ni por donde empezar. Me abruma el solo planteármelo, lleva toda la vida leyendo a Nietszche aunque empezó en las juventudes socialistas…

      • danipirata80 dijo:

        Ahora no nos puedes dejar así, eso no se hace

  3. MN dijo:

    Si él quiere discutir… pero que conste que no voy sobrado de tiempo. En cualquier caso, si se quiere creer toda la bazofia informativa de los sionistas, adelante, que ancha es Castílla.

    Para ser breve, todo lo breve posible: las elecciones de noviembre de 1932 no fueron las últimas elecciones parlamentarias democráticas de la República de Weimar, fueron las siguientes, las de marzo de 1933 (anteriores fueron las de julio de 1932). Y en realidad nunca se derogaron definitivamente las instituciones parlamentarias del la República, eso sucedió efectivamente en 1945. Hitler gobernó con poderes especiales plebiscitarios y de hecho, antes de suicidarse no designó un sucesor porque sus poderes habían sido obtenidos mediante plebiscitos democráticos, sino que designó a un Canciller y a un Presidente, tal como obligaba la normativa de la República de Weimar.

    Hitler llegó a Canciller como representante propuesto por el partido más votado en las elecciones de noviembre de 1933. Sus resultados electorales de noviembre de 1932 no fueron precisamente malos. Para empezar fueron mucho mejores que los de cualquier otro partido pero ciertamente los escaños parlamentarios bajaron respecto a los de julio de ese mismo año. La turbulencia económica, política y social del momento -con una crisis espantosa- propiciaba esta sucesión de elecciones parlamentarias democráticas aunque la República estaba absolutamente desacreditada por su trayectoria catastrofica, en lo político, en lo económico y en lo social.. También hay que saber que la atomización partidista de Alemania era enorme con más de 70 partidos presentándose a las elecciones al Reichstag, por tanto, un 33% de los escaños en esas condiciones suponía un fuerte apoyo popular para la primera fuerza política del país en número de escaños parlamentarios. Ese 33% tenía bastante más valor que los de los gobiernos de España durante los últimos 30 años.

    El incendio del Reichstag, entérense de una vez, no fue un auto-atentado de falsa bandera. Eso es lo que dicen los documentales y los historiadores sionistas con total falta de respeto a la verdad. El incendio ocurrió sin que los nacionalsocialista tuvieran nada que ver en ello. El estado de agitación social en aquella época en Alemania era total y con anterioridad al incendio se organizó un “pásalo” entre facciones comunistas revolucionarias que pretendían realizar una demostración en todo el país en ese día.. El ejecutor fue detenido por la policía en las inmediaciones, fue juzgado legalmente, sin torturas ni amenazas, reconoció los hechos de inmediato sin delatar a sus cómplices pues obviamente no pudo haberlo realizado en solitario y la reconstrucción de los hechos penales fue perfecta. Como muy bien reconoce el autor de ese artículo “Van de Lubbe fue luego juzgado y condenado a muerte pero, dos comunistas búlgaros, imputados junto con él, fueron absueltos, lo que causó gran rabia de las nazis.”. No se si causó gran rabia o no, pero solo se pudo condenar a la persona que la policía encontró en las inmediaciones del incendio nada más empezar éste y fue en un juicio perfectamente legal sin torturas ni nada por el estilo. Van de Lubbe no delató a sus cómplices, pero es difícil de creer que actuara solo. Su afiliación ideológica marxista era impoluta, consulten la wikipedia u otra fuente más fiable, pero el hecho es notorio. Pero esto son ya temas menores, lo que es perfectamente claro es que el incendio del Reichstag no fue un atentado de falsa bandera.

    Inmediatamente tras conocerse el incendio, el Canciller Adolf Hitler decretó el estado de excepción, nada ilegal, antidemocrático o improcedente en esas circunstancias. Hindemburg fue quien firmó el Decretó de Emergencia al día siguiente, también perfectamente legal y que ya se había usado anteriormente durante la República.

    A resultas del estado de caos político existente, se proclamaron nuevas elecciones parlamentarias, a propuesta del Canciller Adolf Hitler. Esto tampoco tenía nada de excepcional ni de ilegal, si reparamos en que tras las elecciones de julio de 1932 en que el NSDAP también había sido la fuerza política más votada (con 230 escaños y el 37,27% de los escaños) seguida del SPD (con 133 escaños y el 21, 58 % de los escaños) y del KPD (con 89 escaños y el 14,32 de los escaños) el anterior Canciller Von Papen, volvió a proclamar elecciones para 4 meses más tarde. La idea de nuevas elecciones no agradó a algunos líderes nacionalsocialistas, entre los que destacaban Gregor Strasser y Wilhelm Frick, que conocían la dífícil situación económica de su partido después de haber realizado tres campañas electorales ese año sin haber obtenido el poder. Recordemos que Von Papen declaró que no le daría la responsabilidad tan siquiera de la Oficina de Corréos a ese personaje llamado Adolf Hitler. Recordemos también que se llegó a llamar al NSDAP. los bolcheviques pardos, señal de la inquietud que provocaba este movimiento entre la nobleza militar y la derecha oligárquica (Von Papen).

    Las elecciones de marzo de 1933, fueron solicitadas por el Canciller de la República,a la sazón Adolf Hitler, presidente del NSDAP. En ellas participó el Partido Comunista de Alemania (KPD),que obtuvo 81 escaños, el 12% de los escaños. Supongo que si el pueblo alemán hubiera votado mayoritariamente al KPD o al SPD, nadie estaría hablando de elecciones ilegales, supongo, porque no lo sé.

  4. MN dijo:

    Este sistema de plebiscitos puede tener cierta semejanza con el sistema norteamericano, en el cual los ciudadanos votan enmiendas particulares a la Constitución. No hay ilegalidad ni ausencia de democracia en este procedimiento.

    • MN dijo:

      Posteriormente, se realizaron las elecciones del Sarre de 1935. Cuando terminó el plazo de 15 años de protectorado de la Sociedad de Naciones, se realizó un plebiscito en el territorio el 13 de enero de 1935, con el resultado de que el 90,3% de los votantes deseaban integrarse en la Alemania Nazi. En dichas elecciones, la población de dichos territorio enajenados a Alemania y ocupados básicamente por Francia conforme al tratado de Versailles, pudo elegir entre incorporarse a Francia, independizarse o anexionarse a la Alemania que gobernaba el NSDAP.

      Hitler, parece que bastante demócrata, propuso varios plebiscitos.más:
      El primero de ellos fue en Noviembre de 1933
      El segundo plebiscito fue en el 19 de Agosto del 1934
      El tercer plebiscito fue en el 29 de Marzo de 1936.
      El cuarto plebiscito fue el 10 de Abril de 1938

    • MN dijo:

      Cuando Hitler ascendió al poder, su gobierno promulgó una gran cantidad de leyes para llevar a cabo la regeneración total de Alemania.

      En Julio de 1933 se promulga la llamada ley de PLEBISCITOS o GESETZ ÜBER VOLKSABSTIMMUNG. Por medio de esta ley, el gobierno ha de realizar plebiscitos para preguntar al pueblo alemán sobre diversas actuaciones del mismo, tanto en política interior como en política exterior. Mediante esta ley, todo puede ser consultado al pueblo. No sólo por las decisiones que ha tomado el gobierno, sinó por la composición de los miembros del mismo. De esta manera, el pueblo es auténtico legislador, ya que las medidas tomadas por el canciller y la composición de su gobierno no son publicadas en el boletín oficial del estado hasta que el pueblo no haya dado su consentimiento por mayoría de votos en un plebiscito.

  5. MN dijo:

    Realmente, cuando los 6 millones de parados encontraron trabajo y expectativas de futuro, se puede argumentar que no tenía secretos que el NSDAP ganara estos plebiscitos. Sin embargo, los mandos aliados británicos y norteamericanos, inmediatamente terminada la ocupación, realizaron varios ensayos de elecciones locales para nombrar a los nuevos alcaldes colaboracionistas y tuvieron que suspenderlos… porque volvía a salir electos los antiguos alcaldes de los tiempos del nacionalsocialismo. ¡Toma ya falta de democracia! Y hasta hoy.
    Es difícil encontrar un partido en la historia de la humanidad que haya encontrado mayor apoyo popular mediante métodos democráticos y que la población siguiera apoyándolo mayoritariamente aún después de haber sido derrotado en una guerra y declarado ilegal. Por supuesto que existieron opositores, incluso entre los altos cargos, pero una ínfima aunque poderosa minoría, principalmente entre la aristocracia, la casta militar nobiliaria e individuos de ideas liberales e individualistas. Los obreros antaño marxistas abrazaron el nacionalsocialismo mayoritariamente, aunque un porcentaje minoritario siguió oponiéndose al gobierno de Adolf Hitler, esto pudo observarse en el plebiscito de 1936 que otorgaba todo tipo de poderes especiales a Adolf Hitler. La participación fue casi la totalidad del cuerpo electoral. Los opositores, que votaron negativamente, alcanzaron su techo en la ciudades más firmemente comunistas del país, en concreto en Hamburgo, con un 4.2% de votos negativo, con una votación total del 97.6%, en votos exactos 37 177 votos en contra frente a 878 487 votos a favor.

    • Ernesto dijo:

      FUEGO EN EL REICHSTAG
      quenosocultan.wordpress.com Fuente: http://www.ihr.org/jhr/v02/v02p177_Wainwright.html
      A principios de 1930, la situación en Alemania se estaba volviendo muy explosiva. Un tercio de los trabajadores estaban desempleados, y la democracia estaba al borde del colapso.

      Los comunistas vieron en esta situación su mejor oportunidad de hacerse con el poder debido a su fallida revolución en 1918. Una revolución estaba claramente a la vista, pero a pesar del apoyo de unos cuantos millones de votantes y la Unión Soviética, el poder parecía estar deslizándose de la garra marxista. El pueblo alemán se convertía hacia un nuevo –y verdadero- tipo de socialismo – El Socialismo Nacional (NS) – e incluso algunos de los comunistas estaban buscando a Adolf Hitler por su salvación.

      La respuesta de los rojos a esta situación fue una de extrema violencia. Una víctima notable fue el poeta y voluntario trabajador social, Horst Wessel, quien fue asesinado en 1930 después de escribir una canción de marcha inspiradora a sus camaradas de Camisetas Marrones. Dos años más tarde, mientras las elecciones generales de julio 1932 se cernían cerca, los rojos abandonaron toda pretensión de debate y discusión. Un terror sangriento estaba a la orden del día.

      En el período de seis semanas antes de las elecciones hubo más de 450 disturbios políticos sólo en Prusia. En julio, 38 NacionalSocialistas (NS) y 30 comunistas fueron asesinados. Pero el terror rojo fallo. En las elecciones, los NS aumentaron más del doble el número de asientos en el Reichstag, y se convirtió en el partido más grande, y en enero de 1933 el presidente Hindenburg se inclinó ante lo inevitable y le pidió a Adolf Hitler dirigir un gobierno de coalición. Las elecciones generales en marzo de ese año resultaron en una clara victoria para los NS y sus aliados nacionalistas.

      La furia roja ya no tenía límites. En la campaña de violencia e ilegalidad que siguió, la Unión de Combatientes Rojos abiertamente un llamamiento a sus seguidores para desarmar a las SA y SS, mientras que a los pocos días una publicación comunista oficial, Red Sailor, exhortó: “Los trabajadores a las barricadas: hacia la victoria: balas frescas en sus armas: saquen el pasador de las granadas de mano.”

      Una sangrienta revolución parecía inminente. Una señal para su comienzo era muy esperada, y parecía venir el 27 de febrero, cuando el edificio del Reichstag en Berlín fue incendiado.

      Un comunista holandés, Van der Lubbe, fue arrestado cerca de la escena, y subsecuentemente otros cuatro sospechosos, entre ellos Torgler, el líder del grupo comunista en el Reichstag, fueron llevados a juicio. El informe oficial de la investigación provisional mostró que el grupo Rojo había tenido “un notable número de reuniones del partido en el Reichstag de tarde, sin ninguna razón que pudiera ser rastreada.” En Liebknechthaus (El Cuartel General Comunista nombrado por un líder de la abortada revolución de 1918), las autoridades encontraron listas de un gran número de personas que debían haber sido asesinados o arrestados.

      Van der Lubbe admitió haber incendiado el edificio y que estaba destinado a ser una señal para la revolución. Pero, según él, contrario al testimonio experto en el juicio, que había destruido el edificio sin ayuda.

      Se mantuvo fiel a su historia, pero en todas partes los Rojos estaban propagando la mentira de que el fuego había sido iniciado por los propios Nacional Socialistas, y que Van der Lubbe era un degenerado imbécil y homosexual plantado en la escena como un “chivo expiatorio”.
      Apenas dos días después del incendio el Daily Worker (precursor del Morning Star), órgano oficial del Partido Comunista británico, llevó como titulares “nazis queman el Parlamento alemán”, y luego llegaron a afirmar que los “fascistas” habían acusado el Partido Comunista de haberlo hecho “, sin una pizca de evidencia.”
      Así nació uno de los grandes mitos de la historia moderna de que los “nazis” prendieron fuego a su propio Parlamento para proporcionar una excusa para frenar las actividades de los comunistas. Se podría decir que alguna plausibilidad se dio al mito por la acción del presidente Hindenburg (que no era un NS) un día después del incendio.

      Ante el temor de que otra revolución comunista había comenzado, se declaró la ley marcial y se suprimió la propaganda marxista en Prusia. Más contenido se proporcionó al mito cuando se modificó la antigua Constitución de Weimar fue modificado por la aprobación de la Ley Habilitante, que ha sido falsamente representada por supuestamente darle poderes dictatoriales a Hitler.

      Realmente el acto no tuvo nada que ver con el incendio del Reichstag, sino que era una parte necesaria del programa del Gobierno para superar la crisis social y económica profunda en Alemania. Sin embargo, este tipo de acciones proveyeron de ganchos en la que los medios de comunicación y políticos anti-nazis podían colgar sus capas multicolores de mentiras y tergiversaciones, que llegaron a ser seriamente aceptada como historia auténtica.

      El juicio de Van der Lubbe y los otros sospechosos debería haber disipado cualquier sospecha de culpabilidad de los NS. Fue un juicio con todas las garantías que dio lugar a la absolución de todos los acusados, excepto el propio Van der Lubbe.

      Propagandistas anti-nazis, sin embargo, estaban lejos de estar desalentados. Ellos centraron su atención en un libro marrón de supuestas pruebas recopiladas por los exiliados comunistas y una farsa “contra-juicio” que se llevaron a cabo en Londres, que, como era de esperar, encontró culpables a los nazis.

      Según al libro marrón, un grupo de “nazis” entró en el Reichstag a través de un túnel que estaba conectado a la residencia de Herman Göring, presidente del Reichstag. Se supone que lograron entrar a las 20:40, iniciando el fuego y huyendo, dejando al “chivo expiatorio” Van der Lubbe en el edificio poco después de 21:00. La policía llegó al lugar a las 21:22. La evidencia fue dada en el “contra-juicio” por testigos, aparentando ser “nazis” llenos de arrepentimiento, que fueron conducidos por una camisa marrón llamado Heines. Pero luego se comprobó más tarde que Heines estaba dando un discurso en otro lugar en el momento del incendio.

      Otra confesión fue supuestamente hecha por Karl Ernst, entonces jefe de los camisas pardas en Berlín. Aparte del hecho de que esta confesión no apareció hasta después de la muerte de Ernst, se equivocó en un punto vital. Al igual que con las otras “confesiones”, alegó que los incendiarios nazis estaban en el Reichstag de 20:40 hasta 21:30. Sin embargo, a las 20:45, un cartero había entró en el edificio para recoger el correo, y se fue otra vez en 20:55 sin ver nada fuera de lo normal o notar el olor de la gasolina o de otro aumento de incendios sustancias.

      La verdad en su totalidad no se conoce todavía, pero los hechos básicos sin duda más que suficientes para desacreditar las denuncias de responsabilidad “Nazi” fueron traídos a la luz en Gran Bretaña por el Profesor de historia liberal AJP Taylor, quien admite que había aceptado el mito incondicionalmente sin mirar en la evidencia.

      Más tarde, sin embargo, al escribir “Who burnt the Reichstag” en la edición de agosto 1960 de la revista especializada History Today, Taylor, trabajando en gran parte con las pruebas aportadas por Fritz Tobías, un anti-nazi y funcionario alemán, y que había sido publicado anteriormente en Der Spiegel, señala que los “nazis” no hicieron ningún intento de fabricar pruebas contra los comunistas -que parece una extraña omisión si, como se alega, todo el asunto fue un montaje para justificar el exterminio de los comunistas-.

      En cuanto al “contra-juicio”, uno de los testigos que no había “amortiguados a los ojos”, según Taylor, quien añade con ironía:
      “Ha sido una buena medida de precaución: él era en realidad un conocido comunista e inconfundiblemente judío.”

      Al considerar los hechos, parece increíble que el mito de la responsabilidad de los “nazis” en el incendio del Reichstag haya sido aceptado en absoluto. Sin embargo, lo fue, y por historiadores de “renombre” tales como Alan Bullock, autor de “Hitler: A Study in Tyranny”, y Anthony Sutton, autor de “Wall Street and the Rise of Hitler”. Uno se pregunta qué otras versiones míticas de incidentes históricos han sido aceptados por los historiadores y otros sin tener en cuenta la evidencia.

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