LAS OPORTUNAS ANTEOJERAS DE KARL MARX

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Sin problema alguno con la censura realmente existente en nuestras democracias, Marx podría hoy llevar a la imprenta sus tres plúmbeos volúmenes de “El Capital”. Difícilmente podría hacer lo mismo con la primera , y última , edición de sus “Anuarios Franco-Alemanes”, aparecidos en 1844. Alrededor de cincuenta páginas de esta publicación constituirían para Marx una fuente inagotable de problemas con la Fiscalía del Estado . Denuncias de espontáneos aparte. Son las páginas que Marx, tenía entonces 25 años, dedicó a “Sobre la cuestión judía””.

Moses Hess, socialista y uno de los padres espirituales del sionismo, tres años antes de que Marx se adentrara en “la cuestión judía” no dudó en calificar a Marx como su “idolo, el Darwin de la ciencia económica” (aun faltaban años para la aparición de “El Capital”), que “daría el golpe de gracia a la política y la religiosidad medieval” (1). Sin embargo y para disgusto de Hess y otros muchos sionistas y socialistas de ascendencia judía, Marx habría de dar, previamente, algún que otro golpe a la deidad del judaismo. La hagiografía posterior del apóstol del materialismo se ha ocupado de ocultarlos.

Marx nació en la ciudad alemana de Tréveris en 1818. Entonces Tréveris contaba con unos 200 judíos en una población total de 15.000 habitantes. Los padres de Marx podrían haberse incluido , hasta dos años antes de nacer Marx, entre esos 200 judíos, y a título preferente: su familia había ocupado un importante lugar en el seno de esa comunidad. Marx podía presentar un frondoso árbol genealógico en el que figuraban rabinos tanto entre sus ascendientes maternos como paternos. No parece que se mostrara muy orgulloso de ello.

Tanto el padre de Marx, como su madre, se convirtieron al protestantismo, bautizando en esta fé a todos sus hijos, diez. Tréveris, sin embargo formaba y forma parte de la alemania mayoritariamente católica. Quizá por ello, Marx, que creció en el seno de una familia que había roto con la tradición judía realizó sus primeros estudios con los jesuitas.

“El problema judío” no es una obra a la que se haga referencia con frecuencia cuando se habla de los escritos de Marx. De hecho es un escrito sobre el que, por decirlo suavemente, se pasa de puntillas. Así en la obra que uno de los hagiógrafos de Marx, Iring Fetscher, dedica a demostrar “la lucha de los marxistas contra el antisemitismo” y que lleva por título, precisamente, “Marxisten gegen Antisemitismus” (“Marxistas contra el Antisemitismo”), después de quitar peso a lo afirmado por Marx en esa publicación, anuncia , compungidamente, que : “El texto de Karl Marx “Sobre la cuestión judía”(1844), que inicialmente se quería incluir en esta edición, ha tenido que ser dejado fuera por problemas de espacio”(2) Y es que esas escasas cincuenta páginas, más que ocupar, pesan demasiado.

¿Qué afirmó Marx en “Sobre la cuestión judía”?

En primer lugar, el título de su escrito hace referencia a una obra homónima de Bruno Bauer, teólogo protestante contemporáneo de Marx y si bien las frases de Bauer que Marx reproduce literalmente suelen estar entrecomilladas, no siempre es este el caso. Esto también ha sido utilizado por los marxistas abrillantadores del esplendor del maestro para tratar de quitarle hierro al escrito. Vano empeño. Marx es claro y rotundo y no queda lugar a dudas de cuál es su opinión sobre el papel del judío “secularizado” en su tiempo. Dejemos que sea él mismo quien se exprese:

“Contemplamos al verdadero judío secularizado, al judío de todos los días, y no al judío del Sabbath como hace Bauer. No queramos buscar el secreto del judío en su religión, sino que busquemos el secreto de la religión en el verdadero judío. ¿Cuál es el fundamento mundano del judaísmo? La necesidad práctica, el egoísmo. ¿Cuál es el culto mundano del judío? La caja de caudales. ¿Cuál es su dios mundano? El dinero. Pues, ¡ahora bien!: la emancipación de la caja de caudales y del dinero, esto es del judaísmo real y práctico, sería la propia emancipación de nuestro tiempo.” (3)

Por emancipación debemos entender la plena consecución de los derechos políticos, y en este contexto Marx llama la atención sobre el peculiar lugar ocupado por el judío secularizado de su tiempo:

“La contradicción que existe entre el poder político que tiene en la práctica el judío y sus derechos políticos, es la misma contradicción existente entre la política en sí y el poder del dinero. Mientras que la primera se encuentra idealmente sobre el segundo, de hecho y en la realidad, se ha convertido en su esclava” (4) Y más adelante sugiere una explicación de cómo ha podido llegar a darse esta situación:

“El dios de los judíos se ha secularizado, se ha convertido en el dios del mundo. La letra de cambio es el verdadero dios de los judíos”. (5)

Esta , según Marx, adopción de la religión del dinero fuera del estrecho ámbito del judaísmo es remarcada repetidamente:

“El cristianismo surgió del judaísmo. Se ha vuelto a disolver en él. El cristiano era desde un principio el judío teorizante, el judío era por ello el cristiano práctico y este cristiano práctico ha vuelto a ser judío. (6)

No cabe duda de que las ramas del árbol genealógico de Marx quedan a merced del vendaval cáustico de las palabras de su vástago, pero para subrayar su distanciamiento con la fronda familiar, termina su escrito con una nueva perla contundente:

“La emancipación social del judío, es la emancipación de la sociedad del judaísmo”. (7)

Esta aversión de Marx hacia lo que él llama el “judío secularizado” y el relevante papel que jugaría en la supremacía de lo económico sobre lo político, sin embargo no encuentra su desarrollo en la construcción posterior de sus teorías económicas y su disección del sistema capitalista. Pese a ser tan crítico con la deificación del dinero, Marx no acierta en el tratamiento que hace del mismo. Y esto arrastra graves consecuencias.

Para Marx el dinero es un equivalente a otras mercancías y su valor sería equivalente al de otras mercancías en las cuales se hubiera invertido el mismo trabajo en su obtención. En tiempos de Marx el patrón oro estaba vigente y por tanto el dinero estaba ligado al mismo. El dinero era un equivalente al oro físico. Y el oro como mineral y a diferencia de otras mercancías obtenibles por medio del trabajo humano, no es reproducible sin límites y menos dentro de las fronteras nacionales. Hay países que sencillamente no disponían, ni disponen de él. Esto hace del oro y del dinero en él basado una mercancía muy especial cuyo valor puede variar a merced de aquellos que puedan controlarlo e independientemente del trabajo que cueste su obtención. Marx no fue capaz de imaginarse la ruptura del vínculo entre el dinero y el oro. Un vínculo que alimentaba precisamente ese poder económico que él criticara en su escrito de juventud.

Verdaderamente revolucionario hubiera sido presentar al dinero desligado del oro, como un mero instrumento de cambio cuyo valor viene determinado únicamente por la cantidad de producto social de un país que puede ser adquirido con él. Es decir, un instrumento sin valor intrínseco, y cuyo volumen en el conjunto de la economía nacional y frente a la oferta de bienes y servicios, determinaría el nivel de precios. Esta forma de ver la realidad del dinero sí que le habría desprovisto de su pedestal de deidad. La cobertura del dinero en circulación no se encontraría, por tanto , en la cantidad de oro que pudiera atesorar ese estado, sino en el valor de los bienes y servicios realmente producidos y ofertados por las fuerza trabajadora del país.

Esta concepción revolucionaria del dinero, ajena a Marx y a su escuela, obliga a impedir la acumulación del mismo dado que al sustraerlo de su permanente circulación se ocasiona una parálisis, más o menos grave, del intercambio entre oferta y demanda. El tremendo coste social de esa acumulación tiene su origen en la necesidad de pagar el peaje del préstamo con interés , a sus acumuladores, para devolver el dinero “aparcado” al circuito de la economía. Marx no se planteó este problema en momento alguno (8). De haberlo hecho, los marxistas posteriores a él habrían sabido explicar la crisis de 1929 como una crisis esencialmente monetaria y no derivada de las contradicciones entre las relaciones de producción y el régimen de propiedad privada. De hecho, la servidumbre de la economía productiva bajo la tiranía financiera, desencadenante de aquella crisis y de la actual no fueron objeto de la atención de las teorías de Marx. Siguen sin serlo por parte de los economistas al servicio de los valores dominantes. Aquellos valores que, esta vez sí, Marx denunciara en 1844.

No sería hasta entrados en el siglo XX que otros vendrían a tratar de llenar este vacío en el edificio económico de Marx. Pero esto ya forma parte de otra historia.

Carlos Feuerriegel

(1)Citado en ” Der Mythos Marx und seine Macher”. Konrad Löw, pg. 129. Langen Müller Verlag, 3ª de. 2001

(2)””Marxisten gegen Antisemitismus”. Iring Fetscher (Hrsg), pg 7, Hamburg 1974

(3)”Zur Judenfrage”. Karl Marx, pg 42, Ernst Rowohlt Verlag, año ilegible, Berlin W35

(4) ibid, pg 44

(5) ibid, pg 45

(6) y (7), pg 49

(8) “”Die blinden Flecken der Ökonomie” Bernd Senf, pg 113, dtv, 3ª ed. 2004

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4 respuestas a LAS OPORTUNAS ANTEOJERAS DE KARL MARX

  1. M.C. dijo:

    En un determinado momento, Marx dejó de referirse al judaísmo, para denominarlo como capitalismo. Marx, para mi, uno de los mayores genios de la humanidad, no era ningún Mesías ni profeta, que pudiera adivinar el devenir de la humanidad, A veces y siendo el hombre un ser racional, sus acciones se ven determinadas por sus instintos más primitivos y pasiones más irracionales. El marxismo no es ningún dogma, y nada más anti marxista que lo dogmático, el propio Marx declaraba que no era marxista. El marxismo es una herramienta, un medio de discernir la realidad, que concibe la historia, como una realidad en continuo cambio, que tiene en la lucha de clases su motor histórico. Es la dialéctica científica o materialista el gran legado de Marx, y quién no la entienda, no entiende el marxismo. Pongamos una tesis, por ejemplo capitalismo, cuyas contradicciones lo llevan ineludiblemente a confrontarse con su antítesis, digamos comunismo, esa confrontación lleva a una síntesis, que da lugar a una nueva tesis y a su vez a su antítesis.

  2. Kerl dijo:

    A ver, Marx no presentó al oro ni vinculado ni desvinculado del “dinero´´ y viceversa, sino como una mera correlación entre el factor trabajo y el factor nominal del “dinero´´ (entiéndase dinero como factor de cambio abstracto entre unidades de producción), ésto es, el oro sería una mercancía como cualquier otra en la que su precio estaría en función del trabajo necesario requerido para su extracción y su puesta a punto para transferirlo al mercado, por lo tanto el dinero sería (debería ser) simplemente un epifenómeno de las relaciones entre el factor trabajo.
    Que tal teoría del valor-trabajo que sostenía Marx fuese acorde a la realidad, es otra cuestión. Por si alguien todavía no se ha enterado, Marx era un teórico, por eso Lenin necesitó escribir todo lo que escribíó para dar un fundamento concreto a la práxis que pretendió llevar a cabo. Y por eso de que Marx era un teórico, no analizó la economía como algo que se desarrollase dentro de tal o cual Estado, más cuando tenemos en cuenta que según la teoría marxista, el Estado en última instancia tendería a desaparecer en la revolución mundial proletaria. Por lo tanto, hablar sobre coordenadas “estatales´´ sobre la teoría marxista el algo simplemente extravagante, habrá que esperar a que el camarada Stalin desarrollase el socialismo en un solo país (socialismo estatal) para empezar a poner las coordenadas marxistas dentro del “Estado´´, y tal estado socialista de la URSS fue el que mejor salió parado de la crisis del 29, dicho sea de paso.

    Con respecto a que Marx no fuese “capaz de imaginarse la ruptura entre el vínculo entre el dinero y el oro´´ cabría preguntar si esa crítica hace referencia a la falta de inventiva de Marx para proponer otra base material al dinero de su época (que efecticamente estaba vinculado a los metales preciosos), porque de otro modo, Marx claramente diferenciaba entre el dinero (idea abstracta) y el oro (mercancía concreta) aunque evidentemente hacía referencia de que el dinero en su época se materializaba en forma de oro y por lo tanto el oro pasaba a tener una cualidad eminente de dinero (liquidez inmediata). Marx no hablaba de que el dinero tuviese que vincularse a la producción de tal o cual país concreto, porque simplemente Marx no partía de las coordenadas de “tal o cual país concreto´´, vuelvo a repetir, que quien puso la semilla de la patria socialista fue Lenin y Stalin el que la creó definitivamente.

  3. Tripolitano dijo:

    Interesante crítica!

    “De hecho, la servidumbre de la economía productiva bajo la tiranía financiera, desencadenante de aquella crisis y de la actual no fueron objeto de la atención de las teorías de Marx. Siguen sin serlo por parte de los economistas al servicio de los valores dominantes.”

    Pienso en el economista de Unidos Podemos, Alberto Garzón, por citar uno, y su famosa oda al FMI y a los eurobonos.

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