En el 120º aniversario del Presidente Mao. Reconstituir la Ideología proletaria

En el 26 de diciembre, 120º aniversario del nacimiento del Presidente Mao. El mejor homenaje, reconstituir la Ideología proletaria

Tamer Sarkis Fernández, DIARIO UNIDAD

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En el transcurso de una reunión oficial chino-soviética, el en aquel entonces Presidente de la URSS Nikita Khruchov le vino a Mao con la manida cantinela de “la unidad”. Le dijo algo así como: debemos dejar aparte diferencias de segundo orden y ahondar en la cooperación. A fin de cuentas, tenemos lo primordial en común: ambos somos comunistas.

Mao se sonrió y le respondió: “No se engañe. Lo único que usted y yo tenemos en común es que los dos hemos traicionado a nuestras respectivas clases sociales de origen”. Pues Khruchov provenía de familia semi-proletaria, hijo de modestos artesanos zapateros, mientras el primer Presidente de la República Popular china venía de padres terratenientes, campesinos ricos.

Con esa mordacidad, Mao estaba resumiéndole a su homólogo el carácter burgués y social-imperialista que la Unión Soviética de la época poseía. La idea de que en el socialismo no había ya antagonismos de clase, sino a lo sumo meras contradicciones secundarias y conciliables, era pura patraña encaminada hacia el clímax de negar la existencia de lucha de clases en la URSS. Tapadera para ocultar el hecho -más profundo- de que había sido precisamente a través de la lucha de clases, que la burguesía burocrática, airosa, había acabado por hacerse con el mando del Estado soviético y por regir la producción. Tanto la Dictadura de la burguesía como la Dictadura del proletariado son sistemas de ejercicio del Poder sobre las relaciones entre unas clases que, en última instancia, en un sentido no ya táctico sino histórico, no pueden cooperar ni van a cooperar. Es la una o la otra. Y, en la URSS, el organismo sometido era el proletariado y el Pueblo trabajador entero, abrigándose los nuevos explotadores con la coartada del abstracto “Pueblo entero” (a-clasista) dueño y poseedor del Poder.

Por eso mismo, la burguesía burocrática tenía que presentar su particular capitalismo de Estado como si fuera una forma de producción (“la producción socialista”), y lo hacía a través de la figura Jurídica escrita de la propiedad “popular soviética” sobre los medios, unidades y fuerzas productivas. Una forma económica “de tránsito” diferente, ni capitalista ya ni comunista todavía. Los chinos, en su denuncia, dicen “¡¿qué me estás contando?!”. “¿Producción socialista?”. Eso no es científico; no existe. La materia que participa de la producción y reproducción sociales en condiciones contemporáneas, o se compone de capitales empleados para la producción humana de plusvalor (relaciones capitalistas), o se compone de valores de uso en pos de satisfacer organizadamente las necesidades sociales de conjunto (relaciones comunistas).

El socialismo es una Unidad dialéctica transitoria entre dos polos -capitalista y comunista-, el primero de los cuales garantiza una acumulación de capitales y una re-inversión de los mismos a través de cuyo empleo se generan condiciones materiales de masas (subsistencia, tiempo, provisión de fuerzas productivas…) que van abriendo el camino a desarrollar, a extender y a consolidar las nuevas relaciones comunistas. Esto último va dándose a través de consecutivas Revoluciones Culturales Proletarias a cuyo despliegue:

La materia va siendo comunizada;
La división capitalista del trabajo va siendo quebrada en sus varias dimensiones (gestión, alienación dirigentes-dirigidos, mentalidad y procederes “de empresa” que alienan las Unidades productivas respecto de la sociedad como planteamiento común de conjunto, alienación de la producción en trabajo físico y trabajo “intelectual”…);

Y en fin la dialéctica establecida entre la nueva cultura y las nuevas relaciones materiales, va generando también nuevas relaciones ideológicas de existencia, corolario que a su vez incide activamente sobre el planteamiento material productivo que la sociedad se da a sí misma…, y así va conformándose una dialéctica de afloramiento comunista cada vez más compenetrada.

Mientras “la sociedad civil” (por llamarla superficialmente así) es el “mundo de la vida” en comunización tanto progresiva como “a grandes saltos adelante” planificados, el Estado resulta ser el terreno “natural” del desarrollo práctico acumulativo de capitales, supeditado al Horizonte Comunista e invertido en ese horizonte mismo. Esta dialéctica última es peligrosa. Porque, por un lado, está claro que el comunismo va forjándose golpe tras golpe demoledor de la existente división social del trabajo (y no a través de un mentiroso y falaz “régimen socialista de propiedad” concentrado en manos del Estado, tal y como en la URSS revisionista). Pero, “por otro lado” (o mejor dicho, justamente debido a la primacía de fondo asumida por ese polo descrito), el Estado no puede más que ir potenciando su actividad económica particular y eso -más allá de la voluntad y de cualquier tipo idealista de conciencia- va alimentando en el seno del Estado una división del trabajo “racional-instrumental” y una burocracia de cuyas decisiones y planes el proceso de cambio social en curso depende.

La burocracia no es un problema en sí, pero, sobre dicha base material de división del trabajo entre Estado y sociedad, la burocracia desarrolla unos intereses objetivos y una conciencia subjetiva de los mismos que bien puede culminar en un “salto cualitativo” en virtud del que ella pasa desde el mero cumplir con su función social hacia hacerse con una posición diferencial de propiedad real sobre el producto, los excedentes y los medios de producción y sus rentabilidades, y sobre la organización del trabajo y la división de la Fuerza de Trabajo. Podemos llamar a este proceso “constitución de la burocracia en nueva clase: burguesía burocrática de Estado”. A fortiori, y para más inri, esta nomenklatura no va a detenerse ahí en su nueva condición diferencial, sino que está determinada a luchar (pues “Donde hay clases, hay lucha de clases”, Presidente Mao) por hacerse con el Poder político y garantizarse desde ese Poder la adopción de la vía capitalista y la liquidación del socialismo como proceso político e ideológico pautado desde el Horizonte Comunista.

Esto es exactamente lo que sucedió en la URSS, en tanto que proceso largo, paulatino y que no se resuelve “diagnosticando” un cambio supuestamente abrupto, “de la noche a la mañana”, a partir del XX Congreso (1956)… Sencillamente, y como Hegel afirma en su Lógica, la acumulación cuantitativa y gradual de un fenómeno o un proceso (en este caso, una desviación, ya en tiempos del Camarada Stalin) significa a la postre la creación inmanente de unas condiciones de mutación cualitativa del propio proceso, y con él de la propia realidad.

Y por eso dice el Presidente Mao que, no solamente bajo la Dictadura del proletariado hay clases y por ende lucha de clases, sino que -más importante todavía- el primer enemigo de clase del proletariado y de las masas populares bajo el socialismo son los elementos proto-clase (o ya clase conformada) burocráticos oriundos de las instituciones y organismos estatales (pero también procedentes del Partido). Contra ellos, principalmente, debe librar su labor el proletariado y el Pueblo organizados como Partido Comunista.

Así pues, y como no podría ser de otra manera, en tiempos del Presidente Mao estarán a la orden del día las purgas encaradas contra los elementos y las camarillas estatales, las Rectificaciones, la ruptura ordenada y forzosa que el Partido dictaba contra la cosificación y el fetichismo de la división social del trabajo, y que ponía a los “altos funcionarios” a segar trigo, a reunirlo en haces, a hacer puentes, a trabajar en el ferrocarril…: “Esto es para que no me burocratice”, repetían estos, agachando la cabeza en signo de humildad, cuando se les preguntaba.

El joven Mao tuvo de referente la revuelta anti-colonial china de los boxers (trabajadores de los muelles marítimos) y durante el periodo sucesivo de insurrecciones populares y de transformaciones aprendió mucho del anarquismo cooperativista, que admiraría con hondura. Décadas más tarde, en plena construcción del socialismo, los candidatos a apparatchik acudían a las asambleas a ensalzar, con toda tendenciosidad, que lo más importante para consumar la epopeya hacia el comunismo era invertir en desarrollar las Fuerzas Productivas. Y Mao les decía que eso es muy importante, pero no determinante, y que el factor determinante era y es siempre el Sentido de aquellas nuevas relaciones sociales en cuya matriz de finalidad dichas fuerzas son insertas. NO da igual el color del gato mientras cace ratones. Si el gato no es rojo, el desarrollo acabará por devenir desarrollo capitalista y caminará hacia el capitalismo: el Capital alimentando desarrollo para que el desarrollo alimente al Capital. El tiempo -atendiendo a la China actual- le ha dado la drásticamente la razón.

Pero a otros -a los “izquierdistas”-, quienes hablaban en relación a la inversión en fuerzas productivas como “el monstruo intestino capitalista”, les respondía que desarrollarlas es necesario y que, a esos efectos, hay que acumular toda una masa de Capital que luego re-invertir con visión socialista. ¿Creéis en serio que pueda siquiera pensarse en forjar al “hombre nuevo” y nuevas condiciones materiales de existencia y de relación entre los chinos, desde la Nada producida en concepto de bienes-base, y ello por más ideología que se logre difundir?. ¡La escasez, la pobreza, no crean “hombre nuevo”, sino el sálvese quien pueda; crean y re-crean el pragmatismo individual y el homo economicus utilitarista!. En el periplo al comunismo, el Capital -en su sitio- hace falta con objeto de “negar la negación”; de acabar con el propio Capital.

Mao resumía en una sola frase una y otra de sus cargas contra los excesos tanto de los pragmáticos como de los idealistas (quienes, al fin y al cabo, contribuyen a la cosificación de un sujeto social pragmático por pendiente de subsistir lleno de angustia cotidiana): “La Revolución, como el caminar, es algo que debe hacerse con los dos pies”. Práctica productiva e ideología, pues, en dialéctica.

El Presidente Mao vio con claridad que el materialismo histórico y la dialéctica materialista no consisten en la obra de unos clásicos en cuyos umbrales legados “hacer culminar” las ideas del proletariado y del Pueblo. Sino que, por el contrario, las obras conforman un Principio; una Totalidad de elementos que desarrollar y que aplicar a las concepciones, conceptos, pensamientos, descubrimientos, Categorías y producciones en materia de biología, física, química, filosofía, historia, genética, cultura, relaciones, ética, antropología, astronomía, ingeniería, teoría de la estética, epistemología… (componiendo, en fin, una Cosmovisión antropológica y vital).

Sin ese desarrollo por parte de los comunistas, nuestra ciencia, nuestra filosofía, nuestra ideología, se quedan en pañales; en sus ingredientes (valiosos, indispensables, preciosos, constitutivos del plato a cocinar, pero que en sí y por sí no hacen una comida humana). Amplísimo es el campo por hacer en esta materia, debiéndose empezar bajo el capitalismo. Pero solamente nuevas relaciones objetivas -las comunistas-constituirán las base material imprescindible para su desarrollo exponencial. En este sentido, Mao dice de sí mismo y refiriéndose a todo el abanico de implicaciones propias que el marxismo tiene por descubrir(se) y por crear(se): “Soy marxista al 30%”.

En cierta ocasión un grupo de científicos burócratas vinieron, desde la ideología del pragmatismo, a “alertarle” a Mao respecto de la “necesidad” de limitar los nacimientos en China en virtud de optimizar el equilibrio población-recursos. El Presidente les miró a la cara y su respuesta fue: “Todo ser humano nace con un estómago que alimentar y con dos manos para alimentarlo; ¿cuál puede ser, entonces, el problema?”.

En esta respuesta, que puede parecer anecdótica, fluye en substancia toda nuestra concepción proletaria de la historia y de la vida. Los seres humanos somos la Fuerza Productiva fundamental y determinante; capaz de desarrollar todas las demás y de transformar el medio y el Mundo, procurándonos una existencia que no aliene -sino que sea expresión- de nuestras necesidades y capacidades, y que, a su vez (dialécticamente), las afirme, desarrolle y transforme a ambas. Pues somos genéricamente Homo Faber, y esa promesa que portamos en nosotros mismos debe ser realizada, abandonando al fin esta prehistoria de medio material enajenado y de relaciones materiales alienadas, que nos cosifica como simples Animal Laborans.

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