LA CIA Y EL FEDERALISMO

Cada vez es más evidente cuál es el plan de las elites de Bilderberg en Cataluña: usarla como punta de lanza para el traspaso desde un Estado con soberanía nacial a un estado federado al Nuevo Orden Mundial.

Ya hemos tocado el tema en La otra cara de la Unión Europea tras el conflicto de Cataluña

Nuestros amigos del Colectivo Utopía nos envían una prueba más: las declaraciones del actual presidente del Movimiento Europeo.

Os recuerdo que el Movimiento Europeo fue la semolla de la creación del judaico Club Bilderberg. Su entonces secretario, Joseph Retinger, masón y espía, puso en contacto los capitales de las dos orillas del Atlántico, entre ellos, David Rockefeller y Bernardo de Holanda. El fin entonces era vencer al enemigo de la Guerra Fría, la URSS, y fundar la Federación de los Estados Unidos de Europa con este objetivo.

La Cía y su interés por la organización federal

Una de las ventajas de la situación catalana ha sido el surgimiento de cierto afán por desempolvar la historia de nuestro pasado. De repente la opinión pública está descubriendo aspectos desconocidos, olvidados, cuando no -digámoslo sin reparos- cuidadosamente disfrazados u ocultos.

Airear el arca de la abuela historia debería ser un ejercicio bienvenido. Ya sabemos la tendencia de los abuelos a silenciar determinados aspectos de su vida bajo el pretexto de preservar el honor familiar; cuando, en realidad, el único bien preservado sería el honor propio.

¿Por qué desde determinados ámbitos se sigue recurriendo a la idea de una España federal después del fracaso que supuso en la I República?

Los militantes o simpatizantes del PSOE suelen pensar que su Partido siempre ha sido federalista, y no ha sido así.

Históricamente el PSOE había sido un partido centralista y unitario. La idea federal había sido rechazada por Pablo Iglesias por ser contraria al obrerismo socialista. Nada debía separar al proletariado, ni siquiera una federalización del Estado.

Igual de contundentes se manifestaron Jiménez de Asúa y Fernando de los Ríos en el debate constituyente de 1.931. Consideraron que el federalismo ideado por Pi y Margall para la I República, a través de los llamados pactos conmutativos, sólo servía para constituir nuevos estados, no para descentralizar a uno ya existente.

Literalmente afirmaron: “Se admitía la federación de territorios, pero no la federalización de un Estado ya constituido”.

Argumentaron que “España era un país demasiado desigual, social y territorialmente, como para generalizar un autogobierno igualitario”. Y que “los estados federales conocidos, especialmente Alemania y EE.UU., se estaban centralizando y se alejaban de hecho del paradigma federal”

La Alemania de la que hablaban los dos insignes socialistas era la República de Weimar. Que Weimar tuviera una organización federal era coherente con su pasado inmediato: el II Imperio Alemán unificado por Bismark e integrado por 26 unidades estatales. Weimar mantuvo la misma organización territorial heredada del II Imperio a excepción de las partes perdidas a favor de Francia durante la I Guerra Mundial. Sólo cambió su denominación. Alemania ya no sería un Imperio sino una República Federal con un sistema de gobierno parlamentario.

La organización federal fue un reflejo de los estados preexistentes en el Imperio. Fue un acto político de pura lógica.

No era el caso de España, de ahí la disconformidad argumentada de Jiménez de Asúa y Fernando de los Ríos.

Entremedias, en 1.918, la agrupación de Reus propuso que España fuera una Confederación Republicana de Nacionalidades Ibéricas. Propuesta apoyada por Julián Besteiro y que nunca fue reconocida. El estatuto de autonomía fue la mayor concesión descentralizadora del PSOE a los nacionalismos. Esta fue la postura mantenida firmemente por Indalecio Prieto. Después de su muerte, en el Congreso de 1.964, se concibió a España como una Confederación Republicana; fórmula más retórica que práctica.

No fue hasta 1.974, en el Congreso de Suresnes, cuando el PSOE asumió el estado federal junto al derecho de autodeterminación de las nacionalidades que lo integraran.

Para comprender este giro hay que regresar y situarse después de la II Guerra Mundial.

En 1.950, EE.UU. se planteó la necesidad de desnazificar a las instituciones culturales y al sistema educativo de la Alemania derrotada.

A la cabeza del proyecto estaba un banquero estadounidense, John J. McCloy. El proyecto fue bautizado con el nombre de Congreso a Favor de la Libertad Cultural (CFLC)

Detrás de un nombre tan sugerente, John McCloy buscaba construir una nueva Europa acorde con los intereses por él representados y apoyados por la administración Truman. El R.U. estuvo igualmente involucrado.

Con la excusa de combatir al comunismo ateo y otras formas de autoritarismo el CFLC se marcó dos prioridades, una, acabar con la cultura clásica europea, sustituyéndola por el pesimismo cultural desarrollado por Marcuse en su estancia de EE.UU.; estableciéndo nuevos cánones en el mundo del arte acordes con el pesimismo desolador y creador de impotencia individual y colectiva. La segunda prioridad fue poner fin a los Estados-nación europeos y sustituirlos por una organización federal donde los pueblos (regiones) estaban llamados a jugar un fundamental papel.

A finales de 1.940, Adorno y Horkheimer habían terminado el proyecto “Personalidad Autoritaria”, generador en los años 60 del movimiento contracultural basado en la famosa tríada “sexo drogas y rock & roll”.

El CFLC estuvo financiado desde un principio por la Cía.

El panorama educativo y cultural de hoy es fruto de la acción del CFLC. Para no desviarnos, a pesar de la tentación, volveremos al asunto de cabecera.

Cada país europeo tuvo un Comité en el CFLC. El español se organizó en dos secciones: la sección castellana y la catalana, de acuerdo con la ideología de la Europa de los pueblos.

Auspiciado por el CFLC se creó el Congreso del Movimiento Europeo. El IV se celebró en Múnich los días 7 y 8 de Junio de 1.962. Representando a España acudieron más de un centenar de personas tanto del interior como del exilio. El régimen franquista lo llamó el Contubernio de Múnich, y así ha pasado a nuestra historia.

En el documento final se impusieron varias condiciones a España si deseaba ser aceptada como miembro de las instituciones europeas. Se habla de un sistema democrático, de libertad sindical, etc, etc. Todo acorde con lo esperado. Pero en el apartado tercero aparece una condición que ni Francia, ni Alemania, ni Italia, ni Bélgica, ni Holanda, ni Portugal, por poner ejemplos, tuvieron que firmar nunca. En dicho apartado se pide expresamente a España “El reconocimiento de la personalidad de sus distintas comunidades naturales”. Sin ningún pudor la Cía entró de lleno en la futura organización territorial y política de España.

Al año siguiente, 1.963, se hizo pública la encíclica de Juan XXIII “Pacem in terris”, nacida al socaire de la Guerra Fría. En ella se pide el respeto a las minorías étnicas y se insta a que los gobernantes promuevan con eficacia los valores humanos de las mismas, especialmente en lo referente a su lengua, cultura, tradiciones, recursos e iniciativas económicas.

Esta encíclica fue utilizada como paraguas doctrinal de los deseos separatistas de la iglesia católica vasca y catalana, interpretando que el concepto de minoría étnica era aplicable a los habitantes de ambas regiones. Consiguieron que la Conferencia Episcopal española reconociera 4 culturas: la castellana, la vascuence, la gallega y la catalana, confundiéndolo todo, lengua, etnia, cultura, y cometiendo el disparate antropológico de estipular por “decreto canónico” que estas eran las etnias genuinas de la España de entonces y, por tanto, de ahora. Pero así se escribe la historia.

En 1.964 se reunieron las dos secciones del Comité Español del CFLC.

Entre los representantes de la sección castellana cabe mencionar a Dionisio Ridruejo, Caro Baroja, Maravall o Aranguren. Por la catalana, Josep Benet, Castellet o, el futuro fundador del PSC, Joan Raventós, entre otros.

Como nos recordó el escritor Iván Vélez, en esta reunión salió a relucir el estado plurinacional, la secesión o el modelo federal, todo dentro de un marchamo europeísta. Y el futuro senador más votado en las elecciones de 1.977 por Entesa del Catalans, Josep Benet, habló de una Cataluña ocupada que sólo encontraría acomodo en un Estado plurinacional antes de la independencia. Benet definió con claridad las etapas que, a fecha, siguen constituyendo la agenda separatista.

Quizá lo más curioso fuera el planteamiento de Dionisio Ridruejo, a la sazón coautor de la letra del “Cara al sol”, al defender también la plurinacionalidad del Estado y la necesidad de una negociación política donde los intelectuales deberían ser imprescindibles al objeto de preparar el terreno ideológico propicio.

Todo esto en tiempo de Franco, con la Cía propiciando la disolución de los Estados-nación y auspiciando esta clase de reuniones ¿Habría sido la varita mágica de la Cía la responsable de que un miembro del PSUC, Benet, con fuertes convicciones católicas, hiciera propia la reivindicación de la burguesía catalana más rancia, y de su sorprendente coincidencia con el falangista Ridruejo?

El Comité Español de la CFLC volvería a reunirse en más ocasiones. En 1.966, volvió a hacerlo en la magnífica masía de Millet, fundador de Banca Catalana. En ella se incorporaron personas claves como Pujol, repitió Benet – ideólogo en la sombra-, Carulla y otros.

En ese año el Concilio Vaticano II ya había terminado y el diálogo cristianomarxista estaba en su apogeo, al igual que el marxistaliberal, cuyas consecuencias serían un pacto de repartos de influencia. Los liberales manejarían la economía y los marxistas la cultura. De este pacto de muy difícil calificación nacería ese tipo de personaje de difícil definición llamado pijoprogre;que llamándose progre no renuncia a lo pijo y viceversa.

El Congreso de Suresnes fue organizado de la A a la Z por la Cía. Desde la apuesta por el candidato González, a la elección del Canciller Brand como su tutor, con el consiguiente enfado de Mitterrand que lo consideraba suyo por estar enclavado en el Sur de Europa.

Así se fraguó la idea de una España federal. No fue buscando una solución óptima para ayudar al desarrollo de los españoles. Ni lo fue entonces, ni lo es ahora. Fue fruto de intereses geoestratégicos en donde España no era más que un peón de ajedrez.

Como demostración de que la contraposición entre la Europa de los Estados-nación y la de los pueblos o regiones no ha sido ni es una especulación gratuita, merece la pena repasar las últimas palabras de Jean-Claude Juncker el pasado 9 de Noviembre, al ser investido doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca.

“Sí a la Europa de las naciones. Sí a la Europa de las regiones. Pero no a la división de las categorías nacionales y regionales sobrepasadas desde la II Guerra Mundial”

Las afirmaciones de Juncker son el reconocimiento a una dialéctica muy presente en la construcción de la UE. Dialéctica controvertida y en absoluto superada, por más que en sus declaraciones busque tranquilizar enfatizando lo contrario. Puro lenguaje diplomático.

Toda federalización de un Estado constituido, como el español (utilizando las expresiones de Jiménez de Asúa y Fernando de los Ríos) sólo agravaría la dialéctica Estado-nación frente a pueblo/etnia-región, con un efecto disolvente sobre el primero, y la consiguiente pérdida de poder político de los ciudadanos; precisamente lo buscado por la Conferencia a Favor de la Libertad Cultural creada, financiada y férreamente controlada por la Cía.

Este es el más que probable escenario al que nos enfrentaremos los españoles después de la resaca de las elecciones catalanas del 21-D. Presentándonos la alternativa federal como la panacea. Y respaldándola con argumentos historicistas o de otro tipo. Por eso merece la pena recordar cómo se gestaron las ideas-tótem, federal y plurinacional, de las que nos hablarán hasta empacharnos.

Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz

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2 respuestas a LA CIA Y EL FEDERALISMO

  1. Vamos quién a estas alturas dude de que los EE.UU., la CIA, el MOSSAD el sionismo e Israel es el enemigo de las democracias occidentales es que aún no sabe donde vive y esta.
    Nuevamente los medios afines siguen empecinados en las injerencias rusas, no la negaré algo hay, lo mismo que los chinos pero quien se lleva la palma de ingerencias y derrocamiento de presidentes de gobiernos, sin duda es la CIA para muestra y precisamente no pasa por sospechoso es el NYT

  2. Mª Luisa dijo:

    Personalmente creo que al poder sionista globalizador le convienen dos fórmulas: o Estados Unidos de Europa o la Europa de las Etnias, improvisando en cada momento según corran los vientos. Desde luego lo que no admiten son los estados-nación fuertes y con personalidad histórica, esos son el enemigo a batir y lo están consiguiendo con el beneplácito de los idiotas de siempre.

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