CONTRA EL LIBERALISMO DEL SIGLO XIX

Manuel Fernández Espinosa

El historiador marxista británico Eric J. Hobsbawm (1917-2012) sostenía que “La península ibérica tiene problemas insolubles, circunstancia común, e incluso normal, en el “tercer mundo”, aunque extremadamente rara en Europa”. Lo de “problemas insolubles” lo dice él; España no tiene más problemas que cualquier otro país europeo desde que la pseudo-reforma protestante y el liberalismo existen y su grado de solución es tanto como el de cualquiera (sería hora de dejar atrás ese paralizante fatalismo). Para fundamentar su dictamen Hobsbawm recurría a los estudios de su compatriota Raymond Carr los cuales concluían que, en el curso del siglo XIX, en España había fracasado el liberalismo (desarrollo económico capitalista, sistema político parlamentario burgués y desarrollo cultural e intelectual occidental); si en España -parece decirnos Hobsbawm- hubiera triunfado el liberalismo, todo sería mejor e incluso nos ahorraría tal vez llamarnos eso de “tercer mundo”.

No vamos a enredarnos en las consecuencias hipotéticas de lo que hubiera sido España de triunfar sin oposición el liberalismo, eso vamos a dejárselo a los visionarios de la historia ficción, lo que sí interesa es constatar que el liberalismo no triunfó en España y ni que decir tiene que es algo que aplaudimos. Es a la hora de entrar a identificar los obstáculos con los que se encontró el liberalismo con lo que habría que lidiar. Los primeros que, sin dudarlo, se oponen frontalmente al liberalismo son los carlistas: la resistencia carlista al liberalismo tuvo mucho de instintiva defensa del orden tradicional, pero por encima del instinto de los voluntarios del pueblo planeaba -y esto no hay que olvidarlo- la dirección de lo que, permítaseme denominarle, era la “intelligentsia” del carlismo: la facción de los “apostólicos”. Esta facción carlista estaba formada en su gran parte por el clero que había identificado el “liberalismo” como lo que era: el correlato político, económico y social de la herejía protestante. Teniendo en cuenta esto entenderemos mejor que el carlismo no fue, como quieren sus detractores, una fuerza ciega, la refractaria caverna reaccionaria -durante mucho tiempo hemos estado contemplando nuestra historia nacional con los tópicos propagandísticos del enemigo liberal del siglo XIX, heredados por la izquierda internacionalista y apátrida.

Pero no sólo fue el carlismo el gran obstáculo con el que chocó el liberalismo decimonónico. El liberalismo entendió que había que ganarse a la Iglesia católica (siempre hubo liberales, desde la Cortes de Cádiz, que así habían pensado; lo mismo que liberales exasperados que, atiborrados de anticlericalismo, habían pensado lo contrario). Los “moderados” (la derecha liberal) fue la que actuó con más astucia: frenó los excesos y desórdenes de los liberales más exaltados y anticlericales y, una vez que al clero le despojaron (desamortizando sus bienes) de las fuentes que le permitían tradicionalmente la independencia económica, lo vinieron a reducir al papel de burócrata del culto, un “estamento” ahora asalariado, a sueldo del estado liberal; y no fue poco triunfo liberal el de firmar un Concordato con la Santa Sede en 1851, pero en modo alguno fue bueno ni para la Iglesia ni para España. Una nada despreciable parte de nuestro clero quedó subordinada al patronazgo estatal y fue convertido en “deudo” de los nuevos ricos que, a cambio de una chocolatada, arrendaban un puesto en el cielo tras haber saqueado a la Iglesia. Hubo mucha claudicación, mucha componenda en un amplio sector del clero que no estuvo a la altura de las circunstancias, salvando egregias excepciones rurales más o menos combativas (como el Cura Santa Cruz) o más o menos intelectuales (Sardá y Salvany: “El liberalismo es pecado”) pero, a la postre, la conducta práctica del clero en general se percibe como una connivencia con el liberalismo y suena a: “Como los carlistas no han ganado, más vale que nos arreglemos con los moderados”. Y así nos fue a todos… El clero, con sus nuevas amistades, lo que logró fue enajenarse las simpatías del pueblo empobrecido que, mal guiado por la didáctica masonizante, se quedó con la impresión de que la Iglesia se había convertido en aliada de la burguesía incipiente y egoísta, liberal.

Por eso, en el correr del siglo XIX, una cada vez más importante masa popular, depauperada por las consecuencias de la política económica liberal, se aleja cada vez más de la Iglesia y adopta posiciones revolucionarias. Así, en el verano de 1861, estalla la sublevación de Loja (la Revolución del Pan y el Queso), pero con antelación -también en el verano, era el de 1857- unos pocos más de cien jornaleros se alzan en el campo andaluz, tomando Utrera y El Arahal, al grito de “Mueran los ricos”. Estos alzamientos llevan todavía el sello de la reacción popular contra una situación de hambre y carestía, propiciada por la profunda injusticia social que instala el liberalismo extranjerizante. Se produjeron intermitentes alzamientos campesinos en Andalucía, en Castilla y en Aragón… Pero, ¿quiénes son ahora los que lideran estos conatos tumultuarios de diversa consideración? Los demócratas y los republicanos, sin que podamos descartar que en sus lóbregos y sórdidos antros la masonería estuviera maniobrando. Más tarde, andando el tiempo, el anarquismo bakuninista aterriza en España, en el contexto de la Revolución de 1868. Con anterioridad Pi y Margall había traducido a Proudhon y el federalismo se había nutrido de estas dos canteras. El anarquismo adopta el ateísmo y transmite un inconfundible mensaje anticlerical, pero es imposible desvincular el anarquismo primitivo con un soterráneo fondo cristiano, hasta en sus formas de propagación recuerda el cristianismo primitivo. El hecho es que el anarquismo capta las simpatías y logra las adhesiones de una parte importante del pueblo pobre y el agitador anarquista releva a los curas de antaño que arengaban contra el liberalismo desde sus púlpitos. Cuenta el Barón de Laveleye (1854-1938) que, cuando vino el belga a Barcelona, los anarquistas celebraban sus reuniones en iglesias abandonadas de la Ciudad Condal: “desde el púlpito los oradores atacaban a todo…”, denunciaban las maldades del mundo capitalista y de la clase burguesa egoísta y anunciaban un mundo nuevo, una versión secularizada de la “parusía”. Sin el sustrato católico -de mentalidad católica- hubiera sido difícil que las masas se convirtieran a la nueva religión sin Dios del anarquismo; si el anarquismo no hubiera tenido ese asombroso parecido con el cristianismo, en su rechazo del liberalismo, tampoco hubiera granjeado grandes éxitos en la “catequización” de las masas campesinas y obreras españolas.

Si consideramos estos fenómenos arriba someramente planteados con la debida atención debiéramos extraer algunas conclusiones:

1. España es constitutivamente antiliberal, refractaria al liberalismo económico, político y social.

2. Lo fue en su contra-revolución, con los carlistas.

3. Lo siguió siendo en su “revolución anarquista”.

4. El fundamento de ese antiliberalismo es el sustrato católico, operante expresamente en el carlismo y operante, aunque severamente amputado en el orden trascendente, en su anarquismo posterior.

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“EEUU está creando un sistema de ataque complejo para ‘decapitar’ a Rusia y China”

“Al aumentar y perfeccionar su escudo antimisiles (incluyendo la península de Corea), EEUU está creando un sistema de ataque complejo para ‘decapitar’ a Rusia y China“, opina Alexandr Jrolenko, columnista de Sputnik.

Según el experto, el despliegue del sistema de misiles antibalístico móvil THAAD en Corea del Sur, iniciado el pasado 6 de marzo, forma parte de una reconstrucción a nivel global de su sistema de defensa aérea y del espacio cibernético.

“Cada elemento del ‘mosaico’ en algún momento ayudará a formar la imagen completa”, subraya el analista.

Jrolenko hace referencia a la posibilidad que tiene EEUU de usar el nuevo sistema THAAD, junto a las embarcaciones equipadas del sistema Aegis y los sistemas de vigilancia satelital, para lograr una imagen clara de los sistemas balísticos y aerodinámicos de Rusia y de China en sus territorios.

En ese sentido, el sistema THAAD, más que ser un sistema de defensa, es un sistema de vigilancia.

Según datos citados por el columnista, el radio de acción del sistema de misiles antibalístico THAAD es de 200 kilómetros. Sin embargo, las posiciones de THAAD están ubicadas a 300 kilómetros al sur de Seúl y 400 kilómetros al sur de Hiroshima.

“Claramente, el sistema no protege a la capital de Corea del Sur, ni a Yokosuka, la base más importante de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón, usada por la séptima flota de EEUU. Entonces, ¿para qué sirve este sistema de defensa aérea?”, se pregunta el experto.

“Seguramente, el sistema THAAD no es lo que parece (o bien sus posibilidades no han sido reveladas del todo)”, considera Jrolenko.

Sin embargo, las estaciones de radiolocalización TPY-2 TM del sistema THAAD le permiten a EEUU “echar una ojeada más allá del horizonte, a una distancia de más de 1.200 kilómetros, y descubrir objetos balísticos (misiles) y aerodinámicos (aviones)”.

En ese sentido, agrega el experto, no es sorprendente que el proyecto norteamericano en Corea del Sur haya generado una fuerte reacción por parte de Pekín y de Moscú.

“Ya en julio del año pasado, Corea del Norte prometió tomar ‘las medidas materiales necesarias’ como respuesta al despliegue del sistema de misiles antibalístico THAAD en la península de Corea. Indudablemente, Rusia y China intentaran igualmente conservar el balance estratégico [en la región]”, concluye el experto.

May Schwarzkopf
Colaboradora en Geopolitico.es

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Documental Chávez Infinito

Documental en el que participa nuestro compañero Miguel Rix

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EL NACIONALISMO BLANCO DE LA “ALT-RIGHT”, O LA TENTACIÓN IDENTITARIA ESTADOUNIDENSE QUE ELUDE LA CUESTIÓN SOCIAL

El movimiento del pensamiento Alt-Right (Derecha alternativa) descrito en este artículo no tiene realidad institucional, o incluso una definición clara. El término, acuñado por Richard B. Spencer, ha tomado una nueva dimensión a la luz de la elección de Donald Trump. Se podría decir que la “Alt-Right” existe en el vacío, definida por sus oponentes: la prensa, los grupos de presión y los partidos dominantes. El sistema político-mediático, que fue rechazado de nuevo el 8 de noviembre de 2016 por una mayoría de los votos electorales, incluye bajo el término peyorativo “Alt-Right” todo lo que no le conviene: la derecha dura, el racismo, el fascismo, el nazismo. A imagen de lo que se ha hecho con el FN en casa [Francia].

En su edición del domingo 2 de diciembre, el New York Times se interesa por la nueva nebulosa del “orgullo blanco” americano. Bajo el nombre de la Alt-Right (Derecha alternativa), ha surgido una tendencia con ocasión de la muy dura campaña presidencial, una tendencia minoritaria pero lo suficientemente inquietante a los ojos del muy influyente periódico de las élites de la costa este, como para justificar un largo artículo.

La Alt-right, movimiento político sin estructura política clásica, conocerá la consagración con un discurso dedicado de Hillary Clinton, a finales de agosto de 2016, en el que acusa a su oponente republicano de “explotar esta nueva forma de la supremacía blanca”. Es verdad que los principios de su fundador, Richard B. Spencer, son más bien directos:

“No estamos destinados a vivir en la vergüenza, la debilidad y la desgracia. No rezaremos para hacernos aceptar por algunas de las criaturas más despreciables que el mundo haya presentado jamás”.

Hacer América (blanca) grande otra vez

El NYT conecta este movimiento de derecha “blanco” o pro-blanco al mucho más estructurado y reconocido de Stephen K. Bannon, el ex-patrón de Breitbart News – Bannon mismo reconoce que su plataforma sirve a los intereses de la Alt-Right -, convertido en asesor del presidente Trump en materia de política interna. Esto incluye las minorías, sujeto cuán sensible y cuán explotado al otro lado del Atlántico. Durante la campaña, sin ser partidarios absolutos, los miembros de la Alt-Right sostuvieron a Donald Trump en todas sus salidas populistas o supuestamente racistas. Vieron detrás de los discursos del multimillonario que se comprometió a “hacer América grande de nuevo”, intenciones ocultas que se corresponden con las suyas: el reconocimiento de la raza blanca, que hizo América, y que sufre hoy de multiculturalismo, una cohabitación forzada debida a las élites anti-estadounidenses que se transformó en guerra interracial y en un tirar al pueblo de Estados Unidos hacia abajo. Las comunidades negras e hispanas están en el visor.

Curiosamente, a través del análisis del NYT, adivinamos sin dificultad que el sistema ve con malos ojos esta emergencia de un orgullo blanco, mientras que – por razones de dominación social – exalta el orgullo de las minorías negra, feminista y homosexual. Esta no es la menor de las paradojas de la problemática de la Alt-Right. Una cosa es segura: en este movimiento se mezclan tanto anti-sistemas como identitarios blancos. Las condiciones político-históricas de los Estados Unidos hacen que la contestación al sistema pase hoy por un reconocimiento de la comunidad blanca, lo que en última instancia conviene a los asuntos de la oligarquía, que siempre ha escamoteado la problemática social (la lucha de clases) con la problemática racial. En este sentido, el movimiento de la Alt-Right no es tan anti-sistema más que eso. Pero prosigamos con el análisis del NYT…

Podría llamárseles unos super-identitarios, mucho más radicales que los identitarios franceses, que no son tan explícitos. Donald Trump no ha condenado las salidas de estos fundamentalistas blancos porque no eran parte de sus militantes oficiales, aunque para ello tuviera que explicar una vez que sus tesis no tenían nada de “nazi”. Los neonazis americanos se han reconocido sin embargo en él, pero no le dieron la victoria: estadísticamente y electoralmente, pesan poco. Aún así, fueron muy activos durante las grandes batallas mediáticas de septiembre y octubre de 2016, funcionando como un sólo hombre sobre los adversarios ideológicos declarados de “su” representante. Lo que entusiasmó – negativamente – a los medios de comunicación de masas, buscando sobrecargar el peso de la bolsa malpensante del candidato “equivocado”.

Por lo tanto, los periodistas pro-sistema han sido atacados en Twitter por norma, sobre todo si eran reconocidos como judíos. Los activistas de la Alt-Right establecieron a este propósito un conjunto de reglas tipográficas para denunciar a los periodistas judíos anti-Trump en las redes sociales, por ejemplo, dándoles tres pares de paréntesis, “!”. Para ellos, no hay duda de que estos periodistas trabajan para el sistema y contra Trump. A su vez, bajo la férula de Spencer, la Alt-Right defiende un programa muy simple: no perseguir a los periodistas judíos, sino imponer una moratoria de 50 años sobre toda inmigración a los Estados Unidos. Según él, “la raza es real, la raza cuenta, y la raza es el fundamento de la identidad”. Se puede ver fácilmente un eco del Black Lives Matter, “Las vidas negras importan”, coreado por los activistas negros contra las violencias policiales, sobrentendidas “blancas”.

Allí, las amalgamas se fusionan verdaderamente sin límites. Existe el riesgo real de ver al pueblo blanco, después de medio siglo de tolerancia con respecto a los negros, practicar una política de identidad antinegra. Algunos observadores acusan ya a Trump de ser un líder blanco para los blancos. Los brazos en alto en las reuniones de la Alt-right son bastante embarazosos para el nuevo presidente de Estados Unidos. Precisamente, y el artículo del NYT no repara en ello, Alt-right resuena extrañamente a “Alt-Reich” (Altreich), el Reich fantaseado que los nazis querían encontrar (mediante las investigaciones arqueológicas de Himmler y sus servicios) o reconstruir (por las armas). En primer lugar, por los territorios sobre la base de la historia europea, y, finalmente, por las creencias nórdicas. El Altreich era esa mezcla de alma y suelo. La Alt-Right norteamericana reivindica su compromiso con su comunidad y con la tierra americana. Un “Blut und Boden” a la salsa de Estados Unidos.

Veamos ahora cuáles son las personalidades que simbolizan esta nueva tendencia. En la nebulosa “blanca” encontramos a David Duke, el antiguo líder del KKK, a Jared Taylor al frente de la revista y el sitio web de American Renaissance, a Kevin McDonald, profesor de psicología retirado cuya “trilogía sobre la influencia judía es una piedra angular del movimiento”, o también a Andrew Anglin, que dirige el sitio web neonazi The Daily Stormer (en referencia al Stürmer alemán de los años 30). Su credo: el retorno de los inmigrantes a casa. Sin embargo, el New York Times reconoce que no todos son racistas. Por lo tanto, se trataría más de “nacionalistas blancos” que de “supremacistas blancos”, el supremacismo induce las nociones de racismo y de superioridad. Entonces, habría que hablar más bien de separatismo.

Según un especialista en los movimientos “blancos”, a los que sigue desde hace 17 años, “esta es la primera vez que se les ve declararse por un candidato”. Por su parte, Trump naturalmente rechazó a estos aliados embarazosos, particularmente los excesos de lenguaje de Spencer, pero sus ataques al establishment han encontrado un eco favorable en esta franja de población, en otro tiempo relativamente ignorada u ocultada por los medios de comunicación. Esto es lo que ha producido una ruptura con el aparato clásico republicano, que también está unido al establishment como el aparato demócrata. En este sentido, Trump llevó a cabo una campaña anti-sistema, basada sobre poblaciones y movimientos que no era evidente reunir. Su programa, muy coherente, consiguió esta exitosa fusión para disgusto de la clase política, de los medios y los encuestadores, que componen este sistema de dominación y contribuyen a su mantenimiento.

Así, Trump, ¿nacionalista blanco o político oportunista que supo sentir las aspiraciones de una América oculta, culpabilizada durante mucho tiempo por la ideología racista dominante?

Respuesta del bloguero Alt-right de Millennial Woes (Males milenarios):

“Creo que lo único que quiere restaurar es la América que conocía de joven o incluso de niño. Y creo que él sabe probablemente en algún nivel que la forma de lograr esto es tener más personas blancas aquí y menos personas de color”.

Spencer, piensa que “Trump es el primer paso hacia una política identitaria a favor de la euro-americanos”, una expresión que puede oponerse de manera segura a los afroamericanos. Desde 2014, Bannon trató de construir un puente entre el ala derecha estadounidense (Alt-Right) y algunos movimientos populistas europeos. Las gigantes manifestaciones contra el matrimonio gay en Francia e Italia fueron la ocasión de hacer emerger los mayores movimientos de protesta política contra la socialdemocracia. Bannon es muy optimista sobre el hecho de que el Frente Nacional francés podría, con el tiempo, reunir este movimiento de resistencia global. No ahorra elogios sobre Marion Maréchal Le Pen, a quien conoció después de la elección de Trump.

La Alt-right toca también a los cristianos conservadores (el movimiento Tea Party), más integrados en el sistema americano, pero tentados por la revuelta, dado el fracaso de sus representantes anteriores. Sin embargo, los jóvenes Alt-Right no son conservadores, ni siquiera nostálgicos: a menudo ignoran la historia de su país y casi la totalidad de la política clásica. Para ellos, el multiculturalismo tiene que combatirse, no para regresar a un pasado étnicamente “puro”, sino para no desaparecer en tanto que blancos. Casi podríamos decir que este movimiento de defensa identitaria es un componente cada vez más identificable del multiculturalismo global, a imagen de los movimientos identitarios negros y latinos.

Políticamente, el movimiento Alt-Right ciertamente no es masivo, pero su influencia en las ideas, en las estructuras mentales de una América dividida, acosada por la duda, aumenta gracias a su actividad en Internet. Por ejemplo, y esto no es nada despreciable, el joven pero muy numeroso público de los “gamers” está muy penetrado por las ideas de la Alt-Right. En Francia también, sin darse cuenta, y fueron censurados por esto por el muy polémico (para la prensa de masas) foro jeux-videos.com. Un foro no tan apolítico como se cree…

Precisamente, según el New York Times, internet habría liberado nuestros instintos más bajos (no se olvide que el NYT se ve amenazado por la influencia de la Red). Mientras que otros movimientos tenían sus discursos y sus militantes, la Alt-Right “trolleaba” a muerte en la red. Hay que decirlo: han acosado a periodistas (a veces duramente) opuestos a Trump enviándoles mensajes amenazantes, fotos de sus hijos… Los periodistas judíos fueron especialmente señalados, o aquellos cuyos nombres tenían una consonancia judía. La “Troll army” del Daily Stormer ha desplegado una agresividad jamás vista en este campo. Ante el flujo de ataques ad hominem, en noviembre de 2016, muchas cuentas de Twitter de autores Alt-Right fueron cerradas, incluso la de Spencer.

En conclusión, la Alt-Right es minoritaria demográficamente, pero son los precursores, de acuerdo con el politólogo Carol Swain, de una toma de conciencia que toca a toda la comunidad blanca, que en realidad no existía como tal hasta entonces, y que siente, al igual que una minoría, que su identidad está “under attack”.

El New York Times equipara el aumento del orgullo blanco a una amenaza para la democracia, mientras que este periódico pro-sistema, que encarna él mismo al sistema ya que es su portavoz mundial, siempre ha promovido la sociedad multicultural, que se ha convertido en una realidad. Incluso se puede hablar de una sociedad multiracista. Toca a los blancos organizarse en minoría activa según el modelo de los negros o de los latinos, lo que no llevará a América a ninguna parte, el modelo de apartheid de Sudáfrica no funcionó por mucho tiempo. El modelo racista de Israel no tiene tampoco mucho futuro.

Sin embargo, hay un apartheid político y un apartheid de hecho: este último está basado en duras realidades sociales. Este es el que une en la miseria a la mayoría de los negros, de los latinos y de los blancos pobres, cuya organización política – se le llama izquierda contestataria – no debe ver la luz en absoluto en los Estados Unidos, ya que la cuestión social vendría a asentarse sobre la cuestión racial. Que, de hecho, conviene al sistema. Porque mientras los explotados estén desunidos, los explotadores estarán tranquilos. Los “pequeños blancos” justamente anti-sistema del movimiento Alt-right, en lugar de entrar en un conflicto interétnico triangular, deberían ver más bien en su situación una solidaridad de hecho con los negros y los latinos, delante de los cuales no es necesario añadir el prefijo “pequeños”. Donde se adivina toda la ingeniería de la racialización o de la etnización de la protesta…

egaliteetreconciliation.fr/

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Ejército sirio apoyará a Hezbolá en futura guerra con Israel

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“Seremos socios de Hezbolá en cualquier futura guerra contra Israel”, ha advertido un alto funcionario sirio bajo condición de anonimato en una entrevista con el periódico kuwaití Al-Rai, retomada el miércoles por el portal sirio Al-Masdar News.

El funcionario añadió que Hezbolá y Siria “comparten un destino”, por lo que Damasco se compromete a permanecer al lado del movimiento libanés en una posible confrontación con el régimen de Tel Aviv.

Seremos socios de Hezbolá en cualquier futura guerra contra Israel”, subrayó un alto funcionario sirio bajo estado anonimato.
“Los aviones israelíes han atacado más de 15 veces objetivos del Ejército sirio, y Siria se reserva el derecho de responder a dichos ataques. Un ataque a Hezbolá será la continuidad de la guerra de Siria”, afirmó el responsable sirio, según el periódico kuwaití, “uno de los principales responsables de la toma de decisiones” en el país árabe.

Estas declaraciones tienen lugar días después de declaraciones cruzadas entre el régimen de Israel y Hezbolá. En los últimos días, el secretario general de Hezbolá, Seyed Hasan Nasrolá, ha amenazado con atacar el reactor nuclear israelí de Dimona.

Los funcionarios de inteligencia israelíes han advertido en varias ocasiones de que Hezbolá ya no es el mismo de hace una década y ahora podría sorprender a Israel con un ataque masivo en represalia por los crímenes que cometen los israelíes contra el pueblo libanés.

Ante el desarrollo de las capacidades de Hezbolá, un alto mando de las fuerzas de guerra del régimen de Israel (IDF, por sus siglas en inglés) anunció en enero que las fuerzas israelíes han tenido que cambiar sus tácticas e incluir una serie de maniobras militares y simulacros de guerra defensiva en el norte de los territorios ocupados palestinos.

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POR SI QUEDABAN DUDAS… ISRAEL RECONOCE VÍNCULOS CON GRUPOS TERRORISTAS EN SIRIA

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El ex ministro de Guerra de Israel, Moshe Yaalon, reconoció que existe una coordinación entre su país y los grupos terroristas en Siria, especialmente en las zonas cercanas al Golán sirio ocupado.

“Nos ocuparemos de sus necesidades; no permitan a nadie acercarse al muro fronterizo”, dijo Yaalon, en lo que constituye el primer reconocimiento oficial sobre la relación entre Israel y los grupos terroristas en Siria.

Agregó que las autoridades sionistas está comprometidas con esos grupos.

Las declaraciones de Yaalon confirma lo que informes de prensa refieren acerca del apoyo militar y de inteligencia de la entidad de ocupación israelí a las organizaciones terroristas, en especial el “Frente Al Nousra”, inscrito en la lista del terrorismo internacional, en particular en las provincias de Deraa y Quneitra.

El pasado miércoles, las fuerzas aéreas de Israel atacaron las posiciones del Ejército Árabe Sirio en las montañas de Qalamun, al noroeste de la ciudad capital de Damasco, según informaron medios locales.

El bombardero israelí lanzó varios misiles contra objetivos del Ejército árabe y las fuerzas del Movimiento de la Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), agrupación libanesa que lucha junto al Ejército sirio contra los grupos terroristas en la región.

Desde el inicio del conflicto interno en Siria en 2011, Israel ha bombardeado en varias ocasiones las posiciones del Ejército sirio.

Fuente: TeleSur

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César Strawberry, sobre HazteOir: “No estoy de acuerdo con que la Policía inmovilice un autobús por un cartel”

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El músico Cesar Strawberry acaba de posicionarse en contra de la decisión de la Fiscalía de pedir la inmovilización del autobús tránsfobo con el que HazteOir pretende recorrer varias localidades españolas. En declaraciones a eldiario.es, Strawberry asegura: “Todo lo que sea reprimir la libertad de expresión me parece un atentado contra los derechos fundamentales de las personas. Hay que aprender a leer y escuchar cosas con las que no estamos de acuerdo. No estoy de acuerdo con que la Policía inmovilice un autobús por un cartel”.

El pasado mes de enero, el Tribunal Supremo condenó al cantante de Def Con Dos por seis tuits en los que ironizaba con la vuelta de ETA y el GRAPO. Pese a estar en las antípodas ideológicas de la organización ultracatólica HazteOir, Strawberry asegura: “Una sociedad plural necesita pluralidad de opiniones. En el caso del autobús, si quieres contrarrestar su opinión, lo mejor que puedes hacer es poner otro autobús”.

En la misma línea se posiciona el portavoz de Jueces para la Democracia, Ignacio González: “Creo que no hay ninguna infracción penal. Igual que criticamos cuando un mensaje en Twitter es objeto de sanción penal, esto forma parte de la libertad de expresión y está en el territorio de las ideas”.

González asegura que rechaza los argumentos de HazteOir pero que defiende su derecho a difundir sus ideas. Para el portavoz de esta asociación progresista de jueces, “HazteOir ha conseguido su objetivo: tener toda la atención mediática que estaba buscando”.

Los juristas están instalados en la duda permanente sobre los nuevos delitos vinculados a la expresión de opiniones. Así quedó de manifiesto en el caso de Strawberry, que encontró una sentencia absolutoria en la Audiencia Nacional y una condena cuando su caso llegó al Supremo.

Con respecto al autobús de HazteOir, la Fiscalía argumenta que su presencia en las calles supone “la creación de un sentimiento de inseguridad y temor” entre los ciudadanos por razón de su identidad. En este caso hay, además, una novedad: la presencia de menores en la ecuación jurídica que habrán de despejar los tribunales.

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