En solidaridad con los trabajadores de Movistar: La estrella muerta tradeunionista en el hilo negro del Hegemonismo

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1. El Hegemonismo en su encrucijada… atraviesa España

La lucha emprendida por los trabajadores de MOVISTAR no es un mero asunto de empleo y condiciones entre “obreros” y “empresa”. Espoleado y apurado por su propia crisis de acumulación capitalista suficiente, el Hegemonismo yankie se lanza al asalto de monopolios imperialistas como los españoles, proceso de re-concentración hegemonista de plusvalías que por supuesto depaupera las condiciones y salario de los operarios en los sectores re-ordenados.

Algo parecido a lo que pasó con el imperio romano en su decadencia esclavista, le pasa hoy día a los Estados Unidos: para abrir en canal más naciones, más pozos, para lograr más servidumbre y tierras, para chantajear y cooptar planas políticas enteras y engrasar su propia maquinaria diplomática/de inteligencia, para la teledirección de “movimientos sociales”, para inspirar un Terror que mantenga prietas las filas confrontando así la tendencia mundial creciente a red de disidencias y de extravíos nacionales respecto de la vieja órbita…; para seguir, en definitiva, imprimiendo su orden internacional, los estadounidenses no tienen ya más remedio que volcarse en tocar aquí y allá la corneta castrense. No solamente guerrear; también implantarse, ahuyentar pensamientos de desobediencia, pasearse, vigilar, dar miedo. Pero un 7º de caballería cada vez menos “recurso secundario” y cada vez más protagonista, requiere de financiarse con esos mismos procesos citados, cuya garantía se les vuelve crecientemente problemática a los Jefes. Ese siniestro círculo sitúa una vez y otra, al Hegemonismo, en el punto de partida, pero unos cuantos metros más bajo tierra a cada vuelta de bucle: como las condiciones de abastecimiento se sueltan y sueltan más y más, se impone el redoble de tambor militar, desvío de recursos perjudicial para reconquistar cualquier viso de eficiencia imperialista económica “normal”, y así se afloja un poco más la cadena mundial, que habrá que intentar apretar a base de mayores desvíos militaristas…

Es bajo este bullicio de desbandada internacional estimulada por el propio drenaje presupuestario militarista de cualquier virtualidad de dominio, de cooptación o de compra sectorial vía eficiencia económica, que el Capital estadounidense concentra sus fuerzas en penetrar las áreas geográficas cuya esfera política está todavía alineada tras el imperio. Estados que, como el español, ponen la alfombra roja a unas operaciones capitalistas de inversión/adquisición, que, como bien saben los cipayos, son parte del cobro anticipado a unos flujos de deuda requeridos por unas clases dominantes dependientes.

Y es así, desde este prisma de Economía Política que registra el curso internacional de las relaciones de poder entre capitales monopolistas, que hay que empezar a pensar los golpes recientemente propiciados a los trabajadores de MOVISTAR en materia de condiciones, contratos, perdurabilidad, carrera interna, salarios, despidos, externalizaciones y parcialidad. Pues tal precarización no puede divorciarse de la adquisición que, hace algo más de un año, hicieran fondos inversionistas norteamericanos sobre grandes volúmenes de títulos empresariales de TELEFÓNICA.

Es más: la explicación a este caso “particular” tampoco puede divorciarse respecto del fenómeno general de re-composición estadounidense/anglosajona de los monopolios y otras empresas españolas. La fagocitación de IBERIA, de OHL… La invasión del sector sanitario por CARPIO en Cataluña y demás fondos propietarios de QUIRON en el ámbito español. El registro de patentes directamente ligadas a fondos de inversión neoyorkinos en lo que se refiere a las renovables, combinado con la permisividad gubernamental “patria” hacia el demencial fracking y su manejo USA/canadiense… La defenestración del tejido empresarial medio no monopolista, privado de unas inyecciones gubernamentales que sí han venido prodigándose para la oligarquía, y presionado una y otra vez, por el Gobierno de España, en la senda de acabar siendo pasto de los concursos de acreedores, para cuya convocatoria Rajoy no ha necesitado de plasmas ni demoras.

Los Hedge Funds (o vulture, o buitres), ni que decir tiene, copaban las primeras filas de los auditorios de subasta, hecho que sabrán, o deberían saber, sin ir más lejos, los obreros de FONTANEDA, de PESCANOVA o de DAMM. O los de PANRICO (caso análogo al de las galletas), cuya reestructuración estaba ya sellada desde el momento en que OAK-TREE se hace con la propiedad real de la empresa y procede a descuartizar/especializar unas fuerzas productivas que ya no deberán competir con las principales firmas reposteras de su propiedad (industria alimentaria USA), sino pasar a ocupar nichos de mercado subalternos y, en todo caso, complementarios al nicho principal. Sería largo el rastro de etcéteras. En el caso de la absorción yankie de grandes partidas accionariales de TELEFÓNICA, no sé si alguien podrá dejar de pensar en el “reajuste” empresarial como destacado dispositivo imperialista de eliminación competencial, una vez las distintas “firmas” jurídicas o nominales han pasado a recaudo real de los mismos trusts. ¿O es que acaso los consorcios compradores que han irrumpido en TELEFÓNICA son ajenos a VODAFONE (estadounidense) y ORANGE (israelí)?.

2. Los sindicatos estatales del imperialismo, y sus falacias

A estas luces, se revela con claridad que los sindicatos UGT y CC.OO. mienten cuando dicen que “da igual el color del gato”; que a los trabajadores les tiene que ser indiferente la composición real de los capitales de TELEFÓNICA. “A nosotros nos trae sin cuidado a qué manos pase la empresa, mientras se respeten las condiciones de los trabajadores y sus derechos”, rezan los líderes sindicales, tal como un año atrás declararon de IBERIA en mitad de su absorción/liquidación británica.

Para empezar, esa “prospectiva” sindical es falaz en los propios términos lógicos internos que conjuga: puesto que si el Capital estadounidense entra en tropel en las Bolsas lacayas acuciado por su necesidad de recuperar posiciones en el reparto de la tarta mundial de plusvalías, ese propósito no pasa precisamente por conservar las condiciones del espectro obrero en sus países satelitales. O sea, que, idealismos y dogmas obreristas aparte, en la realidad material internacional NO da igual el color del gato; antes bien, hay una correlación de proporcionalidad inversa entre (a) condiciones laborales y (b) grado de dominio imperial sobre la composición de capitales. Esa matemática es perfectamente conocida por los sindicatos, quienes, simulando “indiferentismo” obrerista hacia la transacción de saqueo imperial directo sobre las fuerzas productivas, no hacen más que revelar su identidad como organismos afincados al Estado oligárquico español, dependiente del Imperio y en tal medida entreguista de la materialidad del país. Con dicha ideología “autonomista”, los sindicatos están encubriendo su colaboracionismo lato con quienes desde la otra orilla atlántica atesoran la llave financiera, mediático-ideológica y político-militar para el apuntalamiento y continuidad del régimen institucional inclusivo de esos sindicatos.

En segundo lugar, para los trabajadores de MOVISTAR no es lo mismo tener que llenar las arcas de los monopolios españoles, a tener que llenar esas arcas y, fundamentalmente, pasar a tener que generar también ganancia para el Capital estadounidense en su violento proyecto de re-consolidar su hegemonía mundial y su competitividad. Las condiciones laborales no son en el menor punto ajenas a ese desdoblamiento de actores propietarios ni a la jerarquía establecida entre los mismos. No sólo hay que llenar suficientemente mayor número de “bolsillos”, sino que hay que pasar a trabajar para unas necesidades de acumulación/inversión/aplicación militar cualitativamente distintas en la arena planetaria, y por ende muchísimo mayores en números absolutos de Valor.

En tercer lugar, con la adquisición directa estadounidense de porciones significativas del monopolio lo que acontece es una modificación profunda de la geopolítica de la lucha de clases sobre el terreno. No es lo mismo combatir contra una clase dominante interna relativamente débil, dependiente, desacreditada y temerosa respecto de la erosión de legitimidad de su propia superestructura institucional, que tener que combatir contra una clase lejana a miles de km de distancia en su bunker de Wall Street, que delega gustosamente el encaje de golpes en la jeta de sus gestores regionales, contramaestres de empresa y hombres de paja políticos, y, más importante aún, indolente e inafecta por unos formatos de lucha enfocados a semiparalizar la actividad empresarial. Pues esa misma clase dominante gringa es la primera interesada, pro ultima ratio, en rebajar o limitar dicha intensidad empresarial de actividad (incluso en inducirla finalmente a “crisis” que inste al adelgazamiento funcional), con vistas a consagrar los mercados a empresas terceras que sí son de su entera pertenencia como burguesía monopolista de Estado.

En fin, pero no menos importante, se tendrá en cuenta que las fuerzas productivas de un país, aun indisociables de su sello de clase, mientras siguen existiendo sí son físicamente “recuperables” por el pueblo al son de procesos de cambio radical edificadores de otro Poder político con otro carácter de clase. No ocurre lo mismo cuando dichas fuerzas productivas viajan a recaudo del epicentro hegemonista (y más aún si los Estados Unidos acaban por defenestrar, por avanzar en la deslocalización o bien por desmantelar parcialmente dichos recursos materiales). No es equiparable hallarnos –mañana- ante la posibilidad jurídico-violenta de expropiarle su patrimonio a la oligarquía monopolista y financiera española, que encontrarnos frente al Hegemonismo y sus marines.

En relación a este punto resulta imposible dejar de pensar en la analogía histórica conformada por Chile y España. En ambos casos, la red de telefonía estuvo en manos de la IT&T estadounidense hasta que Salvador Allende, para el caso andino, y Manuel Azaña, durante su etapa homónima de gobierno inaugurada en 1931, procedieron a nacionalizar. Sabemos del asalto al Palacio de la Moneda. No tantos saben que los militares golpistas españoles (filo-anglos por tradición) hablaron antes con Londres; que Churchill financió el alzamiento a través de la banca británica; que la TEXACO fue la gran provisora de combustible a los “nacionales”, bajo emporio de los Rockefeller y las 7 Hermanas petroleras. Franco devolvió la TELEFÓNICA al imperio, si bien maquillando la entrega con la preservación española de la propiedad jurídica sobre el monopolio. De facto, la red se hacía dependiente de las finanzas estadounidenses, de la venta imperial de tecnología y capitales físicos, de su manejo de instalaciones y tendidos, y de su destacamento de personal técnico. Ni que decir tiene que parte de las ganancias eran expatriadas hacia las matrices que habían ejercido ya dominio telefónico pre-republicano.

3. La oligarquía española se da de alta en el campo imperialista

Una vez puesto en marcha y rodado en Plan de Industrialización y Desarrollo, Franco pactó con los Estados Unidos la inclusión del Capital español en la 4ª fila del club imperialista, con su modesta parcelita bajo el sol del entonces patio trasero latinoamericano. Aunque Franco había sellado la ocupación de suelo español con bases militares en 1953 (“Ahora sí he ganado la guerra”, exclamó entonces al firmar), la arribada oligárquica al imperialismo comportará más intensos compromisos en materia militar, así como aceptar la colosal maniobra Hegemonista en materia de financiación de empresas y proyectos. Las infraestructuras, equipamientos y políticas urbanísticas de despliegue necesario al desarrollo de polos productivos serán también financiados por los Estados Unidos o directamente concedidos a sus filiales industriales pesadas. España queda, paralelamente, abierta a las entradas mercantiles yankies, al tiempo que a sus exportaciones agroindustriales (por ejemplo, de grano), hecho que arruina a un sector primario desprotegido proletarizando por millones a las gentes del campo. En fin, el considerable déficit comercial y presupuestario heredado de su periodo autárquico por la España franquista, será convertido en empréstitos estatales y así en deuda pública comprada por la gran banca estadounidense y concentrada en sus manos.

No obstante el desarrollo tardofranquista de una burguesía media exportadora e inversora integrada en la nueva posición imperialista, la oligarquía financiera no abandona su rol pasivo de ente comprador, acreedor, arrendador y rentista más que para hiper-concentrarse en un puñado de sectores monopolistas activos, cuya gerencia tiene por lo demás que compartir con la burguesía burocrática y su nueva vocación acumulativa en pro de apertura de grandes sectores vía tecnocracia a sueldo, fuese bajo una u otra cláusula de propiedad jurídica. Tampoco hay que olvidar cómo la oligarquía misma encontró un nicho inédito de acumulación por medio de “democratizar” el préstamo y diversificar sus fórmulas, visto el boom de proliferación empresarial generado por los procesos vistos además de en respuesta a los tramos empresariales periféricos demandados por las filiales, plantas y patentes norteamericanas en instalación. Dicho sea de paso, fue así como un clan de la banca media provincial llegó en décadas a superar a la gran banca para convertirse en el vértice de la pirámide oligárquica española: hablo de los Botín y el BANCO SANTANDER.

4. El PSOE, “el cambio” y la diversificación multi-sectorial de la oligarquía

No será hasta el Gobierno de Felipe González que la oligarquía española dará un salto cualitativo en su posicionamiento al seno del campo imperialista, medido tanto en baremos de extensión de inversiones, como, sobre todo, de diversificación. Esta licencia de desarrollo se paga con un ahondamiento de vasallaje militar (OTAN, alineamiento belicista junto con todas y cada una de las agresiones hegemonistas alrededor del Globo, etc.), tanto como de vasallaje político y económico (CE, relaciones internacionales y diplomáticas, seguidismo estadounidense en el seno de los organismos “internacionales”, votaciones, acuerdos…, etc.). A la oligarquía se le deja aumentar las aspas de su abanico y afilar su incisividad en Latinoamérica y otras regiones, consagrándose ésta en sectores como industria alimentaria, seguros, infraestructuras, obras y redes viarias, inmobiliaria, telecomunicaciones, energía, transportes, etc. Atendido con mayor profundidad, lo que el Hegemonismo construye “para España” en esos años es un gran pulmón financiero e inversor bursátil para la vida monopólica y sus movimientos, coronado por el BBVA y, a fortiori, por el BANCO SANTANDER. Ni que decir tiene que el Hegemonismo, al hinchar un órgano oxigenador de Capital a la altura de los nuevos potenciales/necesidades monopolistas, está automáticamente estrechando la soga de dependencia oligárquica respecto de sí mismo y de sus subalternos regionales, los Estados-Finanzas noreuropeos (principalmente el galo y el germano).

En el caso, por ejemplo, de TELEFÓNICA, este proceso de empoderamiento oligárquico es presentado por sus entonces gestores socialdemócratas como un acontecimiento genuinamente “progresista” y “de interés público”. Como la “ofrenda” hegemonista del monopolio a sus vasallos “nacionales”, exige una involucración del papel estatal concorde a los nuevos altos vuelos de expansión, el propio Estado absorbe funciones de desarrollo ingenieril, logístico, tecnológico y administrativo antes directamente gestionadas por las sucursales empresariales del Hegemonismo en el sector. Esta articulación estatal de la telefonía permite a la socialdemocracia presentar la TELEFÓNICA como un buque-insignia de su “talante” abstractamente “nacionalizador”, velando así la cuestión del carácter de clase del Estado en funciones.

Carácter de clase que los hechos, siempre tozudos, terminan por evidenciar cuando Aznar privatiza el consorcio. La concentración jurídica estatal de dicho Capital, dispuesta por el PSOE, se correspondía con una primigenia fase de acondicionamiento y habilitación competitiva del coloso. Por su rentabilidad diferida, tal fase no presenta interés inmediato para la oligarquía en primera persona, quien, en lugar de invertir directamente en ella, delega las funciones de despegue en el erario “público”. Cuando el capital físico haya sido instalado, la base consolidada, y la empresa esté en marcha…, llega entonces el momento de la privatización, es decir, de brindar en bandeja de plata la criatura ya desarrolladita. La oligarquía reclama, impaciente, y la privatización llega de la mano del malo de la película, en nombre del “neoliberalismo”.

No se puede pasar por alto, por otra parte, el obsceno atlantismo de Aznar (aunque no fue, por hechos prácticos, más atlantista que González). Tal vez Aznar privatizó TELEFÓNICA a sabiendas de que con la privatización abría la veta para el re-posicionamiento hegemonista sobre la empresa si en el futuro se avecinaba “coyuntura de necesidad”. “Coyuntura” que resulta coincidir con la fase actual de un declive yankie contrapuesto al Mundo Emergente y a otros países y territorios que, sin ser emergentes, ponen su figura “fuera de vieja onda”.

5. La máscara laboralista de las administraciones locales del hegemonismo…, y de su nueva politeia “alternativa”

Cuando ahora los nuevos poderes o proto-poderes municipales barceloninos, con Ada Colau a la cabeza, se presentan como mediadores entre “la plantilla” y “la empresa”, están –como hemos analizado- falsificando el carácter del proceso en curso. Plantear la problemática como una cuestión pertocante a “relaciones laborales” –cuestión supuestamente oriunda del “mundo empresarial” y “los trabajadores”- es plantearla en los términos exactos funcionales al proyecto hegemonista de extensificación y profundización expoliadora.

La lucha empírica de los trabajadores de MOVISTAR no es, en su trasfondo, lucha “obrera” encarada hacia “la patronal” y conformada en ganarle condiciones al cavernoso intramuros factorial. La lucha de nuestros compañeros los trabajadores de MOVISTAR es la punta del iceberg contra un proceso entreguista/liquidador de factores económicos bajo cuyo fruto de miseria el pueblo se hunde cada día un poco más, perdiendo su presente y su futuro en un país que está siendo material, físicamente, transferido a los centros de concentración de capitales y de acumulación ganancial.

Ante la tesitura real expuesta, uno no puede vestirse de árbitro para añadir acto seguido que se está de corazón del lado de los trabajadores en cuanto a sus reclamaciones laborales se refiere. ¿Acaso dicha plantilla o cualquier otra no vive en un país esquilmado?.

¿Realmente lo importante son las condiciones…, con que dorar y enguilnardar floridas las cadenas soportadas por los esclavos y los desposeídos que estamos camino de conformar una población de colonia?. Pero además: ¡“condiciones sólidas” para los rebaños “sureños” sujetos a la raza de los Señores y su parasitismo globalista!. ¡Vaya entelequia, pretender “condiciones”!. La proto-alcaldía barcelonina en ciernes cosifica las necesidades humanas bajo el estrecho formato de “la lucha obrera y sus conquistas de condiciones”. ¿Y cuando los trabajadores salen cada día de la planta, a partir de ese momento qué?. ¿No son acaso padres, hijos, enfermos, estudiantes, inquilinos, viajeros, futuros jubilados, personas con su cuerpo, con sus planes, sus sueños, su creatividad…?. ¿Acaso se puede vivir humanamente nutriéndose de la Nada que el Hegemonismo está dejando en el país?.

La re-presentación laboralista de la realidad analizada, hecha por los “árbitros” municipales, es un espectáculo divisionista que convierte al pueblo en espectador, a lo sumo empático o incluso solidario activo con un combate supuestamente dado en el terreno de lo parcial (operativo/ profesional). Un terreno que nos es re-presentado como si fuera externo al pueblo en su condición de entidad genérica sujeta a opresión dado su engarzamiento específico a un país satelital.

En lo que versa de dicho antagonismo, no cabe ser árbitro. Pero no por una cuestión moral; ser árbitro es una posición que no existe. Que una estancia político-administrativa al fin y al cabo integrante del Estado, como es la estancia municipal, se auto-vindique mediadora entre unos supuestos “actores económicos” implicados, no hace más que demostrar que está mediando, sí, pero para el Imperialismo. Ello más allá de “actores” manifiestos, de equidistancias o de alineamientos tácitos con ciertos intereses inmediatos del obrero como obrero que es. Y eso es así porque la postulación de tal perspectiva –y su difusión mediática- se basan en sustraerle toda dimensión Política y nacional-estratégica al asunto, procediendo a ejercitar una metafísica del hecho aislado (George Lukács) que vaporiza la contradicción principal subyacente: Independencia económica y Soberanía política como datos primordiales permisivos de la potencia vital y la relacional social que el Pueblo es capaz de consumar. Datos que sólo pueden ser provistos y defendidos por un Poder político dotado con una raíz de clase(s) antagónica al carácter de clase actual estatal.

El Estado, aunque guste decirlo y auto-justificarse, jamás puede lavarse las manos como Pilatos. Su substancia en sí, al portar siempre sello de clase(s), se lo impide. En el fondo, lavándose las manos Pilatos hacía otra cosa muy distinta a lavárselas. Sea en contextos semicoloniales o en contextos caracterizables por el binomio opresión + dependencia (caso español), el Estado, o es del Pueblo y visibiliza los procesos de lucha nombrándolos a partir del eje antagónico entre el Pueblo y el Imperialismo, o bien es el Estado de los vende-patrias y del propio Imperialismo. El poder popular jamás permitirá la pautación exterior de la actividad colectiva ni la imposición de límites a la misma, acabando con la falsa disociación entre condiciones laborales y Soberanía sobre las fuerzas materiales habidas, alienadas/por recuperar y potenciales. Desfocalizando y re-focalizando el asunto de MOVISTAR tal y como están haciéndolo, las sucesivas administraciones cipayas, desde la más alta a la más “próxima” municipal, demuestran qué naturaleza de Estado ellas conforman. El movimiento antiimperialista internacional produce los ojos que saben leerla.

Tamer Sarkis

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5 respuestas a En solidaridad con los trabajadores de Movistar: La estrella muerta tradeunionista en el hilo negro del Hegemonismo

  1. Jesús dijo:

    Di lo que quieras Tamer, pero yo recuerdo los tiempos del franquismo y Telefónica era la mejor empresa de España. Muy buenos salarios, estabilidad, obra social, ventajas para los trabajadores y sus familias. Si claro, pero ahora tenemos la democracia, y podemos votar!

  2. M.N. dijo:

    Telefónica formaba parte de un amplio holding de empresas públicas que en España se llamaba Instituto Nacional de Industria (INI, creado en su momento a semejanza del Hermanngoerinswerke alemán) y efectivamente, empezó haciendo uso de tecnología norteamericana (ellos desarrollaron el teléfono) que hay que pagar, de IDENTICA manera en que la URRSS desarrolló su industria automotriz civil y sobre todo militar (FIAT, FORD) y muchas otras. Esto es así, si un país no desarrollada quiere tener una industria puntera propia en un sector de innovación, llegas a un acuerdo para la transferencia de tecnología por parte de sus creadores o te chupas el dedo. Posteriormente, tanto Telefónica como la industria estatal soviética, empezarían a crear tecnología propia.

    El problema de la industria nacional cuando ésta existe es el de que sus gestores y trabajadores sean profesionales competentes, trabajadores e imparciales o ineptos, corruptos y enchufistas y ahí el factor clave es la escala de valores y el carácter, de los que la gente de hoy en día tiene grandes carencias. No tiene nada que ver con las teorías de Adam Smith, Karl Mar, Miles x y demás momias. También los sindicatos tienen mucho que decir en lo referente a la supervivencia de esas empresas estatales. Una empresa como era Renfe durante el franquismo, estaba dominada por el mamoneo sindical hasta límites insospechados, aunque los sindicatos no pudieran legalmente poner el membrete de CCOO hasta pasados unos años. Familiares colocados regularmente, burocracia excesiva y demás hicieron de Renfe una empresa muy lastrada, lo mismo que le pasaría a SEAT a medida que nos acercábamos a la democracia y luego ya, para que te cuento.

    Los trabajadores de la desahuciada empresa estatal Wolkswagen trabajaron todo un año en una fábrica que carecía de tejado, haciendo milagros, con el frío y la lluvia que cae en Alemania. Lejos de considerarse “explotados”, sentaron las bases de una empresa que se ha comida a casi todas las empresas automovilisticas privadas del mundo.

    • MC dijo:

      Vamos el “que inventen ellos” tan del gusto de la burguesía rentista española y grandes latifundistas, no tiene nada que ver. Porque aquí se hacían coches de la Hispano-Suiza de los mejores del mundo en su época. Siempre se copió, y si tienes industria estratégicas, como la de camiones Barreiro y Pegaso, en las que se fusionan con otras marcas, procuras que la matriz quede en casa. Lo que empezó, con un franquismo deseoso de legitimación internacional y respaldo gringo, tuvo su boom, con Gonzales y Aznar.
      Antes tuvo un predecesor durante la falsa transición, en los famosos Pactos de la Moncloa, surgidos después de la matanza de Atocha, donde los sindicatos Comisiones y UGT pasaron a desempeñar el rol de los verticales. Carrillo y la Pasionaria pasaron a ser juancarlistas, a cambio de legalizar el PCE dejando a los camaradas de la insurgencia en la estacada. Todos, con el Borbón ladrón, el duque, Felipe de Suresnes. y las élites económicas y políticas franquistas y el respaldo del amigo americano, firmaron los infames pactos, que supusieron en la realidad, una perdida de un 30% en el nivel adquisitivo de los trabajadores y perdida de derechos, que la clase trabajadora había adquirido en el tardofranquismo.
      Porque un estado con capacidad para construir la bomba atómica en los 80 no es poca cosa, con una industria naval pesquera puntera en el mundo, de fabricación propia, tampoco. Una construcción naval capaz de construir los Mistral, trenes Talgo etc. apoco que se apoye…Claro que si te permites el lujo de tener el mejor científico joven de Europa en paro, una farmacéutica innovadora y de tanto futuro como Zeltia se la lleven los gringos. Las mismas multinacionales gringas que fabrican todas las esencias de La Toja en Chequia. Mientras como buena colonia haces que el hombre puesto por Aznar al frente de Bankia, compre sin auditoria el quebrado Florida Bank a la mafia cubano gusana de Miami, (Más Canosa y CIA.) por 500 millones, que ahora pagamos todos, porque somos unos vagos que siempre estamos echando la siesta, por eso tenemos lo que merecemos.

  3. Jesús dijo:

    El caso es que Movistar ya casi no tiene empleados. Toda su división de mantenimiento se sustenta en cientos de trabajadores autónomos que se cotizan ellos mismos su seguridad social y sus gastos de logística, vehículos, seguros, telefonía, etc, etc. Muchos de esos trabajadores autónomos ni siquiera son ya españoles.
    M.N: Hablas de los sindicatos “verticales” del franquismo pero ahí están cientos de barrios de casas sindicales construidos por toda España, ahí están esas casas, de pie, reales, con familias viviendo.
    ¿Y qué me dices de los miles de viviendas “desaparecidas” en la PSV del sindicato “de clase” UGT? “Salirse” de la cooperativa PSV en Zaragoza le supuso a mi hermano perder casi millón y medio de pesetas. Y qué me dices del “hacendoso” presidente de UGT Madrid, un peón ferroviario que llevaba décadas liberado, cobrando de RENFE, de Caja Madrid (181.000 euros al año), además de su correspondiente tarjeta black?
    José Ricardo Martínez, el hombre de la pancarta, humanitario, pro LGTB, etc, etc
    “Sindicato de clase” ¡Es para echarse uno a llorar!

    • M.N. dijo:

      Yo no pongo en duda que los “verticales” del franquismo se hincharan a hacer vivienda social, solo he dicho que en Renfe la estructura sindical era la de aprovecharse del patrón estado, avanzadísima o atrasadísima para la época, según se mire. Y la realidad es que nada más llegar la democracia se pudo ver como se afiliaron todos a CCOO, es decir que de franquistas tenían bien poco. En un país o en una piragua, o reman todos en la misma dirección o se hunden, por eso soy tan poco amigo de los “partidos” y los enfrentamientos “ideológicos”: te dan la posibilidad de votar (y medrar) pero a cambio paralizan el país. Ejemplo paradigmático: Tania Sanchez (sanguijuela democraticae vulgaaris) que dice que si que ha currado en su vida, dado que una vez estuvo “poniendo copas”. Traidora, mentirosa, intolerante, sectaria, cínica…. ¿A donde nos pueden llevar este tipo de personajes?

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